De la necesidad, virtud

Rafael Benjumea logra vivir de la ornitología gracias a su empresa de turismo, Ecotono Birding, y a su flexibilidad para trabajar en cualquier país del que lo llamen

15 nov 2016 / 07:00 h - Actualizado: 15 nov 2016 / 07:00 h.
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  • Rafa Benjumea, con los prismáticos en uno de sus viajes a Batumi, en Georgia. / M.G.
    Rafa Benjumea, con los prismáticos en uno de sus viajes a Batumi, en Georgia. / M.G.
  • Un grupo de flamencos en el parque de Doñana. / M.G.
    Un grupo de flamencos en el parque de Doñana. / M.G.
  • Un águila pescadora en Senegal. / M.G.
    Un águila pescadora en Senegal. / M.G.
  • Un águila culebrera en el cielo de Tarifa, en plena migración. / M.G.
    Un águila culebrera en el cielo de Tarifa, en plena migración. / M.G.

Rafael Benjumea se marcha a Senegal el 22 de noviembre. Pasará dos meses en el Parque Nacional de Langue de Barbarie, en la desembocadura del río Senegal: «Vamos a trabajar en el parque como asesores en cuestiones de ornitología. Tienen problemas, quieren hacer un plan de gestión y uno de los aspectos que quieren tratar es la ornitología». Ahí entra él.

Porque Rafa es ornitólogo de profesión, pero también de vocación. Y en esas anda, recién mudado a Cazalla de la Sierra para mantenerse en contacto con la naturaleza y con varios proyectos abiertos, en España y en cualquier parte donde lo llamen. ¿Pero se puede vivir de la ornitología? «Sí, se puede. Yo, de hecho, vivo de esto», explica primero, y luego aclara una condición necesaria. «Tienes que tener una gran flexibilidad. Si te llaman de Egipto, o de Senegal, o de Georgia, te vas». Él tiene una ventaja que le facilita su vida personal: su novia, Blanca, también es ornitóloga y lo acompaña en muchos viajes. Por ejemplo, en el inminente a Senegal. «Para mí es superfácil –concede–. Vamos a los mismo sitios e intentamos coordinarnos para ir juntos».

Rafa habla y a veces cuesta saber si se refiere sólo a su trabajo. Es una impresión que está acostumbrado a dar: «Sí, sí. Nos tratan como si fuera una obsesión o algo así. Alrededor de las aves hay muchas cosas, de arte, de fotografía, te tratan como diciendo: ‘estás loco por los pájaros’. Lo veo normal. Cuando te dedicas a algo casi todo tu tiempo es normal, porque al final es tu vida en general».

Y eso que llegó a la ornitología sin tenerlo previsto: «Yo estudié Biología. Lo que realmente me gustaba, desde pequeño, era la naturaleza. Una de mis ideas era hacerme veterinario». Vio luego que no le apetecía «estar metido en una clínica, y que lo que de verdad me gustaba era la conservación. «Hice mi tesis en ecología, pero con peces de río y, aunque había hecho algunos voluntariados, estaba más centrado en mis peces y mi río». A partir de ahí, asumió que en ese campo escaseaban los proyectos, y el dinero. También había pensado quedarse en la Universidad, pero eso significaba renunciar a la «conservación directa». Y surgió la oportunidad de incorporarse a la Fundación Migres en Tarifa.

Allí trabajó siete años. «Ahí es donde aprendí ornitología. Coincidí durante años con algunos de los mejores ornitólogos de España. Ahí me sentí interesado no sólo por las aves, sino también por el fenómeno de la migración y la conservación», aclara.

La salida obligada de Migres lo llevó a buscar otra manera de ganarse la vida, porque tener una pasión no exime a nadie de la necesidad de tener unos ingresos suficientes. «Ahora hago un poco de todo», resume. Montó junto a un compañero Ecotono Birding, «una empresa de guías de turismo ornitológico. Hacemos rutas de un día o medio día centrados en la observación de aves y la naturaleza». Marcha bien, también porque el turismo ornitológico es un sector al alza, aunque su funcionamiento «es muy estacional». Su público mayoritario es extranjero, sobre todo del Reino Unido y el norte de Europa, pero también de Norteamérica. «Hacemos rutas adaptadas a lo que quieren», cuenta, y no sorprende saber que su destino más clásico es Doñana.

La actividad de Rafa tiene otro destino habitual: Georgia. «Aquí no salen muchos trabajos relacionados con las aves. He estado en Alemania, en Italia... y ahora soy coordinador en el Georgia Batumi raptors counts», que es un proyecto de conteo y análisis de migraciones de rapaces en Georgia, «parecido» a lo que hace Migres en Tarifa, pero a lo grande. Muy a lo grande. «Llevo allí cuatro años. Normalmente vamos entre agosto y octubre y contamos más de un millón de rapaces cada año en unos dos meses, cuando en Tarifa contamos unas 400.000 aves entre cigüeñas y rapaces». Una barbaridad.

La ornitología como negocio

Unos diez millones de personas, la mayoría extranjeros, realizan turismo ornitológico en España, según la Organización Mundial de Turismo. Un trabajo de fin de Grado publicado por la Universidad de Málaga y realizado por Adriana Moyano afirma que «el turismo ornitológico no para de crecer y es cada vez más solicitado por turistas nacionales que no sólo viajan hasta tierras andaluzas para disfrutar del sol y la playa, gastronomía y cultura, sino también a disfrutar de su entorno natural».


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