El pacto de silencio

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18 may 2018 / 23:42 h - Actualizado: 18 may 2018 / 23:43 h.

De cuántas más cosas no se pueden escribir Fariña, exponer en Arco, expresarse Valtonyc, Casandra, Hasel, informar en TVE... cuánto más inofensivo, como titiriteros o raperos quedan por prohibir, dónde empiezan y acaban los tabúes españoles para este régimen, y quienes los apuntalan? España huele a miedo, a impunidad, y desapego, síntomas que pronostican malos tiempos.

Se necesitaron más de 30 años de democracia para hacernos creer que se podía romper el pacto de silencio sellado con el apretón de mano, tras la muerte del dictador. Hoy albergamos la sospecha de que se ha vuelto a poner el candado a parte del viejo secreto, pero además que se ha ampliado el manoseado megadossier, de forma poco sutil, ante un pueblo atónito que no entiende cómo de nuevo este país en asuntos de altísimo valor social se alejan de la decencia, la ética, la honestidad, y la transparencia, acercándose precipitadamente al new look del franquismo.

Utilizando la paleta de colores que hoy está también amordazada, percibimos que los viejos arbustos azules resurgen cargados de autoritarismo, liderados por brotes anaranjados, sembrados aceleradamente, y que han pasado de bonsáis a gigantes y cabezudos, para cabestrear este país con el tinte más oxidado de los mandarines.

Es poco saludable como se está tratando de convencer al pueblo, aprovechando que se están yendo los mayores, testigos de un tiempo anestesiado, para llevar a cabo un proceso de revisión light de la dictadura, para apoderarse de la historia, dulcificarla y utilizarla como estándar a imitar, tras el deterioro de está España sufridora, al que los mismos están condenando en todas las esferas sin excepción, incluida la democracia, sistema que nos permite vivir sin Damocles y su espada.

Las cloacas cada día desprenden un hedor más nauseabundo, pendiente de una limpieza a fondo de toda la mugre, que arrastra décadas de prácticas camorreras, que con frecuencia salen a la luz como noticiable, los Ducados, el Valle o esas titulitis amañadas que no son más que coletazos de un submundo paralelo, que se dejó impecablemente atado, a modo de privilegios en este casino que siempre ganan los mismos, son minoría... pero tienen la clave y el usuario del aparato del Estado.

Para que la sociedad recupere la confianza, y lo que le han robado, hace falta una regeneración democrática. Saciados de gestos, es necesario remangarse ¡Toca una inmensa apuesta por los derechos y las libertades, confluyente con pensionistas, feministas, y afectados por el falso decorado!


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