Menú

El abogado y el psiquiatra

Image
27 jun 2022 / 14:08 h - Actualizado: 27 jun 2022 / 14:12 h.
"Medicina","Derechos Humanos","Racismo"
  • Frantz Fanon.
    Frantz Fanon.

Bajo este epígrafe, se esconde la personalidad de dos carismáticos hombres. Se trata de Ali Boumendjel y de Frantz Fanon. Evocar el nombre del primero resonará poco o nada en la memoria de la gran mayoría de los que leerán este texto; pero el hecho de ser casi desconocido no oscurece el camino repleto de escollos y de riesgos que emprendió con coraje a favor de una causa noble; oriundo de Argelia, era un destacado abogado. El segundo, Frantz Fanon, psiquiatra de origen martiniqués, es ampliamente conocido por su pensamiento y sus obras. Ambos sobresalieron en el Magreb, en el curso de la revolución argelina.

Si Francia sufrió una severa derrota militar en Dien Bien Phu, símbolo de la caída de su imperio en Indochina, volvió a vivir más tarde el infierno en Argelia. La guerra de Argel fue también una lucha cruenta, llevada con energía, determinación e ímpetu por el Frente de Liberación Nacional (FLN), el movimiento que abanderó la lucha durante más de siete años, es decir desde el 1 de noviembre de 1954 hasta el 5 de julio del 1962 y que catapultó a Argelia a la independencia, después de 132 años de dominación francesa.

Ali Boumendjel, nació el 24 de mayo de 1919, en Realizane, un municipio ubicado al noroeste de Argelia, en el seno de una familia de clase acomodada. Tras terminar la secundaria, se matriculó en Derecho y fue un alumno brillante. Ejerció luego su oficio de abogado, defendiendo a los nacionalistas argelinos, y se mostró siempre a favor de la paz en sus intervenciones públicas, desempeñando un papel primordial en la lucha por la independencia de su país, lo que le granjeó múltiples enemistades. Boumendjel fue arrestado durante la guerra de Argel, en el mes de febrero de 1957, y sucumbió, a los 37 años, debido a las torturas que le infligieron los militares franceses, el 23 de marzo, muerte que fue camuflada como un suicidio, tras arrojar el cuerpo del dirigente nacionalista desde la sexta planta de un edificio en Argel. El general Paul Aussaresses, jefe de los Servicios Secretos franceses, torturador confeso, admitió muchos años después de la independencia que dio la orden de asesinarlo. Este espantoso crimen fue reconocido el año pasado por el presidente Macron ante los cuatro nietos de Boumendjel, a quienes recibió dentro del marco de “la reconciliación entre los pueblos francés y argelino”, recomendada por el historiador Benjamin Stora.

Argelia celebrará el próximo 5 de julio el sexagésimo aniversario de su independencia, y aún permanecen abiertas las profundas heridas entre el país magrebí y el francés. Si bien Emmanuel Macron ha reconocido “los crímenes coloniales” perpetrados, calificándolos de “crímenes contra la humanidad” durante su campaña electoral en el año 2017, al frente del Elíseo, sin embargo, se muestra renuente a expresar arrepentimiento y a pedir disculpas formales por ello, exigencia esta última de Argelia, lo que tensa aún más la ya difícil relación referente a este espinoso tema que enfrenta a los dos países. El mandatario francés sí ha considerado necesario y ético, en cambio, tener esta deferencia hacia los harkis, es decir, los argelinos que lucharon al lado de las tropas francesas, que fueron luego abandonados por ellas y que sufrieron salvajes represalias después de la independencia. Durante la colonización argelina, la metrópoli cometió innumerables atrocidades: torturas, violaciones sexuales, ejecuciones, bombardeos indiscriminados, pruebas nucleares, etc., y el balance de estas monstruosidades dejó un reguero de 400.000 argelinos asesinados, según los historiadores franceses, más de un millón y medio de personas, a tenor de las autoridades argelinas que, a veces, esgrimen la cifra de más de 5 millones. Incluso en suelo francés, el 17 de octubre de 1961, la masiva manifestación de argelinos, en París, que protestaba contra el toque de queda, impuesto en contra de ellos en la región parisina, y que reclamaba la independencia de su país, se saldó con más de 300 muertos, resultado de la desproporcionada y violenta represión desatada por el Estado francés. Los franceses habían superado “en barbarie a los bárbaros que habían ido a civilizar”. Es innegable que los combatientes argelinos cometieron también abusos, excesos, graves violaciones a los derechos humanos, pero el cómputo, en número, resulta menor.

