La lluvia destroza el Lunes Santo del centenario

La jornada arrancó incierta en la Parroquia de San Ignacio de Loyola con la salida de San Pablo, para más tarde continuar en el Tiro de Línea, el Barrio León y el Santuario de los Gitanos. Pero, conforme pasaron las horas, la borrasca ‘Evelyn’ se volvió más agresiva, dando al traste con las ilusiones de miles de cofrades

12 abr 2022 / 02:41 h - Actualizado: 12 abr 2022 / 02:46 h.
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Todos teníamos ganas de Lunes Santo, pero no a cualquier precio. Y es que lo vivido en la tarde-noche de ayer dista mucho de ser la estampa soñada durante la larga travesía por el desierto. Qué duda cabe que el 11 de abril se presentaba incierto, pero no hasta el punto de provocar las escenas que se vivieron a partir de las cinco de la tarde, cuando, al modo lorquiano (por lo trágico), la lluvia hizo acto de presencia en la ciudad de Sevilla para arruinar el centenario de la creación de la jornada. Hasta ese momento, las retinas y los corazones de las cientos de personas que habían presenciado las salidas de San Pablo, Santa Genoveva, El Beso de Judas y San Gonzalo, se hallaban colmadas de dicha; algo que se expandió merced a los medios de comunicación y las redes sociales, y que, para sorpresa de muchos, comenzó a dibujar un Lunes Santo plomizo en lo meteorológico pero esplendente en lo anímico.

Y lo cierto es que en las primeras horas, el pulso que las cofradías le echaron a las isobaras se saldó con victoria; algo que, sin embargo, comenzaría a torcerse al filo de las cinco. El primer aviso llegó desde Mairena del Aljarafe, donde una llovizna persistente comenzó a avanzar hacia la capital, mandando un serio aviso a las cuatro corporaciones que, en esos momentos, se hallaban en puntos tan dispares como Triana, el Arenal, la Avenida de la Constitución o la Plaza del Duque. Dicha lluvia, débil al principio, provocó que se abriesen los primeros paraguas en la Carrera Oficial, por donde discurría la hermandad del Polígono de San Pablo. Más atrás, el misterio del Beso de Judas avanzaba en busca de la Campana, mientras que el Cautivo del Tiro de Línea ponía rumbo al Ayuntamiento con idea de refugiarse en el Arquillo. Por su parte, el primer paso de San Gonzalo se hallaba en la Capilla de la Estrella, mientras que la Virgen de la Salud acababa de alcanzar la Avenida de Coria. En cuestión de minutos, la situación empeoró, moviendo a los hermanos de Santa Genoveva a colocarle un capote al Cristo tallado por Paz Vélez —la Virgen de las Mercedes se detuvo bajo el Arco del Postigo—, a los de San Pablo a acelerar el paso para buscar el abrigo de la Catedral, y a los de la Redención y San Gonzalo a «resistir» el chaparrón hasta que San Pedro considerase oportuno.

Una falsa tregua

Llegadas las cinco y veinte, el cielo parecía concederle una tregua al Lunes del centenario, de ahí que los sevillanos se ilusionasen con la posibilidad de ver nuevas cofradías en la calle. No obstante, al tiempo que la junta de gobierno de las Aguas sopesaba la posibilidad de realizar su estación de penitencia, un nuevo frente comenzaba a aproximarse al centro de Sevilla, mojando una vez más al larguísimo cortejo de San Gonzalo —por entonces abarcaba desde el puente de Triana al hospital Quirón Infanta Luisa—, haciendo lo propio con los nazarenos de la Redención y el Cautivo —estos recorrían la Carrera Oficial y el corazón del Arenal, respectivamente—, y obligando a los del Polígono a no mover ficha en la Catedral.

Pese a todo, pasadas las seis de la tarde, la hermandad de Santa Marta publicó en su cuenta de Twitter que pondría su Cruz de Guía en la plaza de San Andrés, noticia que sorprendió a propios y extraños en los aledaños de la capilla de Rosario —este año, la cofradía de las Aguas tuvo que formar en el Hospital de la Caridad al hallarse las Atarazanas en obras—. Tuit que, una hora más tarde, y con la situación cada vez más complicada, sería rectificado por la propia corporación, privándonos de contemplar el bellísimo misterio del Traslado de Jesús al Sepulcro. Por el contrario, apenas unos minutos después, la junta de gobierno de las Aguas anunciaba la salida de la cofradía tras haberle sido concedida media hora de prórroga por parte del Consejo. Eran las 19:15 horas, y el Lunes Santo de 2022 volvía a escribir una nueva página.

Nuevas decisiones

A esas alturas, el manto de la Virgen de las Mercedes ya había sido cubierto con capas negras de sus propios nazarenos, la Redención había decidido regresar al Santuario de los Gitanos tras permanecer un tiempo en la Catedral, y San Gonzalo avanzaba hacia Sierpes ante la estupefacción del público —concretamente, a las siete y veinte, el misterio del Soberano Poder había atravesado la Campana a los sones de las Cigarreras, mientras el palio de la Salud buscaba la calle Rioja a pasó de mudá—. Por su parte, los hermanos de San Pablo miraban al cielo desde la Plaza Virgen de los Reyes.

A eso de las ocho, la hermandad de Veracruz abría las puertas de su capilla para realizar su estación con el Lignum Crucis —es decir, sin ninguno de sus pasos, pero con una reliquia que vale tanto como sus Titulares—, el Beso de Judas avanzaba de regreso y San Gonzalo abarcaba toda la Carrera Oficial con el cortejo completamente empapado —el aspecto del manto de la Virgen era desolador—. Mientras, las juntas de Santa Genoveva y San Pablo se reunían para tomar una decisión, sin saber que lo peor aún estaba por llegar...

Se desata el caos

Cuando pasadas las nueve de la noche, la Virgen de Guadalupe enfilaba la calle Castelar tras brillar a su paso por Arfe, una nueva llovizna comenzó a intranquilizar a los cofrades ávidos de Lunes Santo. Apenas unos minutos después, dichas gotas se convirtieron en chaparrón, y seguidamente en diluvio, y a partir de entonces, comenzó a desatarse el caos. Mientras la cofradía de las Aguas buscaba desesperada la parroquia de la Magdalena —la travesía por Molviedro dejó escenas dantescas, con parte del público buscando refugio en los portales y otro tanto en el pasaje Cristóbal Morales—, la Redención hacía lo propio en la Colegial del Salvador. Asimismo, la Salud de San Gonzalo acariciaba la puerta de San Miguel con su blanco cortejo chorreando, y Veracruz se volvía a su capilla al tiempo que las Penas anunciaba que no salía —la junta del Museo haría pública su cancelación poco después—.

Una vez calmada la furia de ‘Evelyn’ —el nombre de la borrasca tardará años en olvidarse—, y cuando el reloj daba las diez en punto de la noche, el Lunes Santo dio inicio a su último acto; en este caso, con el retorno de la hermandad de Santa Genoveva a su barrio del Tiro de Línea a través de una Puerta de Palos semidesierta; de San Gonzalo al Barrio León por otra puerta cariacontecida —la del Nacimiento o San Miguel—; y de las Aguas al Arenal desde la Parroquia de la Magdalena —San Pablo tomó la decisión de permanecer en el Templo Metropolitano y el Beso de Judas en el Salvador—. Retornos que, en el caso de las corporaciones que venían desde más lejos, se prolongaron hasta bien entrada la madrugada, como quedó reflejado en la excelente retransmisión de La Recogía.


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