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Cuaresma 2022

Así nació el Lunes Santo (I)

Con motivo del centenario fundacional de esta jornada de la Semana Santa

07 mar 2022 / 06:36 h - Actualizado: 07 mar 2022 / 06:43 h.
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  • Así nació el Lunes Santo (I)

Abrimos una serie de artículos cada lunes de esta cuaresma, más de vísperas que nunca, con los que pretendemos acercar al cofrade de hoy cómo era la Semana Santa de hace un siglo y qué circunstancias rodearon, en 1923, la fundación del Lunes Santo como jornada de nuestra Semana de Pasión. Analizaremos una serie de aspectos que adquieren gran notoriedad y resultarán concluyentes para que dos hermandades, situadas en dos días relevantes de la Semana Santa (el Museo en el Viernes Santo Tarde y Las Aguas en el Domingo de Ramos) tomen la iniciativa, y pasen a conformar la nómina del primer Lunes Santo de la historia de nuestras Cofradías. Ambientemos en pequeñas pinceladas cómo era la Sevilla y sus cofradías de inicios de siglo.

Así nació el Lunes Santo (I)


Provinciana, con poco más de 150.000 habitantes. Muchos alcaldes que duran poco en el cargo, entre los que destacan el Conde de Halcón (conocido popularmente como “alcalde palanqueta”) y varios arzobispos en una época post Marcelo Spínola (fallece en 1906), hasta la llegada de Ilundáin en 1920. La construcción del Barrio de Santa Cuz tal y como lo conocemos hoy y la apertura de espacios en el casco histórico con derribo de edificios para la creación de nuevas calles, plazas y jardines, destacan en el urbanismo. El macroproyecto de la Exposición Iberoamericana y sus diferentes retrasos, desde 1909 hasta su celebración en 1929, genera una gran demanda de mano de obra de la que resultan llamados a la ciudad gentes de la provincia, e incluso de otras localidades andaluzas. Estos nuevos habitantes acaban viviendo e integrándose en la capital. Como siempre, las hermandades sevillanas no resultan ajenas a esta incorporación poblacional, e incluyen en sus censos a estos nuevos cofrades sin raigambre sevillana. Son también, de esta época, los incipientes movimientos fundacionales de algunas corporaciones de Gloria que acogen como Titulares a advocaciones, de diferentes localidades de Andalucía como la Virgen de la Cabeza de Andújar en 1931.

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En cuanto a las cofradías, se empieza a producir de manera paulatina, un aumento en el número de hermandades gracias a la reorganización de unas (La Hiniesta 1906, El Buen Fin y El Museo 1908, San Benito 1921, La Exaltación 1922 y Las Penas de San Vicente 1923), y la fundación de otras (San Roque 1902, Santa Cruz 1904, La “Bofetá” 1919 y La Candelaria 1922). El Ayuntamiento es quien subvenciona a las Cofradías y favorece la organización del orden de los cortejos procesionales que luego son ratificados en el Cabildo de Toma de Horas que se celebra en la Catedral.

Así nació el Lunes Santo (I)


El recorrido (carrera) oficial continuaba, después de la Catedral, por Placentines (parte estrecha), Francos (donde había sillas) hasta el Salvador desde donde cada Cofradía realizaba la vuelta a su templo. Por Argote de Molina (la cuesta del bacalao) no podían pasar los pasos dado que era intransitable desde Alemanes, como consecuencia de un pequeño arquillo que había y que fue derribado en 1911, quedando la calle como la conocemos hoy. De ese modo se abandonó la angostura de Placentines (muy pocas siguen pasando a día de hoy) y permitió que los pasos se agrandaran y fueran adquiriendo el tamaño que hoy conocemos. Variar el recorrido natural para pasar por la casa de algún benefactor era algo muy común. Desde 1918, se formaliza la carrera oficial con inicio en la Campana (antes el palquillo se colocaba en la confluencia de Cerrajería, Sierpes y Rioja) y finalización en la Catedral (acaba produciéndose en 1925).

Así nació el Lunes Santo (I)

Las cofradías, tradicionalmente, hacían todo lo posible por salir. Si llovía, realizaban su estación de penitencia otro día. El Lunes Santo (día en que no salían oficialmente los cortejos) sirvió muchas veces para que la Amargura (Domingo de Ramos) procesionara cuando la climatología se lo impedía. Tradicionalmente, al no existir la jornada del Sábado Santo (comenzó en 1956), la corporación que no procesionaba durante el Viernes Santo, no disponía de otra oportunidad. Esta práctica dejó de usarse conforme iba creciendo el número de hermandades en cada día y aumentando los participantes en los cortejos.

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La jornada del Viernes Santo la componían las mismas cofradías que en la actualidad, pero con El Museo, El Santo Entierro (no siempre salía) y la Soledad de San Lorenzo. Quiere decir esto, que se trataba de una jornada muy concurrida (10 Hermandades), aunque los cortejos y los ritmos de paso no tenían nada que ver con los que conocemos en la actualidad. Había muchos menos nazarenos y los pasos desfilaban portados por costaleros asalariados que reducían el lucimiento a puntuales momentos que eran “pagados” con incentivos en especies (tragos de vino, principalmente) y económicos.

Así nació el Lunes Santo (I)


Eran frecuentes las amenazas de huelgas de costaleros para mejorar las condiciones económicas de las cuadrillas. Y las propias Cofradías también utilizaban la huelga como forma de reivindicar mejoras en las subvenciones que percibían del ayuntamiento. Este es el motivo por el que existían los Cabildos de Salida, para corroborar que había economía suficiente para afrontar la estación de penitencia. En la actualidad, debido a las bonanzas monetarias, este momento de reunión se ha convertido en algo protocolario y de carácter informativo.

Las Juntas de Gobierno habían pasado de ser responsabilidad de 5 personas (Hermano Mayor, Mayordomo, Secretario, Fiscal y Prioste) a conformarlas un mayor número de hermanos. Además, aparecen una serie de nombres como cargos dentro del listado de la Junta de Gobierno cuya misión sólo se circunscribe al ámbito del día de la procesión como el Diputado de Insignia (había Cofradías con 30 Diputados de Insignia, todos considerados cargos dentro de la Junta de Gobierno y con participación en los Cabildos de Oficiales). De esta forma, se comprometía a un mayor número de personas durante la Estación de Penitencia y se incentivaba la participación en los cortejos procesionales.

A la vez, hay una Hermandad en estos años, que su agenda viene marcada por el interés municipal y forma un tándem bastante peculiar con el Ayuntamiento de la ciudad. Se trata de la Hermandad del Santo Entierro. La vinculación queda perfectamente explicada de manera pormenorizada en el libro “Historia de la Real Hermandad del Santo Entierro de Sevilla: Del Colegio de San Laureano al de San Gregorio de los Ingleses” que dedicó, con gran acierto, Don Pablo Alberto Mestre Navas a su cofradía y en el cual refería lo siguiente: “Las procesiones, en general, y la del Santo Entierro, en particular, eran un revulsivo social y económico para Sevilla, ya que no hay duda de que, cuando se verificaba la salida del Santo Entierro, el número de forasteros se veía notablemente incrementado en toda la ciudad”

En la esperanza de que esta primera entrega haya cubierto las expectativas creadas, dejamos, por hoy, esta serie de artículos dedicados al Centenario del Lunes Santo sevillano.


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