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Los inmigrantes cuentan en África los horrores para llegar a Europa

Una Iglesia de Nigeria organiza actos para narrar allí el infierno de la travesía

20 oct 2016 / 21:32 h - Actualizado: 20 oct 2016 / 21:37 h.
  • Rescate en alta mar por la Guardia Costera Italiana, en agosto de este año. / El Correo
    Rescate en alta mar por la Guardia Costera Italiana, en agosto de este año. / El Correo

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que desde el comienzo de octubre de 2013 hasta el 4 de octubre de este año ha habido casi 11.000 personas desaparecidas o cuya muerte se ha confirmado en su fallida travesía hacia Europa.

Y mientras esto pasa en Europa, en África se extiende con el boca a boca la dura indiferencia con la que las autoridades dejarán morir en el Mediterráneo a quienes intenten llegar.

Así, en la capital de Nigeria, Lagos, la Iglesia de Todas Las Naciones da voz a los testimonios de quienes, tras llevar cabo este viaje arrepentidos, visitan la iglesia necesitados de apoyo financiero y psicológico.

El domingo un grupo de nigerianos procedentes de Libia compartió detalles abominables de las circunstancias inhumanas sufridas en sus viajes para entrar en Europa a través del Norte de África y el Mediterráneo.

Tracy Stephen, de 23 años y procedente del estado de Edo, Nigeria, lloró en nombre del grupo de 52 personas al recordar su tortura, los abusos y el agotamiento, el beber agua de un pozo con un cadáver dentro, llegar casi a ahogarse cuando se hallaba escondida en un camión cubierta con melones como camuflaje, y ser testigo de cómo eran violadas niñas a punta de pistola por sus traficantes.

Afortunada por estar viva, su intento de llegar a Italia resultó casi mortal cuando la embarcación sobrecargada de gente en la que navegaba se quedó sin combustible. «No había salvavidas y ninguno de nosotros sabía nadar». Añadió que había niños y bebés entre las 140 personas apiñadas abordo.

Rescatados finalmente por la Guardia Costera de Libia, se mostró conmocionada durante los tres meses anteriores a su repatriación a Nigeria, a través de la intervención de la Organización International para las Migraciones (OIM), que posteriormente suministró un vehículo para llevar a los deportados a esta Iglesia.

La narración de Stephen fue solo una de las numerosas historias perturbadora. Otra señora contó cómo sus dos niños tuvieron que beberse su orina para poder sobrevivir.


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