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«Europa no quiere admitir que los atentados son obra de compatriotas europeos»

Emilio González Ferrín. / Profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Sevilla. Historiador experto en los orígenes y evolución del Islam hasta nuestros días, es un librepensador que huye del maniqueísmo para analizar los conflictos en Europa y en Oriente Próximo.

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
23 jul 2016 / 21:37 h - Actualizado: 24 jul 2016 / 18:47 h.
"Son y están"
  • Emilio González Ferrín, en su domicilio, en Sevilla. /José Luis Montero.
    Emilio González Ferrín, en su domicilio, en Sevilla. /José Luis Montero.

Se define como historiador e islamólogo. En su formación universitaria inicial, entre Sevilla y Granada, en su interés por lo hispano-árabe se fue decantando más por la historia y el pensamiento que por la filología española y árabe. En su itinerario vital e intelectual, son importantes sus raíces familiares en Melilla. De dicha ciudad son sus padres, y un abuelo suyo fue el director del periódico melillense ‘El telegrama del Rif’. Emilio González Ferrín, nacido en 1965, vivió en Madrid hasta los 17 años, y en verano la familia pasaba temporadas en Melilla, lo que estimuló en él su curiosidad por diversas culturas y mentalidades dentro y fuera de España. Su esposa es una estudiosa de la ciudad marroquí de Tánger y a ella viajan con frecuencia, “en los años 80 estaba en total decadencia y en manos de la delincuencia, ahora tiene un auge económico y cultural que ya quisiera Sevilla”, afirma Emilio González Ferrín. Ganador del prestigioso Premio de Ensayo Jovellanos, también cultiva la novela, ha creado una trilogía sobre El Cairo.

¿Cómo adquirió su carrera una dimensión más internacional?

Tuve la suerte, al terminar la carrera, de lograr una beca de investigación en el exterior y estuve dos años en la Universidad Americana de El Cairo. Al regresar a España, no pude ingresar en el cuerpo diplomático pero sí entré a trabajar más de un año en la Cámara de Comercio de Madrid, donde aprendí a elaborar informes y redactar con rapidez. Y logré otra beca del Gobierno español, para hacer la tesis, que me permitió estar investigando a lo largo de cuatro años en la sede de la Liga Árabe, en El Cairo; y en la Universidad de Damasco (Siria), en la de Amman (Jordania), en la de Lovaina (Bélgica), y en la London School of Economics. En los años 80, el ambiente universitario era similar en Londres que en esas ciudades de Oriente Próximo. En mentalidad, en calidad. Era homologable, Y también años después: la primera vez que descubrí internet fue en el Instituto Francés de Estudios Árabes de Damasco. Ahora sí hay un gran desfase, sumidos como están en Siria, Iraq, etc., en enfrentamientos y guerras.

¿Tenía vocación por dedicarse a la docencia?

Nunca tuve vocación docente. Soy un animal investigador más que un animal docente. Mis alumnos están encantados conmigo porque soy muy malo para poner notas. No soy capaz de poner un cero. Yo exijo mucho en función de exponer los temas en clase y debatirlos. Es muy probable que mi sentido de la Universidad sea más una tertulia que un índice de aprobados o suspensos. Yo no podría ser docente en facultades cuya supervivencia económica depende del alto índice de suspensos y de las segundas matrículas.

¿Se siente incómodo en el sistema académico?

Hay dos cosas que nunca he aceptado. El academicismo, que me toca las narices. Para mí, las academias son risibles. Son señores mayores que deciden ponerse de frac y hacer como que tienen una autoridad. Y lo otro es el prurito del rigor a la hora de poner notas. De toda Europa, solo en España tenemos más culto al suspenso que al aprendizaje, y solo en España impera el criterio de plantear las oposiciones por memorización.

¿Hay ahora más jóvenes alumnos interesados por los temas que usted aborda?

