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Miércoles Santo

Devoción por encima de los horarios

Desde Nervión a San Bernardo, pasando por la calle Feria, el Miércoles Santo de 2023 se recordará por las numerosas visitas protocolarias, el incremento de los cortejos y la compleja reforma

06 abr 2023 / 07:31 h - Actualizado: 06 abr 2023 / 07:34 h.
"Cofradías","Miércoles Santo"
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El de los crucificados venidos desde distintos puntos de la ciudad, el del olivo bajo la luna, el de la Piedad Niña y las Tres Negaciones de San Pedro; así fue el Miércoles Santo en Sevilla, un día repleto de escenas de la Pasión y Muerte de Cristo cuya riqueza y simbolismo merecen cientos de artículos. La jornada arrancó donde viene haciéndolo desde finales de los años setenta, en el barrio de Nervión, con la salida de la Hermandad de la Sed. Poco antes de las doce y cuarto de la mañana, la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno comenzó a tocar la marcha que abría el cortejo por la calle Eduardo Dato, un total de 1750 nazarenos de negro y blanco expectantes por recorrer su barrio con destino a la Encarnación. En cuanto a los pasos, relucientes desde su parroquia de la Concepción, sorprendieron por varios motivos; en primer lugar el Cristo gubiado por Álvarez Duarte se presentaba sobre un monte de claveles rojos, una estampa clásica poco vista este 2023, mientras que la Virgen de Consolación vino exornada con una combinación de rosas en tonos palo, rosas de pitiminí e hypericum, luciendo en su candelería los nombres e intenciones de los hermanos que quisieron alumbrar su corazón con el consuelo de la Virgen. Sin duda un detalle precioso. Como hermosa fue la recuperación del barquito en manos de la Señora, el cual fue hallado en Mérida tras un desafortunado robo en 2020.

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Dos horas después, y con todo el barrio pletórico bajo un inmenso cielo azul, los hermanos de San Bernardo se echaron a la calle tras la visita de monseñor Saiz Meneses, que esta Semana Santa no se está perdiendo ni una. Como suele ser habitual, la cofradía se gustó en su recorrido por el viejo puente, por San José y Muñoz y Pabón, hasta alcanzar la Alfalfa. El Cristo de «la Salud y la Muerte», como lo llamó Enrique Henares, presentaba su tradicional exorno a base de claveles rojos salpicados de lirios —una estampa que nos retrotrajo a los años ochenta y noventa—, mientras que la Virgen del Refugio evocada por Joaquín Caro Romero («Va en un paso con trapío, / que reluce tan gallardo, / que es el clavel y no el nardo / quien con puntería artillera / mide la gracia torera / del barrio de San Bernardo») igualmente optó por la «flor del agua», pero en este caso de color blanco. Desde la plaza San Antonio de Padua, los hermanos del hábito franciscano iniciaron su periplo hacia la Campana mucho antes de su hora habitual por eso de la reforma de la jornada, lo cual permitió observar con más luz la nueva invención de los priostes del Buen Fin: un jardín de flores moradas que otorgaba mayor protagonismo al Cristo —pese al esmero de la propuesta, hubo división de opiniones—. Por su parte, la Virgen de la Palma nos permitió viajar a la Sevilla del quinientos con su inefable rostro transido por la pena que refulgió de manera especial gracias a la saya de Manuel Jesús Corral y al recuerdo al cardenal Amigo, presente en la delantera del palio a través de su báculo terciado —maravilloso el transitar de la dolorosa por Marqués de Mena mientras sonaba ‘Virgen de la Paz’—.

