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La Tostá

Antes muertos, que doblados

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
31 dic 2020 / 11:08 h - Actualizado: 31 dic 2020 / 13:40 h.
"Sanidad","Empresas","La Tostá","Política","Transparencia","Coronavirus"
  • Una sanitaria prepara pruebas PCR. / Carlos Castro - E.P.
    Una sanitaria prepara pruebas PCR. / Carlos Castro - E.P.

Este año que se acabará esta noche a las 12 podría haber sido el más malo de mi vida si no fuera porque el anterior, 2019, fue mucho peor. Profesionalmente, 2020 ha sido estupendo porque he tenido trabajo, que es lo que he hecho desde que tenía 12 años, y tengo 62. Llevar cincuenta años trabajando es todo un logro, porque el trabajo dignifica a la persona y nunca lo he visto como una esclavitud o una tortura. Ni cuando trabajaba abriendo calicatas en las calles de Sevilla, en verano y a las cuatro de la tarde, aún con los huesos blandos de la adolescencia.

Cuando la vida te viene mal hay dos opciones: meterte debajo de la cama o plantarle cara a la cornada, y yo hice lo segundo. Pero no es de mí de quien voy a hablar –escribir es hablar con el lector–, sino de todos los españoles, que una vez más han dado muestras de que somos un país único, luchador y solidario. Muy por encima siempre de su clase política, que una vez más no ha dado la talla ante una adversidad, como es la pandemia. Ni siquiera ante un problema así han sido capaces de dejar sus intereses al margen y unirse para solucionarnos el problema, y esto lo dice todo.

El coronavirus ha matado a entre setenta y ochenta mil criaturas, la mayoría personas de avanzada edad que fueron fundamentales para levantar España después de una guerra civil que algunos no quieren que acabe definitivamente. Todos hemos tenido un familiar o un amigo que se ha ido por el virus y ni siquiera hemos podido velar su cuerpo en su casa o el tanatorio. La pandemia, además, ha arruinado a grandes empresas y medianos y pequeños negocios, dejando desprotegidos a cientos de miles de trabajadores a los que el Gobierno les dijo que no los dejaría en la cuneta.

Es verdad que podía haber sido peor, sin duda. Sería injusto no destacar el trabajo del Gobierno en muchos aspectos, y hasta el de la oposición. Pero quienes de verdad han dado el callo han sido los trabajadores de la Sanidad, aun dejando sus vidas en el empeño porque no tenían medios para protegerse del bicho ayudando a los demás a salvar la vida. Siempre estarán ahí, para nuestra vergüenza, las duras imágenes de esas enfermeras cubiertas con bolsas de basura traídas de sus casas. Pasarán siglos y los españoles no podremos olvidar esas escenas tan dramáticas.

La pandemia pasará y los gobernantes se apuntarán el tanto de habernos salvado la vida a los que quedemos. Ya lo hizo el presidente, diciendo el pasado verano que les habían salvado la vida a 400.000 españoles cuando el bichito seguía entre nosotros. Ahí sí pudo precisar con exactitud el número. En el de los muertos, aún estamos esperando la cantidad exacta, algo que no tiene nombre en un gobierno que presume de transparencia y de que somos un país moderno y avanzado porque lo dirigen ellos, los que ahora mandan.

Desde mi casa de campo, desde el pinar en donde vivo, de La Puebla del Río, mando un fuerte abrazo a todos los españoles, sin excepción alguna, con el deseo de que el próximo año sigamos por aquí para, bien o mal, seguir contando la actualidad de nuestro país. Y un último ruego: antes muertos, que doblados.


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