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Salvar al soldado Diego

28 jun 2018 / 21:39 h - Actualizado: 28 jun 2018 / 22:28 h.

Las estrellas del firmamento pueden tardar millones de años en apagarse. A las del fútbol le bastan pocos lustros. El vivo ejemplo es Maradona, cuya su cara pudo haber sustituido al sol de la bandera argentina a perpetuidad y hoy ha pasado de astro rey a simple satélite, con su cara oculta incluida.

Lo del Pibe es sencillamente patético. Lo del martes, ante Nigeria, fue la gota que colmó el vaso. Hablar de «descompensación» es elevar el eufemismo a la categoría de obra poética concisa y excelsa. Cualquiera puede sufrir una descompensación, claro, pero las imágenes del Pelusa invitaban a otro diagnóstico menos poético. La estrella de Maradona, a diferencia de otros cracks, se apagó incluso antes de retirarse. Los escándalos y las drogas mataron su genio futbolístico. Y ahora deambula por medio mundo exhibiendo su decadencia, rodeado de agarradores de genios que impiden que se caiga del palco y amigos más preocupados de picar algún sándwich en el palco VIP que de interesarse por el estado de su amigo mientras lo atienden los sanitarios.

Maradona necesita ayuda, es evidente. Lo principal en estos casos es que el propio interesado la quiera, pero si no la quiere, también la necesita. El Pelusa necesita amigos de verdad, que lo retiren de los estadios en vez de llevarlo a ellos. Diego necesita gente que lo agarre antes de que tome nada, no cuando ya lo ha tomado y lo coge por la cintura para evitar que se caiga. Maradona está enfermo. Y todavía se está a tiempo. Ojalá que sí.


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