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Un edén para los santos

Jesús Luengo Mena y Juan Pedro Recio Lamata, dos de los mejores investigadores de la ciudad, se adentran en el santoral presente en las corporaciones penitenciales y letíficas con «El culto a los santos en las hermandades de Sevilla», una obra publicada por la editorial Renacimiento que llega a las librerías coincidiendo con la primavera

29 mar 2022 / 07:00 h - Actualizado: 29 mar 2022 / 07:02 h.
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Ni san Francisco Javier, ni santa Bárbara, ni san Bernardo Abad procesionan entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, sin embargo poseen su edén en Sevilla gracias a las hermandades. A esta lista se suman san Lucas Evangelista, san Ramón Nonato o santa Genoveva, nombres a los que los sevillanos elevan sus oraciones en la intimidad de los templos, al tiempo que veneran a los titulares de las cofradías que los acogen. Pues, ¿qué sería de muchos mártires y virtuosos del santoral si no hubiesen entrado a formar parte de la larga nómina de hermandades de la ciudad? Seguramente estarían olvidados por muchos e ignorados por la mayoría.

Gracias a la inmensa labor realizada por Jesús Luengo Mena y Juan Pedro Recio Lamata, dos de los mejores investigadores de nuestra ciudad, estos héroes de la Iglesia Católica vuelven a resurgir con fuerza en El culto a los santos en las hermandades de Sevilla, una obra publicada por la Editorial Renacimiento dentro de su colección Cruz de Guía – Espuela de Plata, que tras ser presentada en la capilla de Santa María de Jesús el pasado 21 de marzo, llega a las librerías coincidiendo con la primavera.

Vidas ejemplares

El trabajo, editado con el rigor al que nos tiene acostumbrados el sello sevillano, cuenta con 383 páginas, de las cuales las cincuenta primeras son una extraordinaria lección sobre las diversas clases de culto, el título de los santos o la veneración a las imágenes y reliquias. Ahí podemos encontrar curiosidades como la importancia que la Iglesia concede a los seres espirituales denominados «ángeles», explicaciones sobre el proceso de la canonización, o citas extraídas del Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia referidas a las pinturas, las esculturas, los bajorrelieves u otras representaciones de los hombres y mujeres que forman parte del calendario cristiano merced a sus vidas ejemplares.

Un edén para los santos

Posteriormente la obra, que contiene un buen número de fotografías y va prologada por el historiador Joaquín de la Peña Fernández, se interna en el universo de las hermandades de penitencia, especificándose que son aquellas «sin fusionar o fusionadas con hermandades de gloria y/o sacramentales» y comenzando por las vísperas. De este modo, Jesús Luengo y Juan Pedro Recio enumeran a los santos presentes en corporaciones como Pino Montano, donde san Marcos preside el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de Nazaret; La Corona, que no cuenta entre sus titulares con ningún santo pero sí venera una reliquia de San Clemente cedida por la orden de caballeros homónima; o Torreblanca, que rinde culto a san Antonio de Padua por ser el titular de la parroquia donde reside la cofradía. Más adelante, los autores dedican un buen número de páginas al resto de días de la Semana Santa, sobresaliendo, por su singularidad, el culto a san Juan de Ribera en la hermandad de San Esteban, el de santa Catalina de Alejandría y san Sebastián en La Exaltación, o el del beato Ceferino Jiménez Malla «El Pele» en Los Gitanos.

De la beata Ana María de Javouhey a san Onofre

A partir de la página 193, Luengo y Recio abordan las hermandades de Gloria «sin fusionar con las hermandades de penitencia», y ponen de relieve el culto a san Manuel González García, feligrés que fue bautizado en 1877 en San Bartolomé, como titular de la corporación de La Alegría; a san Juan XXIII en la hermandad sacramental de La Anunciación, sita en la barriada dedicada al mencionado papa; o a san Pedro Nolasco y san Fernando en la de las Mercedes de la Puerta Real.

Por si fuera poco, El culto a los santos en las hermandades de Sevilla se adentra en la devoción a la Virgen del Rocío —dedicando varias páginas a cuantas corporaciones rocieras se ubican en Sevilla y los santos presentes en ellas—, y menciona a las hermandades sacramentales puras «sin fusionar con otras hermandades de penitencia y/o de gloria». Aunque si hemos de destacar un apartado, este es sin duda el dedicado a los santos que aparecen como titulares en algunas hermandades, algunos poco conocidos, como la beata Ana María de Javouhey, san Juan Bautista de la Salle, san Martín de Tours o san Onofre, de quienes los autores nos ofrecen un perfil biográfico conciso pero sumamente ilustrativo. Para rematar la obra, los autores del libro incluyen una jugosa miscelánea donde se menciona al santo «más repetido en las hermandades», un epílogo dedicado al nomenclátor y una interesante bibliografía.


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