Facebook Twitter WhatsApp Linkedin
Actualizado: 15 may 2016 / 22:40 h.
  • La edad media a la que los menores tienen un móvil se sitúa en los 12 años. / El Correo
    La edad media a la que los menores tienen un móvil se sitúa en los 12 años. / El Correo

No parar de mirar el móvil e incluso wasapear en vez de hablar cara a cara pese a estar acompañado puede ser «una falta de educación» pero si se llega a poner excusas para directamente no quedar, incluso con la pareja, por quedarse en casa con el ordenador o el móvil, entonces ya se puede hablar de adicción. Lo primero es fruto de cierta «dependencia» común en una sociedad donde la tecnología «forma parte de nuestras vidas». Lo segundo «incapacita para llevar una vida normal» y afecta a las obligaciones académicas o laborales, a las relaciones sociales conduciendo al aislamiento e incluso a la salud provocando trastornos del sueño por trasnochar navegando o chateando y pasando de cierto nerviosismo si se pierde o estropea el móvil a ataques de pánico y ansiedad. Si antaño el sexo o las compras eran, tras el juego, las adicciones sin sustancias más frecuentes, hoy las protagonistas son las nuevas tecnologías, principalmente internet y los teléfonos móviles. Y el perfil de las personas en tratamiento por este tipo de adicciones difiere mucho del resto por su baja edad y por la paridad entre sexos.

La Junta acaba de aprobar el III Plan Andaluz de Drogas y Adicciones 2016-2021, que presta especial atención a los jóvenes, para tratar de evitar a edades tempranas el consumo abusivo de alcohol y su introducción a otras drogas, e incorpora el tratamiento de nuevos problemas vinculados con las tecnologías y el juego online que, no obstante, ya lleva años atendiéndose en centros de la red pública. Actualmente, en estos centros (la mayoría de asociaciones y entidades concertadas con la Junta) hay 87 personas que siguen tratamientos por adicción a internet (52) o al móvil (35) y 21 de ellas han ingresado en lo que va de año. Si en el caso de otras adicciones el perfil es el de hombres con una media de edad de 37,77 años, en paro, con estudios primarios o inferiores y que convive con familia propia, en el caso de internet la media de edad baja hasta los 24,69 años y los problemas con el móvil afectan sobre todo a adolescentes de una media de 15,5 años.

En internet se repite la mayor proporción de hombres (40 frente a 12 mujeres de las 52 personas en tratamiento y diez frente a tres entre las 13 que lo han comenzado en lo que va de año), pero los móviles no diferencian por sexos e incluso enganchan a las chicas a edades aún más tempranas que a los chicos. De las 35 personas en tratamiento por adicción al móvil, 20 son hombres y 15 mujeres y entre las ocho que han empezado este año, cuatro son chicas de una media de 14,25 años y cuatro chicos de 16,75 años de media. La menor edad de los adictos a las nuevas tecnologías hace que su perfil sea el de estudiantes u opositores cuyo rendimiento académico cae en picado.

Domingo Calderón es psicólogo y director de la Asociación nazarena de terapias de apoyo, rehabilitación e inserción (Antaris), un centro de atención de drogodependencias y adicciones de Dos Hermanas pionero en incorporar el tratamiento de adicciones tecnológicas. Calderón explica que, en el caso del móvil, las adicciones han evolucionado «de las llamadas a los números 902 a WhatsApp y en gente muy joven» mientras que en internet, en muchos casos se mezcla con adicciones al sexo o al juego ya que son este tipo de páginas web las que ocupan el tiempo de navegación de los adictos.

Este tipo de adicciones se abordan en «terapias individuales» pero se trabaja mucho con la familia porque «detrás suele haber muchos problemas de educación, de poner normas». El hecho de que los jóvenes no acudan por voluntad propia sino obligados por sus padres supone que «la intervención es más larga porque no tienen deseo de cambio y hay que empezar por hacerles ver que tienen un problema». ¿Cómo? «Planteándoles retos que no son capaces de cumplir y haciéndoles ver conductas», explica el director de Antaris. Pero es necesario «ganártelos, que te vean utilidad. Los padres son los polis malos y tú haces de poli bueno, a los padres les dices las normas que le tienen que imponer pero se las ponen ellos, no tú, porque tú única arma es que ellos te elijan, como no quieran volver no vuelven porque son personas que se saltan las normas»

Los problemas en realidad son los mismos que en cualquier otra adicción: «Lo que está enfermo es el control de impulsos». Se trabaja la toma de decisiones y la autoestima, con técnicas de control de estímulos y del estrés y ocio adaptativo que en algunos casos se pueden acompañar de medicación antidepresiva. Pero mientras ante el alcoholismo, las drogodependencias o la ludopatía se parte siempre de la «abstinencia total», en el caso de las nuevas tecnologías, Calderón reconoce que pretender eso supone «condenar a alguien al ostracismo». Hay que lograr un uso equilibrado que no incapacite. No se puede evitar que las tecnologías formen parte de la vida (internet empieza a usarse a los 15 años de media y los móviles a los 12) pero sí que sean el centro de esta.

Aunque la adicción viene marcada no tanto por la frecuencia de uso como por la dependencia que se crea, con pérdida de control y una importante interferencia en la vida cotidiana, la limitación del tiempo ante la pantalla es necesaria para trabajar en este campo. Uno de cada cuatro menores dedica más de tres horas diarias a las redes sociales y más de la mitad juega a diario a videojuegos o con juegos de móviles.

ETIQUETAS ►