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La vida del revés

El rugby como salvaguarda de los valores deportivos

08 nov 2019 / 09:28 h - Actualizado: 09 nov 2019 / 09:42 h.
  • Inglaterra - Sudáfrica: final de la Copa del Mundo de rugby. / Dan Mullan-Getty)
    Inglaterra - Sudáfrica: final de la Copa del Mundo de rugby. / Dan Mullan-Getty)

Los valores que perfilan el deporte, como algo grande e inigualable, son muchos. Compañerismo, humildad, esfuerzo, perseverancia, respeto... Son muchos. Pero no en todos los deportes se conservan intactos. Al contrario, en todos los que se ha impuesto la ley del dinero se han ido diluyendo hasta desaparecer. La humildad con veinte millones de euros en el bolsillo (cada año) queda algo más retirada; el esfuerzo se convierte en un enorme inconveniente sabiendo que en una sola sesión fotográfica vas a ganar diez veces más de lo que ganará un trabajador cualquiera durante toda su vida.

Afortunadamente, no son muchos los deportes en los que se hacen añicos esos valores fundamentales que forman a las personas y las permite crecer y trazar un camino correcto. Aunque, a decir verdad, es mucho mayor la fortuna de poder practicar o disfrutar deportes que han servido como salvaguarda de los valores deportivos.

Si existe un deporte en el que el respeto por los adversarios, por el árbitro o por la grada, es fundamental y continúa en perfecto estado, ese es el rugby. Si existe un deporte de contacto duro de verdad y en el que el fair play impone su ley, es el rugby. Los jugadores de los equipos que se enfrentan en el campo de juego ‘disputan’ un tercer tiempo tomando algo después del partido. Desde las categorías inferiores esto es casi sagrado. El rugby es un deporte que se juega cada minuto de vida.

Las gradas de los campos en los que se juega al rugby se llenan de aficionados que saben que la esencia del deporte exige animar a los jugadores y disfrutar del partido. Es muy importante la labor que los propios jugadores hacen porque, desde muy pequeños, inculcan esa cultura deportiva entre los padres, novios y amigos.

Hace unos días, pudimos disfrutar de un magnífico partido en el que todo esto que digo se podía sentir y presidía el juego desde el primer minuto. Era la final de una copa del mundo de rugby en la que jugadores de un buen número de países llevaban hasta las últimas consecuencias la esencia del deporte. La final, además de ser un choque de enorme belleza (solo la estética del boxeo puede resultar tan evocadora como la del rugby) fue el colofón a una demostración de lo que debe ser el deporte.

Compañerismo, esfuerzo, empatía, perseverancia, respeto, humildad, amistad, generosidad... Rugby es todo eso. Ojalá en todos los deportes se impusiera lo que debería ordenar cualquier instante en cualquier cancha, en cualquier consciencia personal.

El dinero se lleva por delante casi todo lo bueno. Algunos padres y madres, desde que sus hijos son muy pequeños, lo que ven sobre el terreno de juego es un fajo de billetes corriendo en lugar de ver a sus hijos. Y aprietan a los chavales en exceso diciéndoles que son mucho mejores jugadores de lo que son en realidad e imaginando futuros idílicos que nunca se harán ciertos. Y eso no es deporte. Todo lo que se enreda con el dinero y lo hace protagonista tiende a diluirse para terminar siendo una mala caricatura. Mercantilizar y usurpar la vida de los niños les puede destrozar como deportistas.

Yo me quedo con el rugby. Dinero poco, muy escaso; aunque valores impagables por todos lados.


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