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Cultura

«Mis personajes están bien y con ganas de seguir jodiendo»

Puede que la vida del chileno Luis Sepúlveda sea su mejor novela, pero como afirma que nunca escribirá sus memorias, va plasmando su experiencia en ficciones literarias. La lámpara de Aladino (Tusquets) recoge doce de ellas en forma de relatos. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 20:09 h.

Puede que la vida del chileno Luis Sepúlveda (Ovalle, 1949) sea su mejor novela, pero como afirma que nunca escribirá sus memorias, va plasmando su experiencia en ficciones literarias. La lámpara de Aladino (Tusquets) recoge doce de ellas en forma de relatos.

Vida, memoria y literatura son los vasos comunicantes por los que fluye la prosa de Sepúlveda, lo que permite que en esta colección de cuentos haya, por ejemplo, guiños a Mahfuz o Kavafis, homenajes a amigos personales e incluso resurrecciones de personajes de novelas suyas, todo ello entre lugares como Alejandría, Hamburgo o la Patagonia. "Cuando escribes relatos no sabes si acabarán formando un libro. Estos 12 los seleccioné de unos 60 escritos a lo largo de ocho años, y todos tienen el hilo conductor de hablar de la fortuna y sus paradojas", explica.

En estas páginas reviven dos personajes de Un viejo que leía novelas de amor, uno de sus títulos más exitosos. "Cuando llevas tiempo en el oficio te apetece hacer estas cosas, y yo tenía ganas de reencontrarme con el viejo y el dentista, saber que están bien de salud y de ánimo, y con ganas de seguir jodiendo [bromeando]".

Otra de las características de la escritura de Sepúlveda es un logrado equilibrio entre el tono oral de sus historias y la altura de su prosa. "Tengo un lector imaginario al que, antes de sentarme a escribir, necesito contarle una historia", comenta el chileno. "Pero un escritor es, en el fondo, la suma de sus lecturas".

Aunque vive afincado desde hace tiempo en Gijón, cabe preguntarse por qué Sepúlveda ambienta siempre sus historias en rincones más o menos remotos del planeta. ¿Lo interesante siempre sucede en lugares donde la vida no es tan fácil?. El escritor responde: "Hasta hace poco, que he empezado una novela que transcurre en Gijón, nunca había escrito nada que transcurriera en España. Admiro mucho a los colegas que tienen ojo para eso, como Juan Madrid, con sus personajes de Lavapiés que en realidad te están contando el universo, o los de Andreu Martín, Alicia Giménez-Bartlett o Fulgencio Argüelles. Quizá mi vida ha sido una manera de moverme, voluntaria o involuntariamente, por lugares extremos, una continua llamada de lo salvaje al estilo de Jack London, pero estoy convencido de que la vida es interesante en todas partes", dice.

Mientras prosigue la promoción de La lámpara de Aladino, Sepúlveda ya da vueltas en la cabeza a un nuevo proyecto, pero esta vez cinematográfico, un campo donde ha hecho interesantes incursiones como Nowhere. "Voy a hacer una especie de docuficción sobre Pablo Neruda, del que se sabe mucho y mal. Sus biógrafos lo presentan como un hombre patético, triste, sin gracia, atormentado. Yo lo conocí y tenía un sentido del humor extraordinario. Se fue al exilio, tardó un mes en llegar a Argentina, y en su periplo fundó academias de baile y clubes gastronómicos que aún existen", apostilla.

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