En 2010 hubo un ‘boom’, en relación a las ‘primaveras árabes’. De tener muy pocos alumnos se pasó a organizar una lista de espera de 150. Se acercaban a los estudios sobre el mundo islámico cuando mayor fue la expectativa por el auge de movimientos juveniles que reivindicaban libertades. Ahora está bajando el interés, no gusta el mundo islámico que estamos viendo con el auge de tendencias radicales.

De su libro ‘Historia General de Al-Andalus’ se acaba de publicar la cuarta edición.

Ha tenido notoriedad y repercusión en España, más por los palos que por los elogios. Me han criticado mucho sobre todo quienes no pasaron de las cien primeras páginas y no han leído las otras quinientas, y no se han enterado de mis argumentos. También se ha vendido mucho en Marruecos merced a su traducción al francés. Por mis viajes a Irán para investigar, ahora existe el proyecto de publicarlo en persa.

Usted argumenta que el modelo renacentista de ciudad-estado que todos asociamos a las italianas (Venecia, Génova, Florencia...) ocurrió antes en la Península Ibérica, en ciudades de Al-Andalus como Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Granada.

Ese es el gran tema del libro. Las bases del Renacimiento en Europa para superar el modelo de sociedad de la Edad Media comienzan en nuestras ciudades. La diversidad y rivalidad (económica, cultural, científica, social,...) de sus reinos de taifas son la diversidad y la rivalidad que, posteriormente, vertebra el modelo de desarrollo de las italianas. Pero en España se elimina nuestra historia árabe. Hay un veto ideológico. Además, en España no gusta la diversidad, el país está confabulado con el centralismo.

Ponga un ejemplo de España censurada.

En países como Alemania se estudia ‘El filósofo autodidacto’, de Ibn Tufail (nacido en Guadix o en Purchena), como la primera novela escrita en Europa. Es de 1175. Es la historia de un niño que abandonan en una isla. Es precursora, muchos siglos antes, del tema de Robinson Crusoe, y de la ‘Utopía’ de Tomás Moro,... También es pionera por su estilo pedagógico. Sin embargo, en España no se incluye como parte de nuestra historia y de nuestra cultura. Porque fue escrita en árabe.

Usted refuta la tesis de la conquista de la Península por ejércitos árabes.

He estudiado los orígenes del Islam en todos los países. En Irán y en Turquía también he encontrado fundamentos teóricos para reafirmarme en que Al-Andalus, en la España visigoda, no se crea a partir de conquistas ni de una invasión árabe. Es un mito creado para agrandar otro: la Reconquista.

Un investigador del mundo islámico como usted, que puede hablar en árabe, ¿es visto con recelo?

Sin duda. Cuando publico un libro o un artículo, el punto de vista no es: ‘Vamos a analizar lo que dice un experto sobre un tema en el que lleva estudiando 30 años’, sino que, directamente, se me ataca por prejuicio ideológico. En España, ahora, sobre fútbol, sobre política y sobre el Islam todo el mundo sabe. Tengo que lidiar con que todo el mundo sabe sobre el Islam. Cosa que, por ejemplo, no puedo hacer yo con un traumatólogo sobre cómo están aplicando la escayola. Hemos llegado a un punto de vulgarización... Yo he oído estupideces como la de un catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Sevilla, decir que el Islam es tan incompatible con la democracia que en árabe no existe la palabra libertad. Cuando, en realidad, hay tres vocablos asociados con la idea de libertad.

Argumente por qué se siente agraviado.

Ser independiente en España cuesta mucho dinero, y a mí me sucede. Mi formación inicial fue apoyada por becas estatales. Pero, como he sacado la cabeza con una línea de investigación y pensamiento que no es la oficialista, desde hace 15 años que no recibo un euro de subvenciones para mi grupo de investigación. Y cada vez tengo más currículum. Es muy difícil que me tosan en publicaciones, en viajes, en docencias en el extranjero... Acabo de estar en la Universidad de Harvard (EEUU), y antes en Italia, en Irán... Y me lo pago yo o me invitan en esos países. Sin embargo, en España voy a un acto y hay personas que me entregan su tarjeta, en la que pone: “experto en antiyihadismo”, y después descubro que tienen un millón de euros en su grupo de investigación para hacer viajes y estudios. En cambio, los expertos de largo recorrido estamos de más, piensan que incomodamos. Porque se ha establecido que el Islam es el equivalente a los rojos de hace 50 años. En un modelo de guerra fría, se sustituye al rojo por el musulmán. Y todo aquel que argumente otros problemas y otras causas, es un tipo que está incomodando.

