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Embajadores de plata

El alcalde entrega las Medallas recordando la herencia de la Expo’92, que fue «una inyección de autoestima colectiva». Llama a recoger el testigo 25 años después «y creernos lo que somos»

30 may 2017 / 20:59 h - Actualizado: 31 may 2017 / 07:32 h.
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  • Los 22 premiados ayer con las Medallas de la ciudad recogieron sus galardones en un acto en el teatro Lope de Vega. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    Los 22 premiados ayer con las Medallas de la ciudad recogieron sus galardones en un acto en el teatro Lope de Vega. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
  • El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, durante su discurso.
    El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, durante su discurso.

Aquella Sevilla del color especial, capital universal del cuarto centenario del descubrimiento de América, resucitaba de la nostalgia en el teatro que se edificó en la otra muestra, aquella Iberoamericana, que acogió la ciudad para recordar que hace 25 años esta fue también epicentro de la cultura. Si el 92 fue el año del despegue de la ciudad, este 2017 sigue empeñado en glosar las maravillas de aquel acontecimiento de cuya herencia sigue viviendo la capital hispalense. Sevilla pagó ayer parte de sus deudas sentimentales con quienes la hicieron posible tal y como hoy la conocemos. Sevillanos de cuna o convicción que ya cuelgan sobre su cuello unas Medallas de oro, que envueltas en las bodas de plata de la Expo’92, confirman una historia de amor entre la historia y la ciencia, el patrimonio y los avances tecnológicos que son santo y seña de Sevilla.

A ellos, los 22 agraciados «con el cariño de la ciudad que uno lleva en el corazón», dirigió sus primeras palabras el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, en un discurso que pronunció con prisa y sin pausas, para desgracia de los plumillas que seguían el acto desde los palcos.

«No sois lo que somos, sino el principio de lo que queremos ser. Al escoger a unos pocos de vosotros, aunque a alguno puedan parecerle muchos, estamos escogiendo sólo una muestra de lo mejor y más valioso de todos». Las Medallas de estos 25 años de la Expo’92 «ponen cara y corazón» a valores como el esfuerzo, la superación personal, la constancia, la solidaridad con los más necesitados, la excelencia que crea riqueza, igualdad de oportunidades y cohesión social. «Una forma de ser, de trabajar y de soñar que va ligada indisolublemente al nombre de Sevilla», presumió el alcalde.

Este espíritu y el legado de la muestra universal fueron las claves de las palabras de Espadas, que recordó que «hace 25 años Sevilla supo dar una lección ejemplar al mundo». La Expo’92 «nos cambió la vida. Fuimos testigos de un cambio asombroso que volvió a posicionarnos en el mundo y abrió puertas al emprendimiento, el desarrollo empresarial, la investigación, la educación de calidad, las tecnologías...»

Pero más allá de reconocer «la inyección de autoestima colectiva» que supuso la Exposición Universal, el alcalde llamó a los sevillanos, «herederos no sólo de esos seis meses mágicos, sino de estos 25 años de crecimiento y desarrollo de este territorio», a recoger el testigo y «creernos lo que somos, contarlo, valorarlo y apoyarnos sin prejuicios y con orgullo para aprovechar esos metros de ventaja en la realidad tan competitiva que nos rodea».

En los escasos 12 minutos que se mantuvo tras el atril, el alcalde tuvo también palabras para los «escépticos y pesimistas». Ellos «también forman parte de esa eterna dualidad de Sevilla, combinación perfecta de orgullo y crítica, autocomplacencia y autoexigencia implacable que tiende a minusvalorar como somos». A ellos les recordó los datos de récord y el «ejemplo de éxito» que es el Parque Científico y Tecnológico de la Cartuja, que nació gracias a la Expo. Más de 400 empresas, 16.000 empleos y 2.000 millones de euros de facturación. Una enorme concentración de conocimiento e investigación en sectores como Tecnologías y Servicios Avanzados, Telecomunicaciones e Informática o en I+D+i. «Una realidad que algunos de forma tozuda se niegan a ver y que nos permite demostrar, junto a otros factores, a los 2,7 millones de visitantes que nos eligieron como destino turístico este pasado año que Sevilla es además de un magnífico sitio para conocer, una gran oportunidad para invertir, trabajar y vivir».

Espadas, al que se le notaba la confianza que da haber vivido ya como alcalde el acto de las Medallas de la ciudad, exigió también a la sociedad «que cuiden de Sevilla, que trabajen por Sevilla, que amen Sevilla». Y encontró tiempo para presumir de su gestión. No en balde el próximo día 13 se cumplirán ya dos años de su llegada a la Plaza Nueva, donde gobierna desde entonces con una plausible calma a pesar de hacerlo en minoría. Por ello se lanzó a explicar el deseo «de los 31 concejales y concejalas que trabajamos en el Ayuntamiento», esto es: «una Sevilla más justa, más igualitaria, más moderna y activa, y más solidaria especialmente con los que peor lo están pasando». Pero también, una Sevilla «abierta», «atenta», «siempre remando, todos a una». «No una Sevilla mausoleo, ni una Sevilla congelada o ensimismada», dijo el alcalde, que concluyó el discurso de estas medallas de plata con un «sigamos trabajando por Sevilla».


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