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Romería del Rocío 2019

Un Lunes de Pentecostés para la historia

La Blanca Paloma protagoniza una procesión multitudinaria y con estampas inéditas en la romería del Centenario de su Coronación

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
10 jun 2019 / 13:35 h - Actualizado: 10 jun 2019 / 20:56 h.
  • Un Lunes de Pentecostés para la historia
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  • Un Lunes de Pentecostés para la historia
  • La Virgen del Rocío en su saludo esta mañana al Simpecado de Gines. Foto: Alberto Calero.
    La Virgen del Rocío en su saludo esta mañana al Simpecado de Gines. Foto: Alberto Calero.

Una procesión para la historia. Luminosa y vibrante de principio a fin. Infinita como el Rocío, pozo de amor que renueva la fe y la devoción de todos los peregrinos y devotos de la Virgen cada Lunes de Pentecostés. Por más generaciones que pasen y más diversa que sea su procedencia. Es lo que se ha vivido desde esta madrugada en la aldea almonteña en torno a la Blanca Paloma. La Virgen del Rocío ha protagonizado un vuelo memorable, emotivo y modélico –con muchas menos caídas del paso en las arenas- en esta romería extraordinaria del Centenario de su Coronación Canónica, la apertura del Año Santo Mariano y preludio de la Venida a Almonte el próximo agosto. Después de una noche de nervios y repelucos (con temperaturas más frescas), el alba ha dado paso a una mañana radiante que ha vestido de sol a esta devoción universal, que está más viva que nunca. Han sido casi diez horas de vítores, palmas, vuelos de niños, capellanes a los hombros y salves de gracias para las miles y miles de personas que han visto cumplido el sueño de reencontrarse con la Patrona de Almonte y ser bendecidos por el Rocío de su mirada. “Tiempo detente..”, como canta esa sevillana. Hoy como hace cien años, los rocieros han vuelto a coronar de amor a la Virgen como Reina y Madre de Andalucía.

Este año sí, Almonte supo esperar. Reinó la calma y se guardaron los tiempos. A las 2.48 horas, unos 14 minutos después que el año pasado (2.34 horas) se cumplía la tradición: los primeros hombres saltaban la reja cuando el rosario de las hermandades había concluido y el Simpecado de la hermandad Matriz de Almonte asomaba por la concha peregrina del santuario, lugar donde confluyen todos los caminos rocieros. Imposible hacer un pasillo en el interior de la ermita. El hermano mayor almonteño, José Manuel Medina, portaba la insignia y avanzaba como podía hasta el presbiterio mientras que un par de hombres ya se había encaramado sobre la peana para anudar lazos negros por los ausentes en los varales del paso. Un gesto que se ha multiplicado en los últimos años y se ha hecho casi costumbre en los instantes previos al inicio de la procesión.

La Virgen del Rocío comenzaba a moverse desde su altar y discurría por el interior de la ermita de una forma limpia y sorprendentemente serena, sin llegar a escorarse ni a posarse en el suelo como en otras ocasiones. En cuestión de minutos, a las 2.55 horas, asomaba a una explanada abarrotada de público –hay quien apuntaba que con mucha más gente que otros años-, mientras que los teléfonos móviles se alzaban para captar la imagen de la Reina de las Marismas. Este año especialmente radiante, con su nuevo traje y manto bordados por Fernando Calderón y donados por la ciudad de Jerez de la Frontera (conocido como el terno del Centenario de la Coronación). Como se recuperó en la salida extraordinaria del pasado septiembre, lucía las bambalinas, estas nuevas y con la siguiente leyenda interior: La Virgen del Rocío no es obra humana. Primer Centenario de Coronación Canónica. 8 de junio de 2019. Las caídas otorgaban al paso una gracia añadida que rememoraba otros tiempos.

Sólo un minuto después de haber salido de la ermita, el paso de la Blanca Paloma se posaba por primera vez en las arenas. Sin embargo, los almonteños tardaron apenas un instante en volverlo a subir, sobreponiéndose así a la presión del gentío que rodea al paso pese a las mejoras que la hermandad Matriz de Almonte ha ido introduciendo en los últimos años. “Este año se han incorporado en la base unas nuevas agarraderas para proporcionar nuevas superficies de sujeción y evitar así que se toque más de lo debido los varales”, explicaba Santiago Padilla, almonteño y miembro de la Junta de la Hermandad Matriz, poco antes de que comenzara la procesión y se desbordaran las emociones.

