Actualizado: 01 feb 2024 / 19:33 h.
Facebook Twitter WhatsApp Linkedin Copiar la URL
Enlace copiado
  • El pintor Salustiano García junto su cartel de la Semana Santa 2024
    El pintor Salustiano García junto su cartel de la Semana Santa 2024

La que se ha montado en Sevilla por un cartel. A estas alturas creo que ya es de sobra conocida la polémica generada por Salustiano y su revisión iconográfica del modelo de Cristo resucitado que se ha empleado como imagen de la Semana Santa sevillana para este año 2024.

El uso de modelo cotidiano y cercano a los artistas es algo habitual. Lo que ocurre es que al no tener al referente presente esa imagen parece ser más idealizada de lo que en realidad es. Velázquez recurrió a su familia para recrear a la Virgen con el Niño y a los reyes en su lienzo de la Adoración de los Reyes del museo del Prado; Ribera tomó a su sobrina como modelo para el rostro de algunas de sus Inmaculadas, lo que provocó que años después la superiora del convento de Santa Isabel de Madrid pidiera al pintor de corte, Claudio Coello, que modificara el rostro de la pintura de la Inmaculada que estaba en el convento para atenuar el parecido tan extremo que tenía con la sobrina nieta del pintor.

Humano sí, pero poco
Presentación cartel de Salustiano para la Semana Santa de Sevilla

Rubens retrató a las personas de su entorno con asiduidad, tanto para obras públicas como más personales. Su segunda esposa fue representada desnuda en diferentes ocasiones. La más irreverente para el momento, es en la que la representa desnuda saliendo del baño cubierta por una pequeña piel y se conserva en el museo de Viena, pues no hay ninguna justificación temática para ese desnudo, pero no deja de ser un retrato personal. Mayor fundamento es su presencia de perfil entre las Tres Gracias, al ser un tema mitológico. Polémica también fue la representación de Francisco de Goya y sus majas, desnuda y vestida, que se han relacionado con la amante de Manuel Godoy, Pepita Tudó; y más cercana en el tiempo, es la propuesta de las puertas occidentales de la catedral de Burgos que había planteado Antonio López, donde los rostros de su mujer y su hijo fueron también arquetipo para la figuración. El listado sería tan largo que excedería las páginas de este periódico.

Humano sí, pero poco
Cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024

Lo normal en los artistas es recurrir a los modelos que había alrededor ¿y que más cercano que su propia familia?. Si esto es lo habitual, ¿qué es lo que realmente ha escandalizado del cartel de Salustiano?. El artista ha seguido el procedimiento tradicional al inspirarse en varios referentes cercanos: su hermano fallecido y el rostro de su hijo. Hasta aquí todo correcto. Entonces ¿dónde está la polémica? ¿en la apropiación de unos atributos – las potencias y el paño de pureza de unos referentes sacros-? ¿o que la técnica empleada es tan perfecta en su ejecución que parece una fotografía y eso le da a la figura del cartel un aspecto “demasiado humano”?.

Creo que la sociedad admite con naturalidad ese trasvase de atributos y de imágenes cuando están colocadas en un contexto, por ejemplo, en las propuestas contemporáneas que se exhiben en bienales, museos o galerías. En cambio, cuando los referentes se ubican fuera de esos espacios, no acaban de tolerarse. Son tan mundanos, en ocasiones identificables con unos nombres y apellidos de los que conocemos datos a través de las redes sociales, que no los entendemos como los ejemplos de conducta que caracterizan. Estoy pensando en la polémica que también se generó cuando la presidenta de la comunidad de Madrid apareció caracterizada como una Dolorosa hace unos años.

Tenemos que reconocerlo, la iconografía cristiana, y en especial la vinculada con sus personajes principales la queremos aséptica, idealizada y poco humanizada. En otras palabras, los queremos divinos. No queremos reconocer por la calle o en un Tic-Toc el rostro que vemos en un entorno sacro. Queremos un Dios humano, pero poco.

Ana Diéguez-Rodríguez

Directora del Instituto Moll