Viéndolas venir

Ministra de Igualdad, ¿quiere ser costalera?

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Álvaro Romero @aromerobernal1
09 abr 2022 / 21:59 h - Actualizado: 09 abr 2022 / 21:53 h.
"Viéndolas venir"
  • Ministra de Igualdad, ¿quiere ser costalera?

La tendencia es creciente y empieza a no llamar la atención. Pese a las barbaridades, los atropellos y los asesinatos, que ya por fortuna salen en los medios, ha germinado un espíritu igualitario hasta en una de las instituciones que más pinta tenían de aferrarse al conservadurismo de las tradiciones inamovibles: el mundo cofrade con la Iglesia católica detrás. Ambas –Iglesia y cofradías- han asumido que el cambio social de las últimas décadas las obliga a una transformación sin vuelta atrás que empieza por las formas y que, tarde o temprano, afectará al fondo. El papa Francisco, desde luego, parece dispuesto a mucho más de lo que imaginamos. Hace solo unos años, para muchas hermandades era un escándalo que salieran nazarenas en sus procesiones. El escándalo sería hoy que no pudieran salir.

Digo todo esto porque cada vez es más frecuente lo de las costaleras. En Los Palacios y Villafranca, hace un par de años que sacaron a la Virgen de Los Remedios sus devotas en una procesión del Santo Rosario, pero no dejó de ser una anécdota puntual. Ya se sabe que las anécdotas nunca lo son del todo. Anoche, tal vez por la pandemia que remite y nos ha cambiado a todos, tal vez por las promesas que algunas devotas se hicieron a sí mismas, el caso es que un par de señoras se acercaron al capataz del Vía Crucis del Cristo de la Salud que salió de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús y le susurraron que querían portarlo ellas. A los capataces, que eran Ferrer y El Plancho -hijo del Plancho padre, de profunda raigambre cofrade- solo les preocupó el desequilibrio de alturas. “Tenéis que ser ocho”, les dijo. Y las mujeres encontraron a sus compañeras en un santiamén. En la siguiente estación, las ocho pusieron sus hombros para cargar al Señor de la Salud, de tan oportuna advocación en los tiempos que vivimos. Sin pensarlo, sin que estuviera preparado ni formara parte de ningún guion, las mujeres hicieron la mitad del recorrido. Y los hombres, la otra mitad.

El gesto puede parecer otra anécdota, pero no lo es. Y el simbolismo de que sean mujeres quienes carguen con el cuerpo de Cristo crucificado no puede ser más potente. Porque siempre fueron mujeres las que cargaron con el peso invisible de todos los dolores. En la Iglesia solo tienen que mirar a la Virgen, portadora igualmente de esa Cruz que su Hijo arrastraba. Sevilla es una tierra dura para los cambios hasta que cambia. Y los mejores cambios son los que surgen como surgió ayer el de Los Palacios: sin decisiones de cabildos ni decretos arzobispales, sino por la gracia pura de una igualdad real que ya se ha sembrado en el aire de todos. Me cuentan que el párroco del Sagrado Corazón, Luis Merello, dijo luego en confianza: “Le voy a escribir a la ministra de Igualdad”. Pues con abierta confianza lo digo: debería escribirle.


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