Facebook Twitter WhatsApp Linkedin Copiar la URL
Enlace copiado
El autor es ninguno
Actualizado: 10 sep 2020 / 11:24 h.
  • ¿El coronavirus terminará con las corridas de toros?

El retraso en la vacuna del coronavirus es un nuevo y grave contratiempo para la fiesta de los toros porque "otro año en blanco sería la puntilla para la ganadería brava", que se asomaría "irremediablemente a la extinción del toro bravo, así tal cual como suena', ha alertado el titular del hierro de La Palmosilla, Javier Núñez.

Núñez, propietario de una de las ganaderías emergentes y más reclamadas antes del comienzo de la pandemia, se ha señalado desde el primer momento por la defensa del valor ecológico y económico del toro bravo frente a sectores autodenominados animalistas que se congratularon de que las camadas se quedaran en el campo sin lidiar.

"Estamos a las puertas de una catástrofe ecológica sin precedentes. Es hora de mirar por todos"', ha afirmado en su cuenta de twitter Javier Núñez, quien en su día ilustró la magnitud de la situación al señalar que un toro que se lidia en la plaza soporta la vida de quince que se quedan en el campo y que la supervivencia de las 1.140 cabezas de ganado dependía de que se lidiaran los 72 toros preparados para este año.

Ahora, al conocerse "el retraso más que probable en la tan deseada vacuna contra el Covid" y "la incógnita de no saber cómo será 2021", el ganadero del hierro que pasta en Tarifa (Cádiz) señala que ello "es un condicionante grave" a la hora de determinar qué toros va a preparar para la temporada siguiente.

"La duda está en el número de cinqueños que debemos tener", apunta Núñez, quien explica que "a pesar de que ya se ha hecho una gran criba", en su caso "más de 80 machos de los guarismos 5,6 y 7", "queda pendiente otra vuelta más porque fuera del circuito de las plazas de primera, el toro cinqueño resiste poco la competencia del toro cuatreño y cuando pasa el mes de junio, más difícil lo tiene".

Apunta que si se va "a un escenario de normalidad en junio del 2021" se pierde "un tramo de la temporada muy importante donde el toro cinqueño (por aquello de estar ya rematado) tiene mas opciones de lidiarse frente al cuatreño".

"Son días duros en los que tenemos que tomar decisiones fundamentales para la viabilidad de la ganadería, días de mucho estudio y trabajo con la incógnita de no saber cómo sera el 2021", concluye Núñez sobre una coyuntura de suma gravedad que ha colocado a las ganaderías de bravo ante la mayor de sus crisis tras la Guerra Civil.

Un toro en el campo tiene un coste de cinco mil euros por cabeza antes de ser embarcados para su lidia, que se incrementa si se quedan, y que quedan casi en saco roto si el animal va al matadero, como ha sido el caso en este año y podría ser el que viene con el retraso en la generalización de la vacuna.

A cargo del toro, en explotaciones que combinan la cría del toro con la actividad agrícola, están mayorales, caballistas y una larga nómina de trabajadores que, en esencia, viven de la cría de reses bravas para ser lidiadas, que es el único destino de este animal que, según datos de la UCTL, suma un censo de 213.457 animales inscritos en el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia.