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Los medios y los días

El virus no mata las emociones

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17 ene 2021 / 04:34 h - Actualizado: 17 ene 2021 / 04:34 h.
"Los medios y los días"
  • El virus no mata las emociones

Si nos dejan libres nuestras emociones nos matan. Y si nos confinan nuestras emociones protestan porque nos creemos esclavos. Lenin dijo aquello de “Libertad, ¿para qué?”, en referencia a que la libertad es un imaginario sin transformación social profunda. Franco nos tuvo bien sujetos entre 1939 y 1977 -aunque en Sevilla ganó la guerra ya en 1936- y a cambio creó la clase media gracias a la cual Suárez -un franquista reciclado- pudo construir lo que llamamos hoy democracia. Además, Franco creó un sector público poderoso al que no sé si aspirará Podemos, en los papeles sí pero no lo oigo hablar a menudo del tema. El mundo al revés, el fascista Franco estimula el sector público, el PSOE lo privatiza -González en unión con Aznar- y Podemos, que es el comunismo que tenemos, por desgracia, desentierra a Franco y vive de maldecir a Franco y de desenterrarlo pero, por ahora, no ha aportado nada que pueda pasar a la historia, salvo la demostración científica de cómo es el humano: empieza queriendo asaltar los cielos en nombre de la justicia y la honradez y acaba creando jerarquías, nomenclatura y clientelismo. Cuando uno habla así la misma cortedad de miras de los progres a la violeta de la supuesta izquierda te llaman fascista. Pobrecitos, se les va la fuerza por la boca.

Me pregunto cómo es posible que la pandemia Covid-19 haya arrasado de esta manera no sólo a España sino a otros países occidentales. ¿No era España la cateta, la que no tenía cultura, la de los toros y el flamenco, frente a los educados alemanes, los exquisitos franceses, los pulcros ingleses? Todos eran mejores que nosotros y ahí los vemos a todos, presas de sus emociones -incluso más que nosotros- porque de esta terrible oleada tenemos gran parte de responsabilidad nosotros, siempre es más cómodo echarle la culpa al otro- en nuestro caso al gobierno “socialcomunista”- pero no es así exactamente, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, dos, y las que hagan falta. En lo que a España se refiere, ¿no éramos los andaluces los comediantes idiotas del país? Pues ahí están los números, no somos los peores, al revés, las raíces cultas de Andalucía por fortuna aún no han desaparecido por completo.

Sin embargo, hay algo común a todos los seres humanos: no podemos vencer a nuestras emociones, pasa la Navidad y suben las cifras de manera escandalosa después de haber sufrido tanto en primavera y otoño. Preferimos un contacto, un abrazo, una compañía, a unas autorrepresiones para hoy que pueden suponer el bienestar para mañana, ¿cómo podemos ser tan torpes? ¿Cómo es posible, por poner un ejemplo, que una localidad como El Garrobo, que no tenía ni un caso de contagio hace meses, hoy esté por encima de los 1.000 contagiados por 100.000 habitantes, siendo un pueblo pequeño que no alcanza ni los 1.000 habitantes? ¿Han llegado de fuera las infecciones? ¿Proceden de personas que no han podido reprimir sus emociones?

¿Cómo es posible que en el Muelle de Nueva York, en Sevilla, frente al Costurero de la Reina, nos apiñáramos tanta gente en Navidades? Yo estuve allí, con mis hijas, me dejé llevar por la emoción de estar con ellas a pesar de que me dijeron que no entráramos, y luego, acojonado, conté los días hasta que comprobé que no me daba fiebre ni me pasaba nada de nada. He estado en contacto con el virus desde antes del Estado de Alarma, uno o dos días antes de que se ordenara, en marzo pasado, la Facultad de Comunicación, en la que trabajo, estaba siendo desinfectada por el primer caso de una alumna contagiada que llegó desde Italia y yo estaba allí en un acto académico, he comido con exalumnos que luego han sido puestos en cuarentena. No sabía nada entonces pero en Navidades ya tenía conocimiento y me dejé guiar por mis emociones. ¿Por qué no obedecí a mi razón? Voy a responderles con rapidez: 1. Porque los humanos actuamos aún con mucha preponderancia de la parte más primitiva de nuestro cerebro. 2. Porque desde siempre hemos querido ser como Dios o, al menos, como los grandes héroes con los que antes sin medios de comunicación y ahora con ellos, nos machacan. Los griegos glorificaban a los campeones olímpicos. 3. Porque me han metido en la mente la idea de que no se puede ser un cobarde. 4. Porque necesito demostrarles cariño a los demás para que no me abandonen. 5. Porque, sabiendo todo lo anterior, no tengo voluntad para superar una situación, es decir, porque soy un auténtico gilipollas.


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