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La extraña exhibición de Body Worlds

Hay ocasiones en que quienes asisten a una exposición de arte contemporáneo tienen muy difícil deslindar si están ante una obra que pueda ser más o menos provocadora pero de gran calidad artística o si se encuentran ante una burda operación de marketing...

el 15 sep 2009 / 22:16 h.

Hay ocasiones en que quienes asisten a una exposición de arte contemporáneo tienen muy difícil deslindar si están ante una obra que pueda ser más o menos provocadora pero de gran calidad artística o si se encuentran ante una burda operación de marketing que encuentra en la provocación el medio de promocionarse. La exposición Body Worlds. Un viaje por el corazón, que se exhibirá hasta el 5 de mayo en el Casino de la Exposición de Sevilla, genera estas dudas incluso entre quienes procuran tener su mente abierta a nuevas ideas. La muestra viene avalada por su éxito en las ciudades de Asia, América y Europa por las que ha pasado (ha sido visitada por 26 millones de personas), pero también arrastra una polémica que no es para nada gratuita, pues utiliza cadáveres humanos para las reflexiones científicas sobre la anatomía humana. No es cuestión de caer en falsas moralinas o de adoptar una visión que podría pasar por mojigata, pero aparte del dudoso gusto de utilizar restos humanos como reclamo para una exposición artística, no deja de ser chocante que a algunos de estos cadáveres se les haya puesto sobre su cabeza un sombrero de ala ancha o se les haya colocado en posición de bailar flamenco. Habrá quien considere que es una decisión audaz que entronca en el espíritu rupturista de la convencionalidad que marca el arte moderno o bien que constituye un guiño a Sevilla. Pero, del mismo modo, tampoco le faltaría la razón a quien considerase que semejante idea no busca más que un añadido de publicidad alimentado con una sarta de tópicos fuera de lugar. Los cuerpos utilizados forman parte de un programa de donación creado ex profeso para este tipo de exposiciones, y eso significa que quienes firmaron este programa sabían a qué se destinarían sus cuerpos cuando murieran, pero es difícil pensar que aceptasen un destino tan extraño como el que les depara una exposición tan surrealista como ésta: ataviados de flamencos en una especie de Bienvenido Mister Marshall en versión post-mortem.

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