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La Tostá

¿Ha muerto la crítica flamenca?

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
09 ago 2022 / 07:22 h - Actualizado: 09 ago 2022 / 06:24 h.
"La Tostá"
  • ¿Ha muerto la crítica flamenca?

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La verdad es que no tengo la certeza de que si pidiera entradas para volver a hacer críticas en la Bienal, el director me las facilitaría. He visto estos días lo que exigen para acreditarse como crítico y pedirán menos requisitos para viajar a Marte, de los que piden en la Bietnam, como la llaman los flamencos del Polígono Sur. Fue Antonio Mairena quien me dijo poco antes de morir, en 1983, que la crítica flamenca no tenía mucho futuro. El maestro respetó siempre a los críticos, sobre todo a los mairenistas. Algunos les llevaban las críticas antes de publicarlas, para que el maestro las aprobara. Pero a pesar de eso, Sevilla fue siempre la ciudad andaluza con mejores críticos de flamenco, hasta el punto de que cuando Manolo Caracol presentaba un espectáculo en el Teatro San Fernando los solía invitar personalmente y a veces les regalaba unos habanos. Las figuras de los cincuenta y los sesenta les daban un valor a los críticos. Caracol iba por Madrid con José Antonio Blázquez, el crítico de Abc de Sevilla, y lo presentaba de la siguiente manera: “Aquí el señor Blázquez, un partidario mío de Sevilla”. Manuel Ortega Juárez era un genio, quizá el gran genio del cante jondo de todos los tiempos, pero leía una mala crítica sobre su cante y se descuajaringaba. Lo mismo le ocurría a otro genio, Pepe Marchena. Cuando estaba ingresado en un hospital sevillano, grave de morirse, el crítico Miguel Acal fue a verlo para disculparse por sus duras críticas, y le dijo el Maestro de Maestros: “No crea que me voy a morir. Viviré lo suficiente para demostrarle que es usted un equivocado”. El genio murió horas después. A todos los artistas les duelen las críticas, lo reconozcan o no, porque en cualquier arte, la crítica es fundamental. O lo era hace décadas. Hoy hay una crítica fan que no molesta a los artistas y que quiere llevarse bien con los organizadores de festivales. Con los de la Bienal, por ejemplo. Su director detesta a los críticos y les teme como a una vara verde. Ha tildado a la crítica sevillana de “salvaje”, y ha dicho también que “defiende sus intereses”. Creo que anda apilando papel higiénico para la que se le viene encima, porque aún hay críticos que no se venden por un puesto en el Consejo Asesor. Creo que es el único festival de música del mundo donde críticos que están en el Consejo no dejan de hacer críticas para sus periódicos. O sea, elijo un espectáculo determinado para que esté en la programación y luego hago la crítica de ese mismo espectáculo en mi medio escrito, y digo que ha sido una genialidad. Después se asombran cuando se dice, con razón, que la crítica flamenca murió hace tiempo. Los primeros contentos son los organizadores de los grandes festivales, porque así pueden hacer lo que les dé la gana y el Niño de Elche puede venir a cantar por soleá sentado en un váter, si le apetece. Nada menos que a la cuna del cante grande. Sin crítica, ni Sevilla es la cuna ni el cante grande es tan grande. A ver si Chema Blanco se lo mete en la cabeza, señor alcalde.


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