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Cainismo en esencia

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04 dic 2016 / 20:22 h - Actualizado: 04 dic 2016 / 20:24 h.
"Fidel Castro","Rita Barberá"

Siempre tuve la impresión de que en España el cainismo es tan antiguo como las cuevas de Altamira, que nos hace falta muy poco para emprender el camino de la descalificación, cuando no del desprecio, a aquella gente que no piensa de la misma manera que nosotros. No me refiero a los sangrientos enfrentamientos que nos ha deparado nuestra historia, que no son pocos, sino a cuestiones mucho más diarias, más cotidianas. La política hoy parece que vive ese desagradable mundo del enfrentamiento visceral que tanto daño nos ha hecho siempre, porque desagradable está la política, y no poco.

Han hecho falta dos muertes para ver a este país vomitar la hiel del desprecio. Es de análisis sociológico la acción-reacción de gran parte de la sociedad ante la muerte de Barberá y Fidel Castro, el atrincheramiento en la defensa o acusación de uno u otro dependiendo de la opción política a la que uno tiene un cierto vínculo. Hemos podido escuchar barbaridades y manifestaciones grotescas hacia uno y otro, hemos visto cacarear opiniones basadas en titulares de prensa y defenderlas como si todo fuese pura cátedra dialéctica. ¿Realmente tanto sabemos de la corrupción de Valencia y de la realidad del pueblo cubano?

Pero sin duda me quedo con la acción del PP ante la muerte de Barberá; una senadora a la que abandonan, a la que obligan, a la que denostan, a la que acusan, de la que dudan y a la que mandan al ostracismo mientras vive. Sólo hizo falta su fallecimiento para que ese mismo partido se volviera como un calcetín para acusar al resto de «haber ido más allá». Cainismo en esencia pura.


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