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La leche que ‘mamasters’

05 abr 2018 / 16:53 h - Actualizado: 05 abr 2018 / 23:23 h.

Cuando estudiaba FP, recuerdo a un profesor que le indicaba la página con la respuesta a los que estaba intentando copiar. «Copiad si queréis. Es peor para ustedes», decía.

En la juventud, aquello era una bicoca. En la madurez, te dabas cuenta de que decía la verdad.

Viene todo ello al hilo de Cristina Cifuentes y su famoso másters. La cosa es bien sencilla: cuando se dice la verdad, se demuestra y punto. Y si no puedes demostrarla, tendrás que vivir soportando las dudas de los demás.

El problema, al margen de la gravedad de, presuntamente, mentir o falsear datos para la obtención de un título es el título en sí. España es dada a la rimbombancia acartonada, a la sapiencia enmarcada y a la pared alicatada de titulaciones.

Un político, médico, abogado, graduado social, etc, es mucho mejor cuando más títulos adornen su pared. Da igual lo que sepa. Se le presupone.

En lugar de buscar al mejor, buscamos al que mejor parece que tiene que serlo. Es la titulitis, mal endémico de España.

Para ciertas profesiones está claro que hay que exigir titulaciones pero, en otras, no el que más aparenta es el mejor. Nunca me fie de los másters. Me parecen demasiado caros para suspender a los que se presentan. La titulitis no es buena. Es mejor saber hacer las cosas bien. Incluso en política, señorías. Presuman de hacer, no de saber. Yo llevo haciendo radio más de 30 años sin título de periodista. Y llevo más con título oficial de mecánico de automoción. Jamás se le ocurra dejarme su coche.


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