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Ojana in Excelsis

Un beso al cielo

Ojalá llegue el día en el que la palabra cáncer sólo haga referencia a un signo del zodiaco

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Juanmi Vega @Juanmivegar
11 ago 2020 / 05:00 h - Actualizado: 11 ago 2020 / 05:00 h.
"Ojana in Excelsis"
  • Un beso al cielo

Nos hemos centrado tanto en el coronavirus que se nos ha olvidado que la vida sigue y que hay males que siguen azotando nuestro día a día.

Me hubiese gustado estar escribiendo hoy de la depresión posvacacional, de los kilos que uno coge en estos días de verano o del descubrimiento de echarle un par de trozos de paraguayo al gin tonic, pero la realidad aporrea la puerta y hace que se te pase todo de un golpe.

Hoy os quiero hablar de alguien que se ha ido. La gran mayoría no habrá tenido la dicha de conocerla. Se llamaba Juan José Magariño y era una de esas personas que hacía que este mundo fuera mucho mejor.

Una de esas personas que siempre están con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca le he visto una mala palabra, ni un reproche. Nada. Siempre estaba dispuesto a tender la mano. Lo mismo ocurre con su mujer, Angelines, que es la bondad personificada.

Muchas veces decimos ese dicho de «Dios los cría y ellos se juntan» para referirnos a algo malo, pero en esta ocasión la uso para todo lo contrario. Dos personas buenas se conocieron y se juntaron.

Mi primer recuerdo con Juan José fue cuando tenía 8 años. Él estaba con su hijo Pablo montando una estantería en el patio y ahí estaba yo, para echar una mano. La realidad es que tardó mucho más tiempo por mi culpa, pero él me dejó el destornillador para que intentase apretar los tornillos. Ese fue el comienzo de una amistad verdadera que unió a dos familias.

Esa mañana estival fue el comienzo muchísimas conversaciones, sobre todo de fútbol. Todos los veranos me decías que tu Betis se estaba reforzando bien y que tenía una pinta magnífica. También me ayudó con algunas asignaturas cuando en lo último en lo que pensaba era en estudiar.

Cuando te cruzabas con Juan José no había un hola y adiós. Siempre se paraba un momento para hablar contigo y preguntarte cómo estabas, aunque estuviese cargado de bolsas del Mercadona.

Si tenía que despertarse un día a las 5 de la mañana para llevarte a ti y a los tuyos al aeropuerto, ahí estaba él. Daba igual que fuese agosto o el mismo 25 de diciembre. Siempre estaba presto a ayudar a todo el mundo y nunca puso una mala cara. Al revés.

Ayer tuvimos que despedirlo. No era el final que se merecía una persona tan joven, que deja una mujer increíble y a tres niños que se han hecho mayor de golpe y porrazo. Un porrazo que nos tiene grogui a todos.

En estos tiempos en los que se habla de inversiones millonarias que se están haciendo para erradicar el coronavirus con una vacuna, me he preguntado si podrían mantenerlas para hacer que la palabra cáncer sirva sólo para hacer referencia a un signo del zodiaco y no al ladrón de personas que es.

Durante estos meses, tu familia ha estado cuidando de ti. Ahora te toca a ti hacer lo mismo con nosotros desde ahí arriba, querido amigo. Dale fuerzas a tu mujer y a tus hijos y ayúdalos a tirar hacia delante. La enfermedad nos ha robado tu sonrisa y hay que intentar que la pena no hurte la de Angelines.


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