domingo, 17 noviembre 2019
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De las cuatro barras

18 oct 2019 / 10:36 h - Actualizado: 18 oct 2019 / 12:38 h.
  • De las cuatro barras

Lo de Cataluña tiene mal arreglo. La reprobable inacción del gobierno de Pedro Sánchez –que piensa más en las urnas que en el orden público- es sólo la guinda de un proceso más complejo que comenzó hace mucho. La progresiva cesión de competencias y prebendas a la autonomía catalana no es de ahora. Ni mucho menos. En esta tesitura causa cierto estupor contemplar a Felipe González o José María Aznar pontificando sobre lo que se debería hacer o dejar de hacer. En sus respectivos gobiernos se abonó el terreno que ha roto tantas amarras con el resto de España. El asunto hay que tomarlo desde la base: son ya demasiadas generaciones educadas en la diferencia y hasta en el odio.

Sobre esa piedra angular se fueron elevando otras medidas ¿irreversibles? que ensancharon aún más la brecha. Además de la desaparición de la Guardia Civil o la Policia Nacional, que ejercen competencias meramente testimoniales ante el recelo de los famosos Mossos, hay que sumar la pactada supresión de los gobiernos civiles, que se hizo extensiva al resto de España para fortalecer las respectivas autonomías. Llegados a este punto, hay males que se hacen evidentes; caminos que nunca se debieron recorrer...

Mientras tanto, arrecian estas protestas de la señorita Pepis televisadas en directo hasta el hartazgo. Lo llamativo del asunto es que comienzan cuando la gente sale de trabajar. A partir de ahí se rebaja la preocupación. La mayor parte de la tropa sediciosa está entre rejas –pronto estará paseando por la Rambla- aunque aún quedan algunos haciendo el ridículo por Europa. Pronto volverá la calma si no se entregan nuevas alas a Torra y los suyos. Ése es el principal desquicie: pretenden acabar con unas algaradas que ellos mismos han alentado. Ahí empieza la esquizofrenia. Ya no hay posibilidad de dialogar nada; toca pensar en otra firmezas...


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