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Los primeros combates de la guerra en la Península Ibérica

Los nueve guardias de asalto muertos en la ‘batalla de la Telefónica’ inician prácticamente el recuento del medio millón de muertos de la contienda

27 ene 2018 / 20:35 h - Actualizado: 28 ene 2018 / 12:11 h.
"Guerra Civil Española","Memoria histórica"
  • Huellas de balas en el edificio de la Telefónica, el único vestigio de la batalla hoy día. / Txetxu Rubio
    Huellas de balas en el edificio de la Telefónica, el único vestigio de la batalla hoy día. / Txetxu Rubio

Tras el golpe de Estado en Melilla el 17 de julio de 1936, la guerra salta a la península al día siguiente, sobre todo en Sevilla (desde las dos de la tarde) y en Navarra.

¿Pudieron ser Ignacio Alonso y sus nueve guardias de asalto los primeros fallecidos de la guerra civil en la Península Ibérica? En círculos navarros sí dan este título al jefe de la Guardia Civil de Pamplona, José Rodríguez-Medel, asesinado por sus propios hombres en torno a las 20.00 horas –explica un documental de ETB– del 18 de julio. Sin embargo, la batalla de la Telefónica en Sevilla era ya historia a las siete.

Historiadores como Joaquín Gil Honduvilla, José María García Márquez, Juan Ortiz y Francisco Espinosa han reconstruido qué ocurrió en Sevilla el 18 de julio de 1936. Espinosa expone que el teniente Alonso fue «de los primeros en dar la cara con nombre y apellidos» para protagonizar la resistencia al franquismo, y que eso es más importante que la macabra carrera por haber sido el primero en caer.

Ortiz, en su libro Del golpe militar a la Guerra Civil, Sevilla 1936 cuenta casi todo lo que pasó en Sevilla y sitúa a Alonso entre los cuatro o cinco personajes identificados que pudieron morir los primeros en la Península y más o menos a la vez, puesto que ignora si perecieron en el acto o agonizaron.

En esta nómina están un falangista cordobés de apellido Herrero Sánchez, abatido sobre las tres de la tarde en esa ciudad; y otro falangista sevillano que acabó malherido, José Ignacio Benjumea Medina, quien se aventuró en un coche en la plaza Nueva en pleno tiroteo –se ignora quién le disparó–.

Además, en ese libro se narran al menos la muerte de 11 izquierdistas que en paralelo intentaron el asalto a la Maestranza y fueron repelidos con ametralladoras y de otros cuatro militantes de izquierda y un taxista tiroteados camino de la plaza Nueva en lo que hoy está rotulado como avenida de la Constitución.

El responsable alzado del asalto a la Telefónica por parte de la Infantería y la Caballería del Ejército en Sevilla, el comandante Núñez, no padeció ninguna baja, explica Gil Honduvilla.

En el relato que este (autor de Militares y sublevación, Sevilla 1936) y Ortiz hacen de la batalla de la Telefónica sitúan el final con la llegada de dos cañones de la artillería sublevada («todo fue muy rápido, un disparo acaba con la vida del teniente Alonso y con la resistencia: quien no muere huye, el desequilibrio de fuerzas era enorme», explica el militar historiador), que se emplazaron en la calle Granada para atacar el gobierno civil, entonces tras el hotel Inglaterra; y en el arquillo del Ayuntamiento, contra la Telefónica.

Cuando este disparó y acabó con el teniente Alonso acabó la resistencia de hasta 150 guardias de asalto que habían aguantado el pulso a los militares alzados por Queipo de Llano. También la defensa del Gobierno Civil y del Ayuntamiento, donde estaba el alcalde (Horacio Hermoso, Izquierda Republicana), que se retrasó al acabar el último pleno democrático, celebrado ese mismo sábado y que acabó a las 13.30 horas. Hermoso murió fusilado el 29 de septiembre.

La batalla, calcula Gil Honduvilla, comenzó en la plaza Nueva en torno a las cuatro o cinco de la tarde (Queipo de Llano necesitó detener al general jefe de la II División Orgánica, José Fernández de Villa-Abrille, renuente al golpe; organizar sus tropas, dar órdenes...) En cambio, Ortiz da a entender en su libro que sobre las tres de la tarde se oyeron los primeros disparos en la plaza capitular. El historiador militar apunta una hora de la tragedia de Alonso: las 18.15 horas. Para las diez de la noche tanto el cuartel de la Guardia de Asalto de la Alameda (actual comisaría) como Tablada estaban en manos de los sediciosos y la resistencia pasaba a los barrios obreros. Duró cinco días.

El resto es conocido: el presidente de la Diputación y diputados provinciales y nacionales, líderes sindicales, la corporación municipal, Blas Infante, el gobernador civil, los oficiales que se opusieron al golpe y por supuesto los mandos de la Guardia de Asalto que se rindieron... fueron todos ellos fusilados, junto con otros miles, y es posible que sus restos estén arrojados en la fosa común Pico Reja.


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