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Lunes festivo en Torreblanca

Muchos negocios cuelgan el cartel de ‘cerrado por Viacrucis’ mientras que el barrio acelera su rutina entre días libres o salida antes de clase para acompañar al Cautivo

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
19 feb 2018 / 19:47 h - Actualizado: 20 feb 2018 / 08:29 h.
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  •  Fue la imagen más repetida. A las dos de la tarde más de un negocio echó la persiana para ir al centro y disfrutar de una tarde que muchos contarán a sus hijos y nietos. / Fotos: El Correo y José Antonio Moreno.
    Fue la imagen más repetida. A las dos de la tarde más de un negocio echó la persiana para ir al centro y disfrutar de una tarde que muchos contarán a sus hijos y nietos. / Fotos: El Correo y José Antonio Moreno.
  •  Lunes festivo en Torreblanca
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Torreblanca es un barrio de categoría. Siempre con los suyos. A las duras y a las maduras. Lo resumía muy bien José Carlos, de Pinturas Torreblanca: «Aquí solo se cierran los negocios cuando hay alguna protesta o en festivos». Ayer fue por lo segundo. Pese a ser laborable, el lunes estuvo marcado en rojo en el calendario de vecinos y comerciantes que antepusieron la devoción a la obligación para arropar a su Cautivo en un Viacrucis que será recordado en el barrio por más años que pasen.

En la frutería de Fermín, en la calle Torrelaguna, había prisas desde el mediodía, justo cuando llegaban las clientas habituales: «Charo, Pili... venían todas muy arregladas de las peluquerías de Mayte y de Amparito. Querían comprar rápido para hacer de comer e irse pronto al centro», explicaba su dueño mientras que en el local de al lado, Dina, recogía los cubos de aceitunas con celeridad a las dos de la tarde. «Es la devoción del barrio. No va a quedar nadie. Además, así aprovecho y voy con mi hijo de doce años y nos tomamos un helado». Al echar la persiana, como otros negocios de la calle, colocaba orgullosa el aviso de cerrado por Viacrucis. En la librería Mary además se hacía bajo el cartel del Viacrucis.

Un poco más abajo, en dirección al canal, había carrileo en las puertas de las casas. «No hay sosiego para nada. Ha salido en el telediario y dice que va a ir mucha gente. Yo me llevo mi catre y una botella de agua», advertía Concha con otra vecina con la que se citaba a las tres y media en la parada del 29. A esa misma hora también había quedado Capi con sus amigas. Ella trabaja en la cocina del Mesón La Fuente que cerró «tras dar de comer a los maestros del colegio». Su hijo y dueño, Raúl, daba las razones tras la barra: «Cerramos porque queremos ir todos. Es una forma de demostrar a Sevilla que Torreblanca también se lo merece». En otros bares, como Dos de Oro y el As de Oro, varios empleados cambiaron su día de descanso para hacerlo coincidir con este lunes. Otros torreblanqueños, como Luis, pidieron con tiempo el día libre en su empresa de transportes para que no le pillara «a miles de kilómetros».

Los más jóvenes también secundaban esta fiesta local. «He salido una hora antes de clase para comer y vestirme», decía Marisa, de 18 años, mientras se dirigía a «la parada de la carretera» donde esperaba a su amiga Nerea. Poco a poco el barrio desembarcaba en Santa Marina para dar una lección de fe desde la humildad.


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