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El futuro sigue en la mina

Villanueva del Río y Minas mira a su Pozo 5 para revitalizar el municipio con el turismo

23 jul 2017 / 07:19 h - Actualizado: 23 jul 2017 / 12:33 h.
  • El Pozo 5 de Villanueva del Río y Minas se puede visitar pidiendo cita a través de la web municipal. / F.J.D
    El Pozo 5 de Villanueva del Río y Minas se puede visitar pidiendo cita a través de la web municipal. / F.J.D
  • Construcciones en pie del Pozo 5. / F.J.D.
    Construcciones en pie del Pozo 5. / F.J.D.
  • Una de las máquinas de la antigua mina. /F.J.D.
    Una de las máquinas de la antigua mina. /F.J.D.

La mina de Villanueva del Río dejó de producir carbón y sus edificios sobreviven como testigos del pasado. Entre chimeneas y con aires de fortaleza, se alza el Pozo 5. Exponente destacado del patrimonio industrial, se erige en avanzadilla hacia el relanzamiento del pueblo como lugar destacado para el interés turístico. Con el cese de la actividad minera, el pueblo pasó de contar con 19.000 habitantes a los poco más de 4.900 de la actualidad. Ahora se vuelve a agarrar a la mina como revulsivo.

A pesar de estar necesitado aún de inversiones, el conjunto del Pozo 5 es de alto interés. La visita puede solicitarse en la web municipal. Conlleva un precio, más simbólico que efectivo, para la reinversión en su recuperación. En ello, desde luego, tienen puesto todo su tesón los munícipes. Mediante distintas subvenciones se ha restaurado la sala de máquinas y rehabilitado sus cubiertas y parte de la fachada. Se ha consolidado el subsuelo, se han puesto barandillas de seguridad en los pasos y escaleras y se techó la casa máquina de la cabria para ser visitable. «Las intervenciones no han sido grandes pero sí suficientes para poder visitar las instalaciones con seguridad», explica Araceli Romero, concejala de Turismo. Una consolidación y adecuación total permitirá la puesta en valor de los edificios y las maquinarias para incrementar su atractivo.

En el Pozo 5 se contraponen la visión romántica con la dramática. La belleza de las ruinas, invadidas por las higueras, alberga entre sus paredes recuerdos de penosas condiciones laborales. Cuando la industria paró las máquinas muchas familias quedaron sin trabajo. El expolio fue la venganza, así como la recuperación de algo en lo que iba la vida y la sangre de tantas personas, y que era de justicia poseer.

Centro de la cuenca, así como de explotación, producción y transporte, «era el centro de la vida y la muerte. Hoy es el signo de identidad de toda la localidad», explica Carmen María Ruiz, jueza de paz local y nieta de un entibador, que le transmitió el interés y el cariño por estos restos. Como historiadora del arte, su tesina versa sobre el Pozo 5, por lo que es quien mejor lo conoce.

Los edificios fueron construidos entre 1890 y 1930, aunque en 1902 estaban a pleno rendimiento. Una nota predominante es «la finalidad estética, que no responde a usos propiamente industriales». En un somero repaso, se conservan la central eléctrica, la sala de máquinas que generaba la electricidad y la torre de distribución que la llevaba a todo el pueblo. Por ello, este fue uno de los primeros pueblos en tener electricidad doméstica. La torre de ladrillo visto tiene estilo neogótico. La cabria, que permitía el acceso a las galerías, es de hierro roblonado con cubierta de chapa decorada. Ganó un premio en la exposición de París de 1900. La casa máquina alberga la máquina de vapor Bollinckx, que era la que movía la jaula. Se conservan varias chimeneas, la más importante es la MZA, de 70 metros de altura y construida entre 1919 y 1921. Su función, como la de todas, era el sistema de ventilación.

Desde el exterior se vislumbra el puente de hierro y, ante él, el extinguido escorial de la mina. Se divisa también el Pozo 4, del que solo se conserva la chimenea. Han desaparecido, entre otros, la lampistería, y la curiosa casa del mapa mural Thiéry, que contenía un plano urbanístico en azulejo.


Esclavos

El lecho carbonífero se formó en la prehistoria. En 1614 comienzan las primeras explotaciones. Eran labores con mano de obra esclava e incluso de raza negra. De ahí el Pozo de los Negritos, donde fallecieron unos hermanos, y la leyenda de la fuente de la Rata Madre, que cada día iba a esperarlos después del accidente y de su llanto surge el manantial.

La época industrial comienza a mediados del siglo XIX. La compañía de ferrocarriles MZA pone su interés en esta cuenca. «El poblado surge por y para el carbón, por y para el ferrocarril». Compra todos los pozos de la cuenca. El carbón extraído era manufacturado en una fábrica que elaboraba piezas denominadas castaña o almendra, para máquinas pequeñas y cocinas; galleta o torta, para máquinas de menor calado en la mina; y briqueta, la pieza grande para las locomotoras.

Tras el cierre en los 70, el Pozo 5 será el ave fénix que renacerá de las cenizas del carbón, abanderando una nueva revolución –turística, y no industrial– y que, en suma con el yacimiento de Munigua y el singular patrimonio inmueble del pueblo, dará otra vez impulso al desarrollo de la localidad.


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