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La Tostá

Un pellizco llamado remordimiento

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
06 oct 2020 / 07:49 h - Actualizado: 06 oct 2020 / 08:02 h.
"La Tostá"
  • Una anciana. / EFE
    Una anciana. / EFE

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En España hay 5.417 residencias de mayores, entre privadas y públicas. En total, 372.985 plazas. Decenas de miles de ancianos han fallecido en estas residencias por causa del coronavirus, la mayoría en condiciones penosas. Estamos todos con un dolor en el pecho que nos impide respirar pero el problema para estas pobres criaturas empieza cuando son consideradas un estorbo. Es cierto que hay personas mayores que, en plenas facultades mentales, deciden ellos mismos acabar sus días en una residencia. Pero quiero entender que la mayoría son expulsados, literalmente, de sus casas o de las de sus hijos y acaban donde acaban. “Tienes que entenderlo, papá, porque la vida ya no es como antes”, le dijo un hijo a su padre, gran amigo mío. Una mañana estaba en la Diputación de Sevilla y, sin querer, escuché cómo un artista pedía contratos para, sobre todo, “ayudar a mis padres”. Murieron en una residencia los dos. Lo que daría porque resucitara mi madre para volver a cuidarla en su casa, con mis hermanos, porque ese fue su deseo. “A mí no llevarme a ninguna residencia. Mejor, al cementerio”, nos dijo. Y murió en su cama, en su casa, con sus hijos al lado haciéndole más fácil la marcha a ese lugar donde la diferencia no la marcan las personas, sino el frío mármol que las cubre.

Hace unos meses alguien me preguntó que si no echaba de menos una mujer. “Sí, a mi madre”, le contesté. Estoy esperando a ver si Juan y Medio crea un programa no para buscar pareja, que ya lo tiene, sino para buscar madre. ¿Qué tendría que tener la candidata a ser mi madre, qué condiciones debería reunir? Ser buena madre, nada más. No le preguntaría si fuma, bebe, tiene coche o le gusta viajar, que es lo que preguntan en el programa de Juan y Medio, sobre todo las mujeres. “No serás bebedor, ¿no?”. “¿No tienes coche? ¿Entonces cómo me vas a llevar los domingos a comer pescao frito a las ventas?”. Solo le pediría a la candidata a ser mi madre, que sepa abrazar, que no haya perdido la ternura y que sus besos sepan a azúcar, aunque engorden. Que no se sepa de memoria lo de eso no se come, eso no se hace o eso no se dice. Que no riña. No que me vea perfecto, pero tampoco que señale mis defectos. Que me dé el último yogur que haya en el frigorífico, la manta más caliente en las noches de frío y la rebanada más tierna del desayuno. Que no me diga apaga el móvil, quita ya la televisión o acuéstate, que tienes los ojos como dos brevas maduras. Una madre, sí, porque, como dice el fandango, Nunca le faltó a mi mare/ pedazo de pan que darme. Que dure lo que dura una palmera, como cantaba Palanca. Las madres tienen la manía de irse antes que sus hijos. Vamos a tardar siglos en quitarnos la pena de lo que ha pasado en España y está pasando aún con nuestros mayores. Hay en el aire un dolor que sangra, un pellizco llamado remordimiento.


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