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La vida del revés

Cachear a Santiago Abascal

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15 jun 2020 / 16:00 h - Actualizado: 15 jun 2020 / 16:05 h.
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  • Santiago Abascal. / EFE-Archivo
    Santiago Abascal. / EFE-Archivo

El nivel al que está llegando el discurso de los políticos en España comienza a ser el mismo al que llega el de los reos en los patios de las prisiones. Es decir, entre penoso y nauseabundo. Creo que deberían pensar un poco en lo que dicen todos aquellos que se dedican a la política y, sobre todo, los que representan a miles de personas en el Congreso de los Diputados o en el Senado.

La última es que Compromís ha pedido un control de armas para Santiago Abascal antes de entrar en el Congreso. Es de suponer que los señores de Compromís necesitan saber si el líder de Vox lleva encima una pistola o un trabuco o algo. Y es de suponer que se dedican a la política como podrían dedicarse a montar y desmontar puestos en los mercadillos ambulantes por los pueblos de España.

Vox ha contestado que es mejor realizar un control de drogas como se hace en los campos de fútbol. Y Abascal, en un tuit, ha aclarado la postura de él y su partido publicando lo siguiente: «No tengo inconveniente en ser cacheado al entrar en el Congreso. Es más, viendo a los socios del Gobierno de Sánchez e Iglesias, creo que convendría que todos pasen un control de armas y explosivos. Sería buenos también un control antidroga a los diputados antes de acceder al pleno». Es de suponer que el señor Abascal dijo al que tenía a su derecha antes de escribir semejante cosa «¿Qué no? Sujétame el cubata».

Así están las cosas. Seguro que más de un seguidor de Vox aplaude esto que dice Abascal o que la izquierda celebró la petición de Compromís al escucharla. Eso es seguro. Pero, en realidad, causa bochorno, estupor, vergüenza y terror, oír a los representantes públicos diciendo estas cosas. Eso sí, trabajar lo que se dice trabajar, más bien poquito. Porque España está al borde del precipicio y ellos parecen estar eligiendo con qué cámara van a grabar el evento para subir el vídeo, más tarde, a Instagram.

Por cierto, el otro día, en Galicia, gritaron a Abascal que él y los integrantes de su partido iban a «acabar en las cunetas». En un acto de precampaña. Así están las cosas. Como todo el mundo sabe Santiago Abascal no es santo de mi devoción, pero es intolerable este tipo de amenazas; no se puede soportar que se diga de los miembros de Vox y sus simpatizantes que son violentos y que dan miedo y, a los diez minutos, decir eso de las cunetas.

Menos jueguecitos con las palabras porque, al final, llegan otras gruesas que hablan de cunetas. Cuidado con estas bobadas porque todo puede terminar siendo un auténtico desastre.


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