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La vida del revés

Pedro Sánchez no es Dios ni el faro que nos alumbra

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14 sep 2021 / 09:25 h - Actualizado: 14 sep 2021 / 09:44 h.
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  • Pedro Sánchez. / EFE
    Pedro Sánchez. / EFE

Escribo estas líneas mientras espero junto a la puerta de la sede del PSOE. He estado haciendo cola toda la noche junto a millares de personas que, como yo mismo, quieren afiliarse al partido y rendir pleitesía al secretario general, a don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Todos nos encontramos entre emocionados y, todo hay que decirlo, asustados. Ayer, el señor presidente del Gobierno de España dijo que han “vacunado a todo el mundo” y que no han “preguntado lo que votaban”. Nos emociona su generosidad y damos gracias a los dioses por habernos enviado a un salvador como este. Por otra parte, esperamos a que abran la sede del partido para hacernos con un carné no vaya a ser que este hombre comience a preguntar a quién votamos o dejamos de votar.

Durante todo el tiempo de espera, he comenzado a tomar notas de cosas que se me pasaban por la cabeza. Les leo... Por ejemplo, las vacunas no las fabrica él, ni las paga él, ni las inventa él. Las vacunas las pagamos entre todos con nuestros impuestos (que tampoco son de él). Las vacunas las fabrican empresas que han invertido millones de euros (también han recibido enormes ayudas de los Gobiernos de todo el mundo, es decir, las hemos pagado entre todos con nuestros impuestos). Y las vacunas las inventan los científicos, los que saben de esas cosas. Por ejemplo, pienso que si hubieran preguntado por el voto de cada uno, no hubiéramos llegado a la inmunidad de rebaño ni a la de tres. Por ejemplo, pienso que al pagar impuestos o al enviar a nuestros soldados a cumplir con su deber en misión humanitaria, nadie nos pregunta. Porque cada cuatro años ya decimos lo que tenemos que decir en las urnas. Y es que la democracia va de eso. Por ejemplo, pienso que este hombre cree que él es el Estado, que el Gobierno es suyo y que España le pertenece. Si no fuera así no diría estas cosas que rezuman un totalitarismo tan preocupante. Por ejemplo, pienso en la mesa de negociación con los catalanes y tampoco me han preguntado por ello y no me gusta aunque, sin embargo, me callo porque hay que disfrutar de lo votado con calma.

Leídas las primeras anotaciones. Me voy. Se me han quitado las ganas de afiliarme. Me dejé llevar por lo que se dijo ayer en las redes, he sido víctima de la cultura de lo inmediato, de la falta de reflexión... Y prometo no mirar más la pantalla de la televisión como las vacas miran pasar un tren; prometo reflexionar y votar después de pensar en lo que voy a hacer.


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