Más cerca de la marisma

Con el repicar frenético de las campanas y las palmas del gentío que se agolpaba en las inmediaciones del santuario, la Virgen se aproximó mucho más que otros años hasta la marisma, conocidas como “la madre” por el pueblo almonteño. Fueron los instantes previos para empezar con la visita a las 124 hermandades filiales. Este año con tres nuevas citas: Baeza, Sabadell y Garrucha. La primera parada fue al Simpecado de Huévar del Aljarafe, desde donde se enlazó con el saludo al Simpecado rojo de la Primera y Más Antigua Hermandad. Salves y pétalos manriqueños agasajaban a la Madre de los rocieros, que portaba la nueva corona de oro, cincelada en el taller sevillano de los Hermanos Delgado y ofrendada por todas las hermandades filiales mientras que Almonte había regalado la presea del Pastorcito Divino.

Pilas, Coria del Río... la noche avanzaba por la memoria de los sentimientos mientras que el fervor se disparaba al alcanzar la plaza del Acebuchal. Allí miles de devotos llamaban con palmas y gestos para que acercaran el paso a los Simpecados señeros de La Puebla del Río y Umbrete. Hermanos de cordones gastados y vivencias familiares que rompieron en llanto al tener tan cerca a la Blanca Paloma. “Es el momento más bonito del Rocío. Cuando la Virgen nos visita y nos bendice a todos. Todo el pueblo está aquí: los que hemos venido, los que no han podido y también los que siempre nos sonríen desde el cielo”, confiesa Carmen, una rociera de esas que siempre va andando junto al cajón de su pueblo.

Primeras luces con Triana

En el último compás de la madrugada y con el alba llamando a las puertas de la aldea, la Virgen pasaba por delante de la hermandad de Triana. Emoción a flor de piel mientras todas las miradas buscaban el rostro sonrosado de la Patrona de Almonte. El arrabal rezaba desde lo más profundo del corazón y se rendía ante Ella. Las luces del rótulo comenzaban a perder fuerza en una inminente amanecida que aguardaba la esperada visita a la casa de las camaristas.

‘Salud de los enfermos’

Sevilla, Gines... La mañana discurría bajo su manto y iba desgranando más momentos emotivos. Ocurría en la plaza de Doñana. La Virgen dejaba por unos instantes el saludo a las hermandades para bendecir a los enfermos. Así, los almonteños acercaron el paso a uno de los comercios de la aldea para llevársela a una señora impedida. Poco después hicieron lo mismo con otro hombre. La marea humana se calmaba y sobre ella se elevaba un señor en silla de ruedas. Los almonteños llevaron su mano hasta que tocara el primero de los varales. Segundos que se hicieron eternos y que este hombre recordará para siempre. Nunca deja de sorprendernos: Rocío, salud de los enfermos. Era la estampa que mejor condensaba la verdad de la romería pese a que, como dice la sevillana, “hay quien diga que mentira y vanidad”.

Minutos después del ángelus la Virgen del Rocío completaba la calle Moguer y saludaba al Simpecado del pueblo natal de Juan Ramón Jiménez. El mar de fe y devoción continuaba llegando hasta las andas, donde comenzaba a notarse las horas de procesión y el cansancio por el calor de la mañana. Para coger fuerzas nada mejor que el cariño de su pueblo. Frente por frente a la casa de hermandad de Almonte, el grupo Requiebros animaba animaba por sevillanas: “...para que todo el mundo se entere, como los almonteños, Paloma, no hay quien te lleve”. El estribillo es coreado por todos mientras que de los balcones laterales de la emita las almonteñas lanzan flores a la Virgen. La procesión está a punto de terminar. A las 12.30 horas la Blanca Paloma alcanzaba el dintel de la ermita tras más de nueve horas de procesión multitudinaria y de estampas inéditas. En apenas unos minutos, alcanzaba el presbiterio y quedaba posada de nuevo en su altar. El reloj marca las 12.38 horas. Caras de cansancio y también de satisfacción por el deber cumplido. Aplausos de emoción sacuden el santuario. Es un final dulce porque esta vez la espera será corta. No habrá que esperar a un nuevo Pentecostés. En poco más de dos meses volverá a salir. Entonces se presentará vestida de Pastora para emprender el camino hasta Almonte. Su pueblo y los rocieros aguardan esta nueva Venida de la Virgen. Comienza la cuenta atrás para el próximo 19 de agosto.


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