Uno de los acérrimos defensores de la revolución argelina fue Frantz Fanon, un médico-psiquiatra, que nació en la isla caribeña de Martinica, también en una familia acomodada, el 20 de julio de 1925. A los 18 años se alistó en el ejército francés y combatió contra la Alemania nazi; fue gravemente herido en el tórax en la Batalla de Alsacia, recibiendo, por su valentía, la medalla de la “Croix de Guerre”, pero se decepcionó al constatar el racismo imperante en sus propias filas. Regresó a Martinica donde terminó sus estudios de bachillerato, ingresó luego en Francia en la Facultad de Medicina de Lyon, especializándose en psiquiatría, y se dirigió después a Argelia. Aquí trabajó como Jefe de Servicio del Hospital Psiquiátrico de Blida-Joinville y aplicó tratamientos innovadores a los pacientes que atendió, tanto verdugos como víctimas, afectados de graves secuelas psicológicas. Para él, era fundamental la lucha armada como medio para acabar con el colonialismo: “el hombre colonizado se libera en y por la violencia” sostuvo. Observador reflexivo, escudriñó la psique y relación entre el colono y el colonizado, el opresor y el oprimido, y eso le ayudó a sacar juiciosas e interesantes conclusiones. Martinica, donde nació, en aquella época una colonia francesa, y Argelia, donde estuvo unos años radicado, le sirvieron de laboratorio para la elaboración y la eclosión de sus investigaciones, materializadas en sus obras mundialmente conocidas: Piel negra, máscaras blancas, y Los condenados de la tierra y le permitieron retratar con acierto el perfil de las personas colonizadas. Rechazó mediante una carta su pasado “asimilacionista”, lo que le valió ser expulsado de Argelia en 1957; se refugió en Túnez dirigiendo un centro psiquiátrico y estrechó sus vínculos con el FLN.

En Piel negra, máscaras blancas, Fanon pone el acento sobre el ensalzamiento en las Antillas francesas de lo blanco en detrimento de la identidad o esencia negra: la interiorización por parte del negro de su sentimiento de inferioridad, o la epidermización de este complejo, derivado de la colonización y del racismo. En Los condenados de la tierra, su testamento político, prologado por el eminente filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre, y traducido a 19 idiomas, disertó ampliamente sobre el proceso de descolonización y fue un manual obligado para los movimientos de liberación anticolonialistas de los años 1960-70. En él hace una ácida denuncia de la opresión colonial: “el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza”.

Resulta difícil dimensionar la personalidad de Frantz Fanon, psiquiatra, filósofo, revolucionario, que falleció en el cenit de su carrera como pensador el 6 de diciembre de 1961 en Maryland (Estados Unidos), aquejado de leucemia, a los 36 años de edad. Sus restos repatriados recibieron seis días después un funeral de honor en la frontera argelino-tunecina y fueron sepultados en el Cementerio de los Mártires, al este de Argelia. Sesenta años después de su muerte, su legado sigue más vigente que nunca. Por encima de martiniqués, francés y argelino, fue un ciudadano del mundo.

Los datos que obran en mi poder no me permiten pronunciarme sobre si se conocieron Boumendjel y Fanon o si existió alguna relación entre los dos protagonistas, objeto del artículo. De todos modos, el abogado y el psiquiatra fueron, irrefutablemente, dos iconos de la lucha anticolonialista y antiimperialista.

Alix Coicou es médico-psiquiatra


Revista Escaparate Empleo en Sevilla Más seguros Edictos