¿Qué diferencias encuentra en los países de Oriente Próximo, respecto a sus primeros viajes?

La generación que yo conocí y traté se pasaba el Islam por el forro. Ahora, veo que se cumple también en esos países la regla de que es más importante la transmisión de valores en el ámbito generacional que en el vertical de padres a hijos. Muchos jóvenes copian lo que hacen otros jóvenes y se ponen en contra de sus padres. Sin esto, no se entendería el islamismo radical de hoy.

¿Cuáles son las instituciones con las que tiene más relación en países como Irán, Turquía y Pakistán?

Soy miembro del Consejo Social de la Universidad Medeniyet de Estambul. También colaboro con la Universidad Allamed Tabataba’i de Teherán. Y colaboré en su momento (es la tercera pata de mi mundo islámico no árabe), con la Universidad Allama Iqbal de Lahore (Pakistán). Tres sitios con tres visiones del Islam completamente diferentes. Tres ámbitos universitarios modernos, con una imprimación religiosa en todos ellos que yo relaciono, porque lo he podido vivir en España, como si vas a la Universidad de Navarra, donde estás viendo por todas partes al Opus Dei, y hay un fuerte poso intelectual. En esas universidades citadas, he estado con pensadores que son teólogos y expertos en filosofía política, con una formación dual impresionante. Ávidos por saber de todo y pensar sobre todo. Al igual que colegas europeos y norteamericanos, tienen mucho más interés por conocer la historia de todo el mundo que en España, donde los colegas se especializan en parcelas muy pequeñitas.

¿No hay intelectuales de gran relieve en España?

Los mejores intelectuales españoles tienen ahora 70 o más años. Por desgracia, la generación que ahora manda en las universidades españolas es la que entró con menos mérito durante la transición a la democracia porque tocaba entrar para llenar de profesores las aulas universitarias. Ojalá se jubile pronto esa generación, le cuadra la frase de Mircea Eliade: “Ahora la gente se dedica a saber mucho sobre poco. Y no entiende que el futuro previsible de saber mucho sobre poco es saberlo todo sobre nada”. Se está catetizando la formación de los jóvenes, con planteamientos intelectualmente aldeanos. Y ocurre en Cataluña, en Andalucía, en Asturias,... Además, me avergüenza que una institución como la Real Academia de la Historia esté liderando los estudios históricos en España. Es un órgano absolutamente trasnochado. Con miembros destacados que están anclados en el franquismo.

¿En Irán puede consolidarse la apertura política, social y cultural?

En países no árabes como Irán y Pakistán llevan tanto tiempo islamizados (y también incluyo a Turquía, que ha sido reislamizada en los últimos 20 años) que tienen resaca de esa impronta. Y me parece el momento perfecto para apearse al fin de la islamización social, y localizar el islam en su lugar lógico, que es el hogar, y, a partir de ahí, que la vida social sea otra cosa. La juventud de esos tres países está hasta las narices del Islam institucional. Ahora bien, no hay nada mejor que una amenaza externa para cerrar la apertura de miras en un país y volver otra vez a ese caldo de cultivo. Si en esos tres países evolucionan desde un islamismo político a otro modelo político, habrá vacuna de la islamización social para el resto del mundo islámico.

Turquía, con Erdogan de presidente, va en dirección contraria.

Lo que está sucediendo en Turquía es un autogolpe: Erdogan avanza inexorablemente hacia el chavismo. Aprovechar las urnas para imposibilitar la alternancia política. Cortó con su mentor Fethullah Gulen, cuando éste (dirigente musulmán casi sufí) criticó que el islam se mezclase con la política.

Tómele el pulso a la Europa actual.

