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No tener hijos

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14 sep 2021 / 05:00 h - Actualizado: 13 sep 2021 / 22:51 h.
"Opinión"
  • ‘La cuna’. / Berthe Morisot
    ‘La cuna’. / Berthe Morisot

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No tener hijos es como ver el ballet sin música. Ves el ballet. Lo ves. Crees que eso es «el ballet». Ahí están todos esos niños pesados de tus amigos, los sobrinos cariñosos pero insoportables más de un ratito, las películas de Navidad. Los que no tiene hijos los ven y se creen que ver es saber, pero no saben que son sordos. Son espectadores sordos de un ballet que, viendo, creen acaparar toda la realidad, pero no saben -porque la música no se ve- que en el foso del teatro hay una enorme orquesta sinfónica tocando.

Los padres se quejan de los hijos y los sordos sólo anotan en el «haber» la suerte que tienen de no soportar todo aquello de lo que se quejan los padres. Pero los padres es que no van contando todo «lo otro», como una pareja no cuenta su placer sexual o las montañas no cuentan las cosquillas que le hace el río. Y es que es difícil de contar el amor por los hijos. Se usa esa palabra, «amor», pero es tan deficiente en su relato como decir que el desierto es arena o que el mar es agua o avisar de que tras el ballet suena una gran orquesta. Las tres cosas son mucho más, intensamente más, inenarrablemente más.

Como el «relato» de la vida actual nos lo cuenta lo comercial y el consumo, (consumo de «experiencias», actividades curiosas, diversidad de aventuras, tiempo de gimnasio, asistencia a eventos, looks, moda, tecnologías, etc.), o sea, el egoísmo pontificado, ser madre o padre parece hasta vergonzoso. Una mujer soltera escucha: «cuánto envidio todas las cosas que puedes hacer», y a la soltera no se le ocurre pensar: «cuánto envidio todo el amor que das y recibes» porque ese «relato» no está elaborado conforme a los nuevos tiempos de «consumo de experiencias». Ahora parece que ser madre es algo vergonzoso, como «ah, sí, lo siento, me has pillado cagando», o sea me has pillado haciendo una función natural (como es la de tener un hijo) y no cultural como viendo una serie de televisión.

Hay personas que se vanaglorian de su soltería para tener más tiempo para ellas. Decidme: ¿qué habéis hecho con ese tiempo? ¿Realmente lo habéis empleado en algo que compense todo el amor que os habéis perdido -amor de dar y recibir-? ¿Habéis curado el cáncer, habéis salvado a los niños de los campos de refugiados, habéis escrito la novela del siglo? Imagino que habéis visto unas cuantas series de televisión más, habéis hecho deporte para conservar ese cuerpo fitness, habéis ido de compra sin prisas, habéis hecho algo más de turismo superficial y habéis leído unos cuantos libros más para intentar entender la condición humana sin haber aprendido de la lectura, al parecer, que lo más trascendental de la condición humana es la p/maternidad.

¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Quién ha imbuido en nuestras cabezas el «relato» de que «tener tiempo para mí» es mejor que «tener tiempo para mis hijos»?

«Es que el niño no me deja tiempo para mí», ¿es que acaso el tiempo con tu hijo no es tuyo? ¿Todo esto de qué depende? Pues te lo voy a decir yo: de la voluntad. Imagina que tienes un trabajo que ya no te gusta, pero que no puedes dejar porque ya no sabes hacer otra cosa y porque no hay alternativas y porque, en el fondo, es cómodo. Puedes pasarte los próximos 20 años odiando cada minuto de tu estancia en ese trabajo y sufrir como un condenado o puedes «echarle voluntad», cambiar tu actitud, hacer de tu participación en ese negocio un acto de entrega y ayuda a los demás, a la entidad y al mundo (el panadero que comprendió para quién era el pan) y así dejar de sufrir. Con la paternidad pasa igual: si un día te llega un mensaje del mundo del consumo de que «te mereces tiempo para ti» y ese pensamiento se aloja en tu cerebro, ¿de quién depende que comience a regir tu vida?: de tu voluntad, de la voluntad de reelaborar ese pensamiento conscientemente y auto convencerte de que el tiempo con tus hijos es un Gran Tiempo Para Ti. ¿O es que no tenemos posibilidad de control sobre los mensajes que vienen de fuera y sólo somos sus marionetas?

Y, además, ¿eres tonto o qué?: ¿no sabes que el tiempo con los hijos pasa, pasa rápido, mucho más rápido de lo que parece, y te va a sobrar tiempo a carretadas, y vas a estar hasta cansado de tanta libertad y tanto tiempo libre y «tanto tiempo para ti»? Vas a anhelar el tiempo en que tus hijos te necesitaban, vas a arañarte la cara deseando que vuelvan a pedirte ayuda.

Vivir es muy complicado: cuando lo tienes lo desprecias; cuando lo has perdido, lo deseas. Así es la condición humana, pero hay una herramienta de control: tu voluntad razonada. Piensa, no dejes que se instalen en tu cabeza modas de pensamiento sin tu análisis crítico. Disfruta del ballet con toda su música.


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