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El verde siempre llama dos veces

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31 ene 2016 / 22:49 h - Actualizado: 31 ene 2016 / 22:58 h.
"Medio ambiente","Viento Sur"

El sábado último, el grupo ecologista Agaden celebraba su cuadragésimo aniversario en el albergue juvenil de Algeciras: se trata de la organización conservacionista que ha venido trabajando ininterrumpidamente en Andalucía, desde su fundación hace cuarenta años. No es baladí que surgiera en la provincia de Cádiz y se asentara pronto en el Campo de Gibraltar, uno de los enclaves de mayor impacto de la polución y contaminación industrial o urbana. En estos días, Raúl Limón ha publicado el libro “Pasado rojo, futuro verde”, en torno a la figura de Francisco Casero, cuya trayectoria vital pasó del SOC al ecopacifismo y la agricultura ecológica.

Sorprende el escaso reconocimiento oficial que se ha tributado a Agaden o a Ecologistas en Acción, las dos entidades más veteranas del movimiento verde andaluz, así como al propio Casero, que ha compaginado su querencia por la preservación de la naturaleza con la conservación de otra especie en vías de extinción, la del andalucismo.

Su sensatez y la de ambas formaciones y de muchas otras que han ido surgiendo a escala local Greenpeace ha ido pareja a su audacia y a su compromiso con el hábitat, incluyendo siempre a los seres humanos que también lo pueblan. Hay muchos motivos para expresar dicha gratitud. Sin su decidida militancia a favor del planeta, quizá hoy tendríamos una central nuclear en la ensenada de Bolonia, tal como se proyectaba en 1980, una carretera a través de Doñana, o no se habrían puesto en marcha los controvertidos planes correctores de vertidos en las bahía de Huelva y de Algeciras, por no hablar del cementerio nuclear de Hornachuelos, o la virginidad inmobiliaria de nuestras últimas playas vírgenes. No convendría olvidar, a estas alturas, que el verde siempre llama dos veces en nuestra bandera.


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