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La corrupción en España y la ceguera de los españoles

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19 abr 2021 / 13:19 h - Actualizado: 19 abr 2021 / 14:40 h.
"Opinión","Corrupción","Política","Isabel Díaz Ayuso"
  • La corrupción en España y la ceguera de los españoles

Según cuenta hoy el diario digital Infolibre, el Gobierno de Isabel Natividad Díaz Ayuso habría adjudicado 48 contratos sanitarios directos a uno de los fundadores de la empresa familiar de la propia presidenta de Madrid. Muy bien. Olviden que se trata de Díaz Ayuso. Supongan que hablamos de cualquier otro político y de cualquier otro partido de ámbito nacional o regional. Estaríamos hablando (en condiciones normales) de un asunto gravísimo, estaríamos esperando (en condiciones normales) la dimisión del implicado; estaríamos cambiando (en condiciones normales) nuestra intención de voto... Ante un escándalo de esta dimensión no quedaría títere con cabeza. Pero no, no va a ser así. De ninguna de las maneras. Ni contratos sanitarios asignados a dedo, ni plagios de tesis doctorales, ni nada de nada.

Somos impermeables. A los españoles no nos hace mella una corrupción descomunal, a los españoles nos trae al fresco todo y nos da lo mismo lo que suceda al elegir nuestro voto, a los españoles nos da igual si el político que nos gusta roba a manos llenas porque los otros son mucho más ladrones (nuestra ideología, por patético que suene, da y quita a los amigos o a los enemigos, con o sin razón, da igual). España se ha convertido en un vertedero de corrupciones que se quedan antiguas al día siguiente porque son sustituidas por otras mucho peores y más sucias.

No va a pasar nada con Isabel Natividad como tampoco ha pasado antes nada con M. Rajoy o con el que regala 60 millones de euros a su novia y regulariza una situación vergonzosa sin que se despeine nadie o con todos los que se van de rositas porque fueron ellos los que inventaron el chanchullo y la forma de escapar de él. No pasa nada con nadie. No va a pasar nada porque nos hemos vuelto ciegos, sordos y mudos; porque hemos perdido el respeto a la memoria de todos aquellos que han muerto para que pudiésemos votar, vivir en libertad y expresar nuestros desencantos y nuestros deseos en las urnas. Nos hemos convertido en un pueblo sin voz del que se ríen a diario un grupo de catetos venidos a más que llamamos políticos. Los malos de verdad no son los ladrones de poca monta; los peligrosos son todos estos. Los políticos ya saben que aquí no pasa nada y que todo vale.

Y, mientras, nosotros peleándonos en las redes sin saber lo que estamos defendiendo, sin saber dónde tenemos la mano izquierda. Qué fatiga, de verdad.


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