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Trabajar en cultura, ser minoría

La poesía es un arma cargada, y las palabras ejercen como balas calientes: la intención que las dispare reconforta unas veces, hiere otras. El sentido y el significado pueden modificarse según la intención de quien las pronuncie: el adjetivo subvencionado, por ejemplo, equivale a necesidad...

el 15 sep 2009 / 20:09 h.

La poesía es un arma cargada, y las palabras ejercen como balas calientes: la intención que las dispare reconforta unas veces, hiere otras. El sentido y el significado pueden modificarse según la intención de quien las pronuncie: el adjetivo subvencionado, por ejemplo, equivale a necesidad ?y lotería: la elección de un proyecto depende más de la buena o mala disposición de quien la otorga, que de su valía real? para multitud de pequeñas asociaciones, o de colectivos a cuyos miembros les sobran las ideas pero no les alcanza el presupuesto.

Sin embargo, en los últimos tiempos hay quien utiliza el calificativo como insulto, es decir: si tú, creador con tu sueldo quizá exiguo o con tus circunstancias, sean las que sean, pretendes optar a una ayuda pública para exponer o editar o simplemente trabajar en lo propio o difundir lo ajeno, y no en una oficina, te has vendido. Adiós independencia, adiós pureza como de agua de manantial: es una actitud respetable, por supuesto, pero aún más conservadora que esa contra la que arremeten. Sonará más siglo XIX de la cuenta pero, después de todo, ¿quién puede consagrarse al arte sin ingresos, sino los rentistas y herederos?

Aun así, merece la pena reflexionar en torno a la inversión de dinero público en cultura: pienso en la porción de tarta que saborean no tanto los museos, sino sus departamentos de difusión y pedagogía, los encargados en crear nuevos espectadores. O en el dinero invertido en publicaciones institucionales sin distribución -ni interés en muchos casos-, y que podría reconducirse a dotar a las bibliotecas de fondos y personal especializado no ya en catalogarlos, sino en la dinamización lectora. La Caja de Ahorros de Navarra propuso a sus clientes escoger a qué proyectos destinar los ceros de su obra social: y los clientes han escogido que no a cultura o deporte, como sus gestores pensaban, sino que lo que interesa es el medioambiente y la cuestión social. Somos minoría, sí; la cuestión consiste en si queremos seguir siéndolo.

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