Decían nuestras autoras de referencia, que el feminismo siempre tiene que estar alerta. Que nuestra lucha debe de ser diaria, siempre habrá algo más llamativo, más luminoso... que nos invite a cambiar el foco de nuestra mirada, poniendo en peligro nuestros históricos avances. Las desigualdades que sufren las mujeres en el mundo serán de interés social, cuando el patriarcado así lo permita. Pero solo hace falta encender una bombilla que ilumine más que el resto, para que todas las polillas corran hacia ella, vaciando espacios ya transitados. Buscando la orientación perdida, hiper-estimuladas aletean atraídas por lunas artificiales que acabarán quemando sus alas.

La lucha feminista, sobre todo ahora en plena crisis sanitaria (Covid19) se hace vital. Nos ha pillado el huracán por sorpresa. Aunque hay que decir que lo que menos nos ha sorprendido a las feministas, ha sido la ignorancia a la que nos somete el Estado. Era de prever, justo en este momento en el que todo el mundo se centra en sobrevivir a esta pandemia, que el feminismo pasaría a mejor vida. Así de incomprensible es el ser humano, que lo mismo entregamos la escasa humanidad que nos queda, para luchar por la supervivencia de nuestra especie de forma solidaria, que al mismo tiempo hacemos oídos sordos a todas las voces que reclaman justicia social para la otra mitad. Las mujeres, como en todas las crisis, guerras y pandemias han sido y siguen siendo a día de hoy, las más perjudicadas. Víctimas potenciales del Covid19 y del machismo. Sujetos vulnerables expuestos a multitud de enfermedades, para las que el patriarcado no quiere encontrar vacuna.

Este Estado que dice saber qué hacer para protegernos de un contagio le importa una mierda nuestro bienestar, el de las mujeres me refiero, claro. Las redes sociales son un hervidero de noticias falsas y bulos que nos encadenan al miedo y a la ignorancia. De un plumazo, han desaparecido los buenos propósitos para trabajar en un lenguaje inclusivo, un periodismo ético y con compromiso. La sociedad ha olvidado que la violencia se practica a plena luz del día y también dentro del hogar. Ahora que estamos en aislamiento, las casas se han convertido en auténticas ratoneras para muchas mujeres. Como era de esperar este encierro ya se ha cobrado sus primeras víctimas. En Castellón, una mujer de 35 años ha sido brutalmente asesinada delante de sus hijos/as por su pareja. Este confinamiento será la tumba para muchas que no se atreven a denunciar, que como el resto de mujeres, entienden que la sociedad anda más preocupada en exterminar este nuevo virus, que en salvarlas de una muerte anunciada. Ahora más que nunca debemos volcarnos y proteger a todas las mujeres que puedan estar sufriendo cualquier tipo de violencia. Si algo nos ha enseñado el feminismo es a aceptar que el Estado solo cuida lo que le interesa.

Como nos recuerda Sonia Vivas, “el 70% de las personas que trabajan en nuestro sistema sanitario son mujeres. Las opiniones en los medios de comunicación sobre la crisis sanitaria de enfermeras, doctoras o expertas escasean. Importa más la opinión del otro 30%”. No se entiende que si en casi todas las comunidades autónomas, menos Ceuta, Extremadura y Melilla, hay más mujeres médicos que hombres, el “médicos y enfermeras” se repita como un mantra en todos los medios de comunicación, sin excepción. La sociedad debe exigir compromiso y verdad, en el tratamiento informativo de los hechos. Si superamos esta pandemia, no podemos desterrar lo vivido al cajón de lo anecdótico. Las desigualdades se hacen abismales en situaciones de crisis mundial como esta y los medios deben estar al servicio de la ciudadanía. Alejarse del sensacionalismo y los sesgos que distorsionan la realidad e invisibiliza el trabajo de las mujeres.

Sobrevivir

El terrorismo machista se instala en cada casa y en cada alma. Aceptamos las órdenes sin darle medio segundo a la reflexión y a la critica. Nos atiborran a basura informativa y nadie sabe cuándo acabará el engorde. Todavía no he visto ninguna medida institucional que nos proteja del caos mediático y garantice nuestra salud mental. Que nos resguarde de la violencia, nos aleje del pánico y nos haga sentir segura. Jamás pensé que podría vivir en persona un estado de alarma, ni que mi país pudiera decepcionarme tanto. Ni aun cuando nos sabemos vulnerables, dejamos de pensar en nuestro propio pellejo. Nos educan para que nuestra propia conciencia machacona nos obligue a a obedecer. Quedarnos en casa para protegernos y proteger. Pero ¿alguien ha pensado en las violentadas, en las que duermen todas las noches bajo un cielo de cartón, en las prostituidas, las precarias, las cuidadoras, las dependientes, las ancianas?. Sobrevivir se ha convertido en nuestro único objetivo. Las mujeres llevamos este instinto impregnado en el ADN, por eso quizás esta pandemia nos trae reminiscencias de historias pasadas. Nosotras sí estamos entrenadas en esto de salvarnos. La vida nos ha enseñado a base de bien.

TELÉFONOS DE EMERGENCIAS. NO HAGAS OÍDOS SORDOS. ELLAS TE NECESITAN, LLAMA: 016, 091, 062