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La Plaza del Cabildo, ese lugar lleno de pequeños objetos de deseo

Desde comienzos de los 80, este recoleto y desapercibido espacio acoge cada domingo un mercadillo numismático y filatélico que cobija a un público heterogéneo

15 nov 2016 / 07:00 h - Actualizado: 15 nov 2016 / 07:00 h.
  • Los sellos y las monedas son los objetos más buscados en la Plaza del Cabildo. / Antonio Acedo
    Los sellos y las monedas son los objetos más buscados en la Plaza del Cabildo. / Antonio Acedo
  • Un coleccionista revisa un catálogo en busca de tesoros. / Javier Cuesta
    Un coleccionista revisa un catálogo en busca de tesoros. / Javier Cuesta

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En 2012 se produjo en La Rinconada un hallazgo del más alto nivel numismático; una moneda acuñada en Samarcanda (la actual Uzbekistán) se encontró entre las numerosas piezas de un tesoro milenario que demostró, una vez más, cómo Al-Andalus fue uno de los principales centros comerciales y estratégicos. Por alguna razón nunca concretada por ningún historiador, Sevilla y su provincia constituyen una de las zonas de España en la que la arqueología ha conseguido sacar a relucir el mayor número de hallazgos numismáticos. Puede que en ello resida buena parte de la explicación del por qué una afición como ésta se mantiene tan viva pese a que el coleccionismo, al albur del siglo XXI y de las redes sociales, parece casi una práctica prehistórica.

Desde 1980 la Plaza del Cabildo es sede dominical de un fidelísimo mercadillo en el que adquirir monedas y sellos, pero también en los últimos tiempos; afiches de películas y algunos objetos de cierto valor histórico. Remontándonos más atrás en el tiempo, los coleccionistas se reunían en Santa Marta, pero es en su tradicional, interior y recoleto mercadillo donde han alcanzado verdadera fama. «No hay un solo domingo que no venga algún turista, de otra ciudad, cuyo viaje a Sevilla no ha estado justificado, principalmente, por visitar los stands de la Plaza del Cabildo», cuenta Joaquín Domínguez Carrasco, numismático. Se vende y se cambia. La mercancía: monedas, billetes y objetos que hace mucho que dejaron de ser cotidianos. El mercado se convierte cada domingo en el centro del coleccionismo. Un sector que ha caído por culpa de la crisis pero que aguanta los malos tiempos aferrado a la historia y a la pasión... de unos pocos.

De unos pocos pero suficientes. Porque los domingos del Cabildo «apenas han experimentado cambios. Este es uno de los escasos lugares de la ciudad en los que el tiempo parece haberse detenido», dice Sofía González, pertinaz buscadora de sellos. «Vivo en Sevilla, pero siento que podría hacerlo en cualquier otra ciudad del mundo que tuviera un mercadillo como este», reconoce a la vez que pone el acento en que «el coleccionismo, más que un hobby, es un modo de vida; una forma de ser y de estar, de saber y comunicar que te importa mucho más hacerte con un minúsculo sello acuñado en Luxemburgo en 1943, en una tirada limitada, que llevar en el bolsillo un móvil de alta gama», explícita.

El público del Cabildo es, por naturaleza, curioso. Y, probablemente, bastante más variopinto de lo que un lector ajeno a este microcosmos pudiera imaginar. Los mayores traen a los pequeños con el afán de inocularles el inocente virus; y los curiosos acaban picando. Sin embargo, todos los tenderos dispuestos en esta singular plaza semicircular son conscientes de que lo que ofertan no son productos de primera necesidad. «Hay que hacer cuentas y saber que solo te puedas gastar lo que te ha sobrado después de hacer frente a los pagos más importantes», se sincera Javier Barahona. Por eso mismo, aunque parece como si entre los comerciantes hubiera un pacto no verbalizado de positividad, es por todos sabido que algunos vendedores han dejado de acudir; una realidad tan fehaciente como que muchas tiendas de coleccionismo han cerrado sus puertas.

En el Cabildo cualquier cosa es susceptible de convertirse en objeto de deseo. «Viene por aquí un señor que fue piloto comercial y que vende billetes de aviones a los destinos más insólitos», cuenta Benito, uno de los fieles, más bien un parroquiano dominical. «Una vez le compré por 25 euros un pasaje con destino a Múrmansk, que yo no sabía ni donde estaba y tuve que entrar en Google para enterarme de que, por lo visto, es una ciudad portuaria rusa», detalla con pasión creciente.

Y aunque no están del todo bien vistos por los comerciantes, este es también un lugar de espontáneos que, en ocasiones, ofertan el más difícil todavía. Este pasado domingo, Matilde, llegaba con la firme intención de vender un billete de ferry de Melilla a Almería con fecha del 17 de julio de 1936, fecha exacta en la que se sublevó la guarnición militar de la ciudad autónoma protagonizando uno de los episodios considerados decisivos para el estallido de la Guerra Civil. «Era de mi abuelo, que no llegó a hacer el viaje por lo complicado de aquel día, él lo conservaba porque era consciente de la curiosidad del billete y hoy yo lo quiero vender porque necesito el dinero», zanjó lacónicamente mientras ofrecía a hurtadillas su tesoro.

A pesar de la elevadísima fidelidad que atesora la cita semanal en el Cabildo, casi ninguno aquí se dedica a esto. «De pronto un día miras tu colección y te das cuenta de que tienes mucho más de lo que quieres y sabes, a la vez, que a otros les gustaría tener parte de lo que tú posees», plantea Juan Pastor. Es el momento de salir a la calle, de compartir. «Más allá del negocio, los coleccionistas no siempre compartimos con nuestros parientes y amigos cercanos esta pasión, así que hablar con otros aficionados se convierte en una necesidad», sigue diciendo. Así las cosas, el ambiente aquí no difiere mucho del que se vive un domingo al mediodía en un campo de fútbol modesto o en una casa hermandad. «El coleccionismo sirve para confraternizar», abunda Manuel Marín, quien lleva casi cuatro décadas comprando y vendiendo fotografías de actores y actrices de los años dorados de Hollywood. «No me pregunte por qué no me interesan los actores de ahora, que yo ni los conozco», zanja. Alrededor de la plaza, bajo los decorados arcos, se mantienen como pueden varias tiendas especializadas en numismática, filatelia y antigüedades. Sus responsables mantienen de lunes a viernes el espíritu del Cabildo. Monedas de cualquier exótico país o el billete más grande del mundo pueden encontrarse aquí. Y siempre, siempre, todo se mira con lupa y con honestidad, «cualquier cosa que proceda del expolio debe ser denunciado», dice un vendedor.


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