Facebook Twitter WhatsApp Linkedin Copiar la URL
Enlace copiado
Actualizado: 07 sep 2023 / 11:05 h.
  • Los horrores de la vieja “Casa Cuna” de Sevilla

Era la “Casa Cuna” de Sevilla, el antiguo “Hospicio para Recogidos de Niños Expósitos” con la advocación de San José y como fundada, en el año 1558, por el arzobispo Fernando Valdés. Fue en el año 1627 cuando se trasladó a este punto de Sevilla en la hoy calle Cuna, que recibe su nombre del hospicio.

Nada más entrar una leyenda daba la “bienvenida”: “Porque mi padre y mi madre me desampararon, el Señor me recogió”, que debía resultar estremecedor pararse a pensar en todo ello.

En 1806 se procede a la apertura de otra casa para niños de ilegítimo concepto, que pudieran tener el ampara necesario las jóvenes embarazadas en el momento del parto, “sin peligro propio ni de sus hijos”.

Esto era aplicado, sobre todo para prostitutas que se quedaban embarazadas y eran acogidas al amparo de Nuestra Señora del Refugio o jóvenes que tenían “un desliz” con el típico señorito sinvergüenza.

El «Hospicio de Niños Expósitos», fue una orden del Cabildo Catedralicio Hispalense en el siglo XVI y del que ya no queda vestigio visible, hoy está edificado sobre él el Nuevo Teatro Pathé que muchos sevillanos aún llaman Teatro Quintero.

En torno a este edificio encontramos en el “Manual para viajeros por Andalucía”, de Richard Ford, de 1830, una referencia muy tenebrosa, sobrecogedora:

“Los que quieran cebarse en horrores pueden visitar el hospital de los expósitos, la cuna, que se llama en España, como si en efecto fuera la cuna y no el ataúd de los desgraciados niños.

La cuna o casa de expósitos puede ser definida como el lugar donde los inocentes son asesinados y los hijos naturales abandonados por sus antinaturales padres, y atendidos en el sentido de que se les mata a hambre lenta.

La cuna de Sevilla fue fundada por el clero de la Catedral y la administran doce directores, seis civiles, y seis canónigos, pocos lo frecuentan o le prestan ayuda, excepto aportando residentes... Un postigo, el torno, está practicado en la pared, y se abre con solo tocarlo, para recibir a los inocentes hijos del pecado; y una vigilante vela la noche entera para coger a los abandonados por padres que ocultan su culpa en la oscuridad... Algunos de los recién nacidos están ya moribundos y los traen aquí para evitarse el gasto del funeral, otros están casi desnudos, mientras que algunos aparecen bien provistos de ropas y cosas necesarias. Estos últimos son retoños de las clases altas y el motivo es ocultarlos temporalmente. En estos casos van también con ellos las cartas más emocionantes, pidiendo a los encargados que tengan más cuidado del normal con un niño que, sin duda, será reclamado en su día...

Todos los detalles correspondientes a cada niño expósito se apuntan en un libro, triste registro del delito y del remordimiento humano. Los niños que luego son reclamados pagan dos reales por cada día que el hospital les ha mantenido...

A menos que vaya un nombre con el niño, éste es bautizado con el que le da la directora y que suele ser el del santo del día de su llegada. El número de esos niños es muy grande y aumenta rápidamente con la creciente pobreza, mientras que el dinero destinado a sustentarles disminuye por la misma razón...”

Suficientemente elocuente para notar cierta deshumanización en el trato así como lo que representaba un hijo “no deseado” en la época.

La “Casa Cuna” de Sevilla sería hoy uno de esos edificios históricos ubicado en el casco antiguo de la ciudad, un orfanato para niños y niñas del que no se guardarían gratos recuerdos.

El edificio constaba de dos patios y varias salas de uso común, así como de múltiples habitaciones destinadas a los niños y niñas acogidos. Acogió a cientos de niños y niñas que habían sido abandonados por sus padres o que se encontraban en situación de desamparo.

Los pequeños eran cuidados por religiosas y por personal contratado por la institución, que se encargaba de su educación y formación.

La “Casa Cuna” de Sevilla se convirtió en una institución muy importante para la ciudad, que vio en ella una forma de atender a los más necesitados.

Con posterioridad el edificio cesó en sus funciones en este emplazamiento y cedió su lugar a la “Casa Cuna” junto al Parque Miraflores, hoy sede de la Fundación San Telmo. Edificio de 1914 de Antonio Gómez Millán destacando el «aire» regionalista con ladrillos y azulejos. En su interior hay una capilla bendecida en 1922 en cuyo acto estuvo el rey Alfonso XII y la reina Victoria Eugenia. El retablo barroco sin dorar es del siglo XVIII obra de Francisco y Cayetano Acota. La Virgen de La Milagrosa preside el mismo aunque este edificio poco tiene que ver con su homónimo en la calle Cuna.