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La vida del revés

El mundo antes y después del coronavirus (Día 11)

25 mar 2020 / 01:00 h - Actualizado: 25 mar 2020 / 08:49 h.
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Antes de que el coronavirus llegase a la realidad, nos creíamos inmortales. Parecía que solo se morían los otros, que el ser humano era eterno y que nada podía con nosotros, que las estructuras sociales y económicas eran sólidas, indestructibles. Antes del coronavirus creímos ser dioses intocables. Y no, un ser microscópico ha sido capaz de colocarnos frente a la tragedia de ser efímeros, débiles y bastante tontorrones.

Ya estamos en el tiempo de después. El coronavirus ya tiene reservado un hueco en los libros de texto futuros, en los libros de historia y en los manuales científicos. Ya sentimos que cualquier cosa puede cambiar de la noche a la mañana y que, sencillamente, no depende de nosotros. Ni de nuestra enorme inteligencia, ni de nuestros conocimientos, ni de nuestra voluntad, ni de nuestra fe. Ya somos capaces de temer el futuro, de temer nuestra soberbia, nuestras limitaciones y una arrogancia colectiva que nos había convertido en una irrisión.

Los datos que deja esta crisis son desoladores. Muerte, enfermedad, desastre económico. Pero lo peor es el temor, la desesperación, el sufrimiento, sabernos frágiles. Los datos son desoladores aunque, a cambio, la mochila la podremos llenar de solidaridad, de fraternidad, de empatía, de amor a la vida, de posibilidades que bien utilizadas nos permitan ser mejores. Ya estamos en el tiempo de después y sería un terrible error no aprovechar la oportunidad única que nos ofrece el destino.

La ‘gripe española’ acabó con la vida de 50 millones de personas. Algunos estudiosos mantienen que pudieron ser hasta 100 millones los muertos durante las tres oleadas de la epidemia que comenzaba en 1918. Esta vez las vidas perdidas serán muchas menos. Serán los daños económicos los que pasarán a la historia como el gran hundimiento. En eso ya hemos ganado. La vida se ha impuesto al dinero. Al menos de momento. Y eso ya es un avance importantísimo. Ganar esta guerra significa ganar otra que se pelea duramente en el terreno moral. Por eso ganar esta guerra es ganar un lugar en el futuro que solo está reservado a los seres humanos genuinos, a los que no abandonen su condición a cambio de tan poco cosa como es lo material.

El tiempo del después es el tiempo de las personas.

Dicho esto, he de reconocer que es muy posible que volvamos a las andadas quince minutos después de terminar la crisis. La fragilidad de nuestra memoria es sobresaliente. Qué le vamos a hacer.


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