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El ‘mobile learning’, a examen

Investigadores de la Universidad de Sevilla analizan el uso de dispositivos electrónicos en las aulas y plantean mejoras para optimizar su uso hasta alcanzar un nuevo paradigma educativo

22 oct 2017 / 21:27 h - Actualizado: 22 oct 2017 / 21:27 h.
"Tecnología","Universidad","Universidad de Sevilla"
  • Un grupo de alumnos de una clase de Económicas. / El Correo
    Un grupo de alumnos de una clase de Económicas. / El Correo
  • José Ignacio Castillo, en la Facultad de Económicas y Empresariales. / El Correo
    José Ignacio Castillo, en la Facultad de Económicas y Empresariales. / El Correo

Que nadie se extrañe a estas alturas al ver a estudiantes universitarios con un ordenador portátil o una tablet no quiere decir que alguien se haya parado a analizar ese hecho. Hasta ahora. Porque un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla (US) –José Ignacio Castillo, Mercedes Castro, Lourdes López, Teresa Sanz y Rocío Yñiguez– han obtenido conclusiones interesantes de este fenómeno, conocido como mobile learning. Las resume José Ignacio Castillo, catedrático del departamento de Análisis Económico de la US: «En primer lugar, todavía no está muy extendida la cultura de llevar la tablet o el portátil a clase. Además, vemos que el perfil de las personas que llevan un portátil o una tablet tiene diferencias sustanciales. Aparte, existen demandas importantes por parte de los usuarios para llevarlos a clase».

El estudio, que lleva el título To take or not to take the laptop or tablet to classes, that is the question, lo ha publicado la revista Computers in Human Behavior, referencia internacional sobre las implicaciones sociales de las nuevas tecnologías.

Con la evidencia de que estas tecnologías han llegado para quedarse y de que su generalización ya ha cambiado otros ámbitos laborales –desde el sector de los viajes hasta el de las compras en el supermercado–, Castillo se pregunta que «por qué no van a cambiar también la docencia. De hecho –se responde–, es lo que está pasando. Las universidades top están viendo una gran oportunidad, incluso de expandirse: Harvard, Berkeley, Stanford, pueden llegar a muchos más clientes gracias a sus web, a sus cursos online. Pero, en un nivel más local, nuestra principal pregunta era: ¿cómo podemos integrar esas tecnologías en el aula?»

En busca de las dificultades, de las barreras que impiden que su uso se haga masivo, acudieron a las demandas de los estudiantes. Descartaron los problemas tecnológicos, puesto que todos utilizan los dispositivos de manera habitual, y los económicos, tanto por el progresivo abaratamiento de los dispositivos como por el servicio de préstamos de portátiles del que dispone la US. Y a pesar de todo eso, menos de un 30 por ciento de los estudiantes llevan sus ordenadores a clase.

De manera general, el estudio concluye que los alumnos buscan un retorno: «Quieren que el profesor adapte sus enseñanzas a las nuevas tecnologías para que le sea rentable el esfuerzo que hacen. Y tienen otro tipo de demandas, por ejemplo: que las clases estén adaptadas, que tengan bastantes enchufes, y quieren también un buen wifi. Esa petición es especialmente importante entre los usuarios de tablets». En este último colectivo han encontrado un dato sorprendente: la mayor correlación con el uso de las redes sociales. «Eso, a priori, no está mal, pero puede ser un problema. Nosotros hablamos de un posible Caballo de Troya. Un mal uso de la tablet puede llevar a que el estudiante acabe gastando su tiempo no en aprender, sino en entretenimiento. De ahí que nos parece sensato limitar el wifi durante las horas lectivas, el wifi público, educativo, el de la Universidad, sólo a contenidos educativos».

Han encontrado también diferencias de perfil socioeconómico entre usuarios de portátiles y de las tablets. En el primer caso, prima la madurez, es decir, son alumnos que tienen experiencia en su uso en la educación preuniversitaria o que llevan varios años en la Universidad; además de tener unos rasgos socioeconómicos diferenciados como vivir fuera de casa de sus padres, sin tener ningún familiar a su cargo. Por su parte, el usuario de la tablet suele ser mujer y vive también en casa de sus padres.

«En resumen, nuestro estudio demanda muchas medidas. Es decir: las nuevas tecnologías no van a ser completamente eficientes y no nos van a llevar a un nuevo paradigma educativo sin medidas concretas. Las universidades tendrán que gastar dinero en infraestructuras físicas, en adaptar las aulas, en infraestructuras virtuales, en mejorar las redes wifi. Y los profesores tendrán que emplear tiempo, y esfuerzo, para adaptar la docencia a estas tecnologías», concluye José Ignacio Castillo.

Queda por echar un vistazo al futuro, con todas las incógnitas que ese ejercicio conlleva. «Sí podemos mirar otros sectores que se han adaptado ya a estas tecnologías. ¿Y qué es lo que ha definido la velocidad de adaptación? Una variable fundamental: la competencia. Es decir: cuanta más competencia tiene una empresa, al final debe de buscar esas herramientas que le mejoren la eficiencia. En este caso, estas nuevas tecnologías», y traslada luego el argumento al ámbito universitario: «Si las universidades aumentan su competencia, si se sienten amenazadas, es más probable que las adapten. Si siguen actuando como monopolios geográficos, con una clientela cautiva, el modelo educativo no va a variar mucho». Dicho queda.


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