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La Tostá

El que es franquista...

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
11 feb 2020 / 08:18 h - Actualizado: 11 feb 2020 / 08:22 h.
"Historia","La Tostá","República"
  • Francisco Franco. / EFE
    Francisco Franco. / EFE

No me cabe en la cabeza que alguien de España con dos dedos de frente pueda sentir simpatía por Franco o el franquismo, si conoce mínimamente la historia reciente de nuestro país. Si no la conoce, obviamente puede pensar que el Caudillo fue un héroe que salvó al pueblo de las garras del comunismo y que todo lo malo que hizo, que por cierto fue bastante malo, lo llevó a cabo para acabar con la II República, que no fue perfecta, pero era lo que el pueblo había elegido y su decisión en las urnas es siempre soberana. Recuerdo muy bien y creo que no lo olvidaré jamás, cómo lloraban millones de personas la muerte del dictador y no les importaba aparecer en la televisión o los periódicos echando lágrimas por la marcha de un hombre que sabíamos que nunca se iba a ir del todo, como así ha sido. Recuerdo cómo los niños de Palomares del Río nos emocionábamos con el Cara el sol antes de entrar cada mañana en el colegio mientras don Celso, el maestro, se hacía echar cubos de agua helada una vez a la semana. Luego llegaron Elton y Tom Jones a la máquina de discos de Agustín el del Estanco y le dimos la puñalada trapera al Régimen. ¿Se les puede pedir a aquellos niños, que hoy tienen entre 60 y 70 años, que saquen a Franco de su cabeza y se metan a Sánchez y Pablo Iglesias? Por mucho que se castigue la apología del franquismo en el Código Penal, el que quiera seguir sintiendo simpatía por él y su etapa lo va a seguir haciendo y le pondrá un altar en su casa si lo desea. A lo mejor no va a salir a la calle a decir en voz alta que es franquista, pero lo va a seguir siendo mientras viva. Al parecer, la leche en polvo de los americanos y el recuerdo del Nodo son muy fuertes. No se va a poder homenajear a Franco o a franquistas en la calle. ¿Tampoco a etarras, célebres comunistas o partidarios del comunismo? Es que no es lo mismo, dirán algunos. No, ciertamente. Pero en una democracia no se puede o no se debe castigar a un ciudadano por lo que sienta. Que una cosa es ponerle un monumento a Franco en el patio de tu casa y otra, sentir nostalgia de una etapa de tu vida, y decirlo. Cuidado con esto, porque se empieza por castigar a quien se siente franquista y lleva una banderita de España en la solapa de la chaqueta, y se acaba convirtiendo al ciudadano en un pedazo de carne bautizado.


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