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La Tostá

¿Puedo ser de derechas?

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
16 sep 2020 / 08:02 h - Actualizado: 16 sep 2020 / 08:04 h.
"La Tostá"
  • ¿Puedo ser de derechas?

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Estoy convencido de que en España empezaríamos a llevarnos bien y a enterrar el garrote definitivamente si a todos nos importara un pimiento la ideología de los demás. Me sigue asombrando que ser de izquierdas o de derechas pueda ser objeto de burla en las redes sociales, de despido en el trabajo e incluso de separación. Te pueden matar por llevar una bandera de España por la calle. No hay nada que genere más odio entre las personas que las ideologías y las religiones. “A Isabel Díaz Ayuso hay que echarla porque es de derechas”, leí ayer mismo. Y a Pablo Iglesias, porque es comunista, o lo que sea. Lo que me jode de Iglesias no es que sea comunista, que creo que no lo es en esencia, sino que sea un peligro para España y un estafador. Sí, al que llaman cariñosamente El Coletas o El Chepas, es un estafador. Pero un gran político, que le da tres vueltas a Pedro Sánchez, otro tramposo. No desprecio a Iglesias por su ideología, porque he votado a Santiago Carrillo, Gerardo Iglesias, Paco Frutos, Gaspar Llamazares, Julio Anguita y Alberto Garzón. No he votado a ningún partido que no sea el Partido Comunista de España. No lo digas, hombre, que te puede perjudicar, te suelen decir los amigos. Y tanto que perjudica a veces ser libre y decir claramente a qué partido votas. Al menos en España. Incluso con la familia. “Últimamente pareces de derechas”, me dijo un familiar no hace mucho tiempo. Algo cambiado, por cierto, menos cariñoso y más esquivo de lo normal. Parecerlo no es serlo. Pero es que, sinceramente, ¿qué malo tendría que ahora fuera de otra manera de pensar y que votara a otro partido? A Ciudadanos, por ejemplo, o al Partido Popular. Y si me apuran, a Vox. Juro por la memoria de mi perro Surco que si creyera en Vox lo votaría sin titubear y, obviamente, lo diría en una Tostá, como acabo de decir que siempre he votado al PCE. El miedo y la libertad son incompatibles. Mi abuelo tenía miedo de hablar de ideales, porque sufrió mil revueltas campesinas y la Guerra Civil de 1936. “Ten cuidao con lo que hablas por ahí”, me solía decir. Pero, ¿de qué o a qué le tengo que tener miedo en un país como España? Aunque parezca mentira, a que me señalen con el dedo por la calle o que quienes mandan no me den ni un soplo en un ojo. Por ser crítico con la izquierda corrupta me han llamado franquista, fascista, renegado, desclasado, racista y machista. Cada día veo cómo ponen de vuelta y media en las redes sociales a José Manuel Soto, por ser de derechas, y a Javier Barden por ser de izquierdas. Si hubiera una revuelta social gorda ambos tendrían que desaparecer porque irían a por ellos como hace ocho décadas ocurrió con Muñoz Seca o Blas Infante. A veces parece que hay quienes quieren que vuelva a pasar, que venga de nuevo el horror, el odio, la sangre, el luto y el hambre. Y todo por tener el poder de pisar al otro, que debe producir un inmenso placer. El goce de eliminar al que temes que te pueda ver cómo eres en realidad. El odio es una larga espera, según Maran. Tengan paciencia.


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