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Los medios y los días

Más chulo que nadie

13 feb 2020 / 04:00 h - Actualizado: 13 feb 2020 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Más chulo que nadie

Antonio del Castillo, el padre de la desaparecida Marta del Castillo, se ha dado de baja en Vox porque dice que hay algo que ha hecho su ya expartido que no le ha gustado. Menudo argumento de peso. No pocos de los militantes de los partidos nuevos –y de los “viejos” también pero menos- se largan a las primeras de cambio del club en el que ingresaron con tanto cariño, tantos deseos de cambiar España y de lograr un cachito de poder, aunque sea un cachito. En Ciudadanos, en Vox y en Podemos o hay jaleo permanente y a la vista de todos y de todas o hay sangría. “Es que el señorito es malo conmigo”, “es que me están maltratando”, “es que resulta que esto no es lo que yo creía que era”, “es que resulta que me acosan o laboral o sexualmente”, “es que me dijeron que iba a ir en las listas y ahora me han puesto en las tontas”, “es que estoy estresado”, “es que hay una cosa que han hecho que no me gusta” ... Un sinfín de lloriqueos que hacen pensar a cualquier cerebro pensante qué pasa aquí.

Y lo que creo que pasa es que da la impresión de que el personal se mete en política como suelen hacer millones de sujetos en América Latina: por interés puramente personal, para ganarse la vida y/o lograr un minuto de gloria o ser “reina por un día” que es como se llamaba aquel viejo programa de TV en la época de Franco donde traían de un pueblo a una humilde señorita y le cubrían por un rato sus deseos de poder. Pero en América Latina son aún más ingenuos que aquí y les interesa poco la ideología de un partido, el elemento emocional impera mucho más que en el solar patrio y mientras ser de uno de los dos partidos que mandan les vaya proporcionando réditos lo demás es secundario.

Por lo que observo da la impresión de que numerosos militantes de hoy ni han estudiado Historia ni psicología del comportamiento humano y sin embargo van sentando cátedra por ahí en esta sociedad donde todo el mundo quiere ser jefe y no hay indios porque el personal sabe mucho de todo, por eso le da lecciones a los médicos, a los maestros y a los dirigentes de los partidos y no respetan lo que se decide en congresos o convenciones ni tienen la paciencia y la estrategia que la política exige. Los ayer niños mimados, en cuanto ven que la vida no era esa fantasía que les han sembrado en el cerebro o que apetitos personales no son saciados, salen corriendo al grito de “mamá, Pepito me ha pegado” o “esto no es lo que yo quería”.

Habrá que recordarles a algunos ciudadanos que la vida es como es y no como quisieran que fuera, no es que no se deba aspirar a cambiarla, pero para eso, si se logra un pequeño avance, hay que tragarse muchos sapos, algo que hay que saber con bastante claridad antes de afiliarse a nada. Tendré que rememorar de nuevo las teorías de Edward Wilson, uno de los fundadores de la sociobiología: los humanos funcionan constituyendo grupos o “tribus” que, aun dentro de un mismo partido, compiten y pugnan entre ellos. Y dentro de esos grupos aparecen personas que lo hacen entre ellas, de manera que, si se está en un partido, menos chulear y más conspirar que eso es la política, en lugar de consumar la reacción infantil de la pataleta ante la opinión pública y la conducta inmadura que oculta una impotencia y una ignorancia. “Manolete, si no sabes torear, pa que te metes”.

La política española se agringa, el espíritu de partido arropado por una ideología, por la disciplina y el aguante, se va disipando para dar paso al individualismo acérrimo de hoy estoy en Pinto y mañana en Valdemoro. La condición humana cada vez se ve con más claridad. La cabra tira al monte.


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