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Partido Socialista Ladrón

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21 nov 2019 / 08:11 h - Actualizado: 21 nov 2019 / 08:18 h.
"Opinión","Corrupción","La vida del revés"
  • Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán a su llegada a la Audiencia de Sevilla. / EFE
    Los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán a su llegada a la Audiencia de Sevilla. / EFE

Parece ser que ha llegado el turno para el PSOE. Otro turno más.

Todo indica que, desde ahora y durante un tiempo indeterminado, se pedirán dimisiones a barullo; explicaciones posibles, improbables o imposibles; devolución de un dinero que nadie sabe dónde está porque los cacos de guante blanco lo han gastado o dicen que lo han entregado a no sé quién; se pedirán cabezas, orejas, caderas o peronés, en cualquier caso algo doloroso que sirva de escarnio. Por pedir, algunos piden el cambio de nombre de una de las formaciones políticas con más solera de Europa. Pero claro, los que piden se olvidan de algunos detallitos importantes, muy importantes. Y muy curiosos. Y muy penosos.

Podría parecer que se ha juzgado a una serie de personas y solo a ellos. Pero no, eso es técnicamente cierto aunque falso en esencia. Porque han sido muchos los beneficiados por esto que conocemos como ‘los ERE de Andalucía’. Miles de personas. Es cierto que los perjudicados hemos sido muchos más, pero que nadie piense que los condenados se han llevado a casa casi 700 millones de euros en bolsas de basura. Ni que los que se vieron beneficiados en su momento van a sentarse en un banquillo frente al juez, ni se les pedirá la pasta. ¿No deberían hacerlo? Eso que se conoce como red clientelar está formado por un enorme tejido que se nutre de empresas y personas. Y eso es lo que se ha juzgado. Se ha juzgado una forma de administrar, si quieren malversar y despilfarrar, los recursos públicos, pero también una forma de entender lo público por parte de un grupo social mucho más amplio de lo que podríamos llegar a imaginar. De forma indirecta se han juzgado muchas cosas por las que una sociedad democrática debería avergonzarse.

Millones de andaluces y millones de españoles son los grandes perjudicados. No todos los culpables (sería imposible) han sido juzgados.

Lanzarse a pedir dimisiones es lícito y parece casi obligado. No obstante, algunos deberían estar con la boca cerrada por siempre jamás. Aunque solo fuese por dignidad política deberían estar calladitos. No hace falta recordar que los partidos políticos que llegan al poder suelen terminar teniendo en casa casos de corrupción. No hace falta recordar que, aunque ahora militen en otros partidos, no son pocos los que proceden de las filas del PP o del propio PSOE y se han visto salpicados por estos casos que parecen infinitos. Mejor mantener el silencio.

Ya nadie puede fiarse de nadie. Esto es lo triste. Las instituciones son discutidas; la clase política va de escándalo en escándalo; la masa social se encuentra en situación de aborregamiento crítica y no es capaz de reaccionar frente a los problemas que están acabando con la credibilidad de lo público.

Si el PSOE se cambia de nombre por el de ‘Partido Socialista Ladrón’, tal y como pedían los señores de Vox, nada cambiaría. Esto no deja de ser un mal chiste que solo ríen los que creen que las cosas se solucionan con promesas imposibles y bobadas de cara a la galería. Y es el paradigma de lo que sucede en España.


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