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Cantó el gallo en Omnium Sanctorum a la hora acostumbrada —las tres de la tarde—, dando inicio a una jornada memorable para los hermanos del Carmen, quienes volvieron a cruzarse con los «Hércules de la Alameda», a quienes trovara El Pali. A esas horas Sevilla registraba una temperatura superior a los veinticinco grados, lo que no impidió que los hermanos Gallego narrasen parábolas a los mandos del misterio. Tras este, la Stella Maris tallada por Berlanga cuyo palio fue admirado por el alcalde Antonio Muñoz y el candidato del Partido Popular José Luis Sanz en una mañana colmada de visitas protocolarias —por la iglesia mudéjar también se dejaron ver la consejera de Fomento y representantes de la Autoridad Portuaria y la Comandancia Naval de la ciudad—. También muy concurrido estuvo el entorno del Baratillo desde horas antes de la salida. Este Miércoles Santo, los hermanos repetían con orgullo especial el anuncio de la coronación de su Virgen de la Piedad para el año 2024. Alegre y bulliciosa, como reza en su ADN, la cofradía torera se echó a la calle poco antes de las seis de la tarde, con el Arenal luciendo el cartel de ‘no hay billetes’ cual corrida del Domingo de Resurrección. La figura de Otto Moeckel von Fries volvió a estar presente a través de su hijo, el ex hermano mayor Joaquín Moeckel Gil, cuyo impulso resultó fundamental para la salida de las hermanas nazarenas a principios del siglo XXI —este año el cortejo alcanzó los 1800 integrantes—. Hipnóticos, los dos pasos baratilleros se lucieron durante todo el recorrido, destacando su tránsito por la Avenida de la Constitución, donde cada año son esperados con ilusión por los cientos de abonados.

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Cual sinfonía romántica, la plaza de San Martín asistió un año más a la puesta de largo de la Lanzada, cuyos pasos transitan impartiendo lecciones a creyentes y profanos. Este 2023, el Longinos del misterio atravesaba el costado de Cristo completamente restaurado, mientras que la dolorosa del Buen Fin —excelsas sus rosas blancas— estrenaba el sobretecho del palio, ambos detalles insignificantes en comparación con el cortejo imperial de 675 nazarenos acompañados de las bandas de las Tres Caídas y Las Cigarreras. Mediada la tarde, y cuando el cielo buscaba emparentarse con las pinturas de Sorolla, el gremio de los Panaderos inició su día grande con la salida de la capilla de San Andrés. Ajenos a las polémicas que han salpicado la vida de hermandad durante el pasado invierno, los hombres de Juanma Martin confirmaron por qué el del Prendimiento es uno de los misterios más esperados del día y de toda la Semana Santa; pinturero en su caminar, ni el auténtico huerto de Getsemaní conservado en Tierra Santa nos permite sumergirnos de manera tan vívida en este episodio crucial de la Pasión de Cristo. Este Miércoles Santo, el conjunto diseñado por Castillo Lastrucci fue admirado por la consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional así como por los representantes del Ateneo de Sevilla, cuya gentileza hacia la corporación —cediéndoles sus instalaciones para que formen los nazarenos—, es digna de elogio. De la Virgen de Regla destacamos las rosas color champán, el detalle de las espigas y su paso por el Círculo Mercantil a los sones de ‘Triana de Esperanza’.

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En la plaza de San Vicente, Jesús pronunció sus Siete Palabras a través de los labios gubiados por Felipe Martínez, curiosamente el mismo año que Ruiz Gijón le dio vida al Cachorro. Maestría en la escultura que vino acompañada por un cortejo de nazarenos cuyas túnicas y número de integrantes —apenas 450— evocaron tiempos pasados. Acertadísimo el quinteto de metales de Virgen de los Reyes tras el Señor de la Misericordia, lo mismo que el repertorio del Carmen de Villalba acompañando a la Virgen de la Cabeza. Tras esta, la cruz de guía del Cristo de Burgos comenzó a escribir las últimas páginas de un fulgente Miércoles Santo cuya reforma ha costado más de un disgusto, y al que el retraso de 15 minutos en la Campana dejó algunos interrogantes en el aire. Eso sí, la unción del crucificado de Vázquez el Viejo, así como la oda al dolor que es la Virgen de Gutiérrez Reyes Cano —hermosísimos en su transitar desde la antaño plaza de San Pedro— deberían servirnos para reflexionar sobre una jornada cuyos horarios nunca deberían estar por encima de la devoción.

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