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Cuaresma 2023

La Macarena restaura una saya de Ignacio Sánchez Mejías

Los trabajos han sido realizados por el bordador José Antonio Grande de León que ha rescatado esta pieza realizada con un traje de luces del legendario diestro sevillano

13 mar 2023 / 10:39 h - Actualizado: 13 mar 2023 / 11:12 h.
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  • Grande de Léon y Fernández Cabrero descubren la saya recuperada. Fotos: Edu Marín
    Grande de Léon y Fernández Cabrero descubren la saya recuperada. Fotos: Edu Marín

La Hermandad de la Macarena mantiene intacto su compromiso con la conservación de su vastísimo patrimonio devocional. Este mismo domingo, al término del septenario doloroso celebrado en honor de la Virgen de la Esperanza se ha presentado la restauración de la saya realizada con bordados procedentes de un traje de luces del diestro sevillano Ignacio Sánchez Mejías, uno de los toreros –dentro de una larguísima lista- más vinculados con la corporación de San Gil.

Los trabajos de restauración han sido realizados en el taller del bordador José Antonio Grande de Léon que fue el encargado de descubrir el resultado en unión del hermano mayor de la cofradía de la Madrugada, José Antonio Fernández Cabrero. Se trata de una pieza, profusamente recamada de oro, que mantiene la impronta de los motivos vegetales que imperaban en la artesanía del bordado torero en las primeras décadas del siglo XX.

Los talleres y sastrerías de la época no fueron ajenos al ‘tsunami’ regionalista que sublimó los oficios artísticos llevándolos a su máxima expresión. En la pieza, que usa como base una seda azul, se pueden adivinar perfectamente las dos perneras del traje de luces de Sánchez Mejías así como las delanteras y las espaldillas de la chaquetilla, bordadas íntegramente al prescindir de los golpes de alamares, una moda que se impuso en la ropa de torear en la década de los años 20, justo después de la trágica muerte de Joselito El Gallo. En la técnica de realización destaca el empleo de la lentejuela, el cordoncillo y los característicos canutillos de oro que dan carácter a la ropa de torear.

La Macarena restaura una saya de Ignacio Sánchez Mejías
La pieza, delante del altar del septenario de la Virgen de la Esperanza. Foto: Edu Marín

Vinculación macarena

Ignacio Sánchez Mejías era cuñado de Joselito, torero comprometido con la Hermandad de la Macarena hasta el punto de influir trascendentalmente en su modelo iconográfico: desde su participación decidida para sufragar la fastuosa corona de oro hasta el regalo de las míticas mariquillas de cristal verde que forman parte inseparable de su atavío junto con la pluma de Pabón que rubrica ese fervor. Ignacio, de una u otra manera, siguió esa estela en la vinculación con la cofradía a la que llegó a servir como crucero en la Madrugada. Como José, también encontraría una trágica muerte en las astas de un toro después de reaparecer, avejentado y lejos de sus antiguas facultades, en la temporada de 1934 junto a su cuñado Rafael El Gallo y el mismísimo Juan Belmonte cerrando de un portazo –en la vertiente taurina- la Edad de Plata. Aquel fecundo periodo –regado con la sangre de numerosos toreros- se había iniciado el año 1920 en la enfermería de Talavera de la Reina, simbolizado en la elegía fotográfica del propio Ignacio sosteniendo la cabeza yerta de José. Todo iba a terminar el 11 de agosto de 1934 en el traslado agónico desde Manzanares a Madrid, remontando la carretera polvorienta de Andalucía mientras la gangrena trepaba por los muslos del torero.

La Macarena restaura una saya de Ignacio Sánchez Mejías
Ignacio Sánchez Mejías sostiene la cabeza de Joselito muerto en la enfermería de Talavera.

Se estaba sentenciando toda una época mientras las medias rosas de Ignacio Sánchez Mejías se empapaban en su sangre derramada. En medio de aquellas dos muertes se dibuja la propia trayectoria del polifacético matador, una figura imprescindible sin la que no se pueden entender la efervescencia artística y cultural de la década fundamental de los años 20. Menos de dos días después de aquel viaje terrible llegaba el fin irremediable de aquel «andaluz tan claro, tan rico de aventura», tal y como escribió su íntimo amigo Federico García Lorca en la que es la elegía literaria más bella y desgarradora del idioma castellano.

Manolo Caracol llegó a colocar crespones de luto en las columnas de la Alameda antes de que el cuerpo de Ignacio –trasladado a Sevilla– fuera sepultado en el panteón de Joselito, bajo el mausoleo modelado por Benlliure, que también había retratado a Ignacio portando el ataúd del rey de los toreros al que había sostenido la cabeza muerta en Talavera.