Estamos en una renovación de los nacionalismos. Europa vivió en los años 80 y 90 su gran expansión del espíritu europeísta. La trilogía ‘Azul, Blanco, Rojo’, del cineasta polaco Kieslowski, era el gran himno de Europa. Eso se acabó. Ahora vamos a la nacionalización del discurso político, que arranca con una primera exclusión: los malos siempre vienen de fuera. Pero después de la propaganda inicial, se comprueba que la mayor parte de los terroristas son ciudadanos nacidos en los países donde asesinan. Uno de los grandes problemas que tenemos a la hora de analizar el terrorismo es llamarle internacional para echar el balón fuera. El terrorismo internacional suele ser una suma de terrorismos nacionales. Vamos hacia una Europa de discursos nacionalistas, y de populismos referendistas que se comen el sentido real de la democracia. Y, aunque parezca una contradicción, considero que los referéndum son el cáncer de la democracia.

¿Cuál es su interpretación de la masacre en Niza?

Propongo estudiar ese acto terrorista en el mismo capítulo que el del noruego Breivik, que mató a 77 compatriotas en Oslo; o la matanza perpetrada en una discoteca de Orlando por un gay frustrado, o el copiloto alemán deprimido que estrelló el avión en los Alpes y murió matando a todos los pasajeros y tripulación. El componente ‘yihadista’ de lo sucedido en Niza (con la caricatura del llamado ‘radicalismo exprés’) está al servicio de las profecías autocumplidas que tanto nos gustan: sigamos hablando obsesivamente de Daesh en Europa y todo aquel que quiera matar grabará un video de sumisión. Pensar que esas operaciones vienen desde fuera de Europa es un enorme error interpretativo. Daesh, en Europa, no es más que una central de reivindicaciones. No prepara operaciones terroristas sino que recoge réditos de toda locura con éxito. Daesh en Siria e Iraq ya es otra cosa: es una mafia petrolífera.

¿Acaso no es cierto que se está apoyando financieramente el radicalismo extremo en Oriente Próximo y en Europa desde la Península Arábiga de los petrodólares?

Es verdad que han financiado tanto las peores mezquitas como a grupos radicales. Pero no van a atacar al corazón del poder político y económico de Occidente. Porque están en él. Diversifican por todo el mundo sus inmensas sumas de dinero. Es verdad que financian el terrorismo. Pero más verdad es que lo financian todo o casi todo: la City de Londres, los paraísos fiscales de las Islas Caimán, el Barça,...

¿Van a evolucionar también los regímenes del Golfo Pérsico, encabezados por Arabia Saudí?

No. Están salvando los muebles. Porque su modelo de prosperidad económica está acabado. El ‘fracking’ para extraer gas a precio muy barato, y otros cambios importantes en el mercado energético, acaban con el monopolio petrolífero de esos países. Por eso EEUU ha retomado su relación con Irán, como signo de desmarque respecto a las monarquías de la Península Arábiga. Se convertirán en un rosario de ciudades-estado, de ‘gibraltares’ con estructura de economía global.

A su juicio, ¿cómo debemos comprender toda la convulsión interna en el mundo islámico?

Cuando en nuestra opinión pública se habla de islamismo radical y de yihadismo, se cree que todo es una sola cosa. Hay que estudiarlo no solo con tres pizarras diferentes, sino en tres habitaciones diferentes. Por un lado, el euroislam: los europeos que son musulmanes. Y Europa descubre que sus ciudadanos musulmanes son más radicales que los no educados y asentados en su territorio. Por otro lado, el mundo islámico de África, que no tiene nada que ver con lo que pasa en Oriente. Y el tercer bloque geopolítico, caracterizado por la guerra civil entre suníes y chiíes, que se manifiesta tanto en las guerras de Siria e Iraq como en todo tipo de violencia en Líbano, Turquía, Pakistán, etc.

¿Las potencias occidentales utilizan el cainismo entre suníes y chiíes?

