Mariano Rajoy y masón

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12 dic 2021 / 04:00 h - Actualizado: 12 dic 2021 / 04:00 h.
"PP","Mariano Rajoy"
  • Mariano Rajoy. / E.P.
    Mariano Rajoy. / E.P.

Es la noticia que un digital madrileño ha filtrado públicamente, de suerte tal que nuestro Mariano –ahora solo habla de su libro- pertenecería a una Orden rosacruz, y como tal habría acudido a una liturgia (tenida fraternal le llaman), en el que la CIA le habría “detectado”.

La atribución de masonería a dirigentes políticos, no es nueva. Durante la II República, alcanzaría a muchos de los Ministros del Gobierno, y en especial a quien fuera su Presidente en el exilio el sevillano Diego Martínez Barrio, abandonado por su fraternidad, y dicen que hasta suicidado.

La intervención de la CIA añade aureola a la información, y más aún cuando la detección de Rajoy en derredor de una logia, data de su derrota electoral (la segunda) con Zapatero, allá por 2.008 y se supone que andaría buscando consuelo.

De siempre, en el ala socialista, se percibió a Mariano como el mal menor, alejado de la ortodoxia que hizo de muchos de sus correligionarios unos simples meapilas irredentos. Alguno de ellos, hasta se lucró de la visita del Papa a Valencia, o eso parece.

Rajoy apenas nombró a nadie del Opus Dei en las denominadas altas esferas, y tan solo tragó con un Ministro del Interior catalán, Fernández Diaz, al que depuso a su estilo por Zoido; y desde luego, nunca se le ocurrió poner a un Fiscal General del Estado opusino, como hizo Aznar con el fallecido Jesús Cardenal, al que Mariano sí colocó al hijo tonto, siquiera para congraciarse con su yerno Oscar Alzaga, también perteneciente a la Orden.

El “gallego”, como le llamaba Javier Arenas, a pesar de su dislexia puntual, es uno de los más policromados Presidentes que ha dado este país y tal vez habría que analizarlo antes y después de fumar, vicio que recobró al tiempo que perdía su escaño presidencial. El almuerzo en la calle Alcalá, mientras Pedro Sánchez ganaba la moción de censura, no tuvo otra compañía que dos botellas de whisky y Cospedal, quien no le dejaba ir solo al cuarto de baño no fuera que se le ocurriera dimitir, y con ello Soraya al volante.

Los puros son alma del casino provinciano de Machado, y siempre acaecen detrás del tocino de cielo, y en las postrimerías de las bodas, que yo siempre interpreté como imagen fálica que preludia el siempre triste y obligado coito de la noche nupcial.

Mariano –que siempre destacó en corbatas-, las anudaba muy bien en el cuello de sus amigos y enemigos. Bárcenas dejó de usarla por la sola indumentaria de un pañuelo y Villarejo dormía despierto con un simple pijama de lycra, no fuera que amaneciera colgado.

En España la masonería es autodefinida como el alto ideal de los hombres justos, o eso proclaman. Su lema favorito es que los hombres no son nada, los principios todo...

Como dijera nuestro personaje de la Infanta Cristina, “estoy convencido de su inocencia. Le irá bien”. Pues eso.


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