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La vida del revés

Rufián podrá ver películas en catalán, pero en la intimidad

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01 dic 2021 / 10:48 h - Actualizado: 01 dic 2021 / 11:10 h.
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Los políticos catalanes son ‘conseguidores’ de cosas breves. Son verdaderos especialistas. Pelean y se juegan su prestigio para lograr sus objetivos como nadie. Eso sí les dura poco la alegría aunque luego vendan las brevedad de los logros en forma de ataque español, represión del Estado y cosas similares. Meten la pata y tratan de endosar las culpas al primero que pasa por allí.

Carles Puigdemont logró que Cataluña fuera una república durante 8 segundos. Fue una cosa más breve de lo previsto, pero han sido los 8 segundos más explotados de la historia de la política mundial. Puso en juego la economía catalana, las libertades de los catalanes, la convivencia de los catalanes, todo lo de los catalanes; y consiguió 8 segundos de gloria bastante dudosa. Este es el paradigma de estupidez política que nos costó grandes disgustos a todos los españoles.

Ahora, es la hora de Gabriel Rufián, el político de ERC que hace ejercicios de bravuconaría en cada comparecencia ante la prensa, que anunciaba, hace unos días, su éxito al negociar con el Gobierno de Pedro Sánchez una cuota obligatoria de emisión en idioma catalán con el que poder obligar a que las plataformas digitales tomasen nota y comenzasen a reinventarse. No calculó bien Rufián y, ahora, se encuentra con que Netflix o HBO, por ejemplo, no van a emitir nada que no sea lo que les venga bien, en el idioma que les dé la gana y en el momento en que les parezca conveniente. Es lo que tiene pactar con el Gobierno de Pedro Sánchez (nunca antes se habían acumulado tantas medias verdades y trampas que vinieran de un Gobierno de España) y tratar de imponer a las empresas privadas criterios que ni les va ni les viene y que solo afectan a los que quieren ser votados.

La buena noticia es que esa cuota pactada les ha durado un poco más a los políticos catalanes que la república esa que se sacó de la manga Puigdemont. Eso en el plano técnico puesto que, en términos de realidad, ni hubo república ni ha habido minutos en catalán en las plataformas digitales. La mala noticia es que ni Rufián ni cualquier otro político catalán que haya sido protagonista de este nuevo desastre van a dimitir.

Y, mientras, Pedro Sánchez sentado en su despacho muerto de la risa.


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