Es un conflicto secular entre ellos, no lo hacen para influir en la política europea ni les hace falta que les estimulen desde fuera. Pongo un ejemplo. Estaba yo en Teherán cuando murió el Rey Fahd, de Arabia Saudí, y salió en televisión el presidente iraní, el ayatolá Jamenei, para decir: “Ha muerto el perro, lo malo es que tiene muchos cachorros”. Como respuesta a esa declaración, en Arabia Saudí se ajustició a un clérigo chií. Hay un desprecio total y recíproco entre Irán y Arabia Saudí. Otro ejemplo: cada vez hay más atentados con bombas dentro de mezquitas chiíes en países como Iraq. En relación a su pregunta, sí se producen relaciones de conveniencia. Detrás de los informes que llevaron a EEUU y Gran Bretaña a invadir Iraq en 2003, había dos fundaciones chiíes con sede en Londres. A Irán le favorecía esa invasión y los aliados occidentales sabían que no iba a inmiscuirse en el conflicto.

El Parlamento británico ha sometido a análisis la decisión de Blair, como primer ministro, para involucrar a su país en esa invasión. ¿Imagina algo así en España?

No. España es ocultista. Nadie va a explicar todavía por qué ocurrió el incidente en el islote de Perejil. Y qué relación puede tener ese hecho, y los atentados de Casablanca, con la masacre del 11-M de 2004 en Madrid. Tabú.

En el debate político español, ni los ‘viejos partidos’ ni los ‘nuevos partidos’ apenas hacen propuestas sobre temas internacionales, cuando estamos en la era de la globalización.

España lleva muchos años hirviéndose en sus propios jugos y no mira al exterior. La crisis tan fuerte que hemos sufrido induce a centrarnos en mirar hacia dentro, en cómo limpiamos el país, en cómo son los equilibrios entre las regiones españolas. Y se confía menos en la Unión Europea, que, para España, ha sido el gran horizonte como proyecto de modernización del país.

¿Cómo enjuicia la labor de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo desde Sevilla?

Ahora está funcionando muy bien, tras unos años de declive. En cantidad y calidad de actividades culturales, se está poniendo a la altura de Casa Árabe en Madrid y no creo que tenga ni la décima parte de su presupuesto. Mantiene bien la actividad vinculada con Israel a la vez que desarrolla mucha con Marruecos. Hubo una época en la que fue convertida en órgano político, y también para propulsar las candidaturas de Bernardino León y de Miguel Angel Moratinos para altos cargos.

Como ciudadano de Sevilla, ¿cuál es su visión sobre la evolución de la sociedad sevillana?

Sevilla es una ciudad que he elegido para vivir. Y la elegiría cada día, es un sitio magnífico para vivir, para criar a los hijos, para moverte desde ella cuando tienes un empleo estable. Si yo no fuera funcionario, no podría vivir en Sevilla. Es una ciudad muy buena centrifugando personas. Lamento que mucha gente joven se tope profesionalmente en Sevilla con un techo de cristal. Sevilla funciona por círculos. Si estás dentro de un círculo puedes tener una cierta supervivencia. Y hay muchos círculos que no se tocan. Muchas Sevillas que no se relacionan. Por eso, muchos jóvenes de 20 a 25 años piensan que la ciudad solo les ofrece o trabajar en un bar o coger un tren / avión y largarse.

¿Se asocia más en otros países a Ibn Jaldun con Sevilla?

Totalmente. El pensador más importante en el siglo XIV, el primero que sienta a nivel internacional las bases de la filosofía de la historia. Un cortijo que hay cerca de Montequinto, en el que se celebran banquetes de bodas, era el lugar donde vivía la familia de Ibn Jaldun. Nadie lo sabe. Porque no aceptamos la enorme riqueza y pluralidad de nuestra historia. Con todo su colorido y sus contrastes. Se creen muy listos los que hagan gala de sevillanía diciendo: “Yo soy más romano que moro”. Como si alguien pudiera elegir en sus genes entre un abuelo y otro. La historia no se puede elegir. La Catedral está sobre una mezquita. Eso no se puede elegir. Y abomino de la Inquisición igual que abomino del terrorismo islámico.


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