Menú
Crónicas dominicales

Miriam Echevarría: «Sevilla me ha tratado siempre muy bien, he sido una privilegiada»

Catedrática de Fisiología en la Universidad de Sevilla, investiga la conexión del agua con nuestro cuerpo. Antes estuvo en Nueva York, desde donde llegó a colaborar con un premio Nobel especialista en el mismo campo

24 jul 2022 / 06:58 h - Actualizado: 24 jul 2022 / 09:42 h.
"La Sed","Biología","Genética","Investigación","Espacio","Medicina","Biomedicina","Producción","Motor","WhatsApp","Moda","La Pasión","Formación","Universidad de Sevilla","Viajes","Entrevista","Financiación","Hospital Virgen del Rocío","Bicicleta","La Misión","Verano","Laboratorios","Crónicas dominicales","Alzheimer","Pilates","Obesidad","Agua"
  • Miriam Echevarría, catedrática de Fisiología de la US, posa junto a la sede del IBiS, donde dirige un laboratorio. / El Correo.
    Miriam Echevarría, catedrática de Fisiología de la US, posa junto a la sede del IBiS, donde dirige un laboratorio. / El Correo.

Hoy, mi crónica –o lo que sea este género periodístico híbrido que utilizo los domingos- se convierte en entrevista a una científica asentada en Sevilla. Miriam Echevarría Irusta nació en San Félix, una comunidad venezolana que conforma, junto a Puerto Ordaz, Ciudad Guayana, en el estado Bolívar, al Oriente de Venezuela. De padre vasco y madre cántabra, heredó de su padre la inquietud por viajar y saber y de su madre la constancia en el trabajo y cierto carácter rotundo que aparece de cuando en vez en sus palabras y contrasta con su sonrisa abierta y su cara expresiva. Su padre se fue a Venezuela a buscarse la vida, se llevó a su madre y allí nació Miriam, catedrática de Fisiología en el Departamento de Fisiología Médica y Biofísica de la Universidad de Sevilla, investigadora y directora de un laboratorio en el IBiS (Instituto de Biomedicina de la Universidad de Sevilla). Llegó y se estableció en Sevilla en 1996, procedente de Nueva York. En Manhattan había estado investigando durante seis años.

De Venezuela a Sevilla, pasando por EEUU

Su vida ha sido muy itinerante. Nace en una ciudad no muy grande donde estudia en un colegio privado “de élite”, para luego trasladarse a Caracas, donde se licencia y se doctora en Biología en la Universidad Simón Bolívar, logra una beca y se marcha a investigar a San Francisco (Estados Unidos). Seis meses después se traslada a Nueva York y seis años más tarde a Sevilla, ¿era usted una niña bien, de las que se podía permitir todo eso o sobre todo se lo ha currado?

Venía de un hogar humilde, hija de dos inmigrantes muy trabajadores, que tenían clara la importancia de la educación para sus hijos, y eso es lo que quisieron hacer, mandarnos al mejor colegio de la Ciudad (colegio Loyola Gumilla) para que de ahí fuéramos a la universidad. Lo consiguieron, sus cuatro hijos hicieron carrera, y somos lo que ellos nunca fueron: educados en un colegio relevante y graduados de la Universidad.

¿Qué experiencias más destacadas extrae de su vida ahora que está usted a punto de llegar a las 60 primaveras? Y perdone que diga su edad, pero sé que me deja.

El ejemplo de vida de mis padres es una de las cosas a las que más importancia le doy. El ser hija de inmigrantes hizo que el hogar familiar tuviera mucha importancia y nos unió para hacernos fuertes. El deseo de aspirar a ser alguien en la vida, fruto de la educación y del trabajo personal, nos lo inculcaron siempre mis padres. Trabajar fue siempre un gran valor, así como esforzarse, ser fuerte. Los logros en el estudio fueron desde niña mi mayor satisfacción y fuente de orgullo personal y familiar. Como fui a un colegio privado, mis compañeros siempre tenían mejores zapatos deportivos que yo, hacían viajes al extranjero en sus vacaciones, vivían en la zona rica de la ciudad (Puerto Ordaz). Yo en cambio viví siempre del otro lado del rio (San Felix), pero mi mayor orgullo era ser siempre la número 1 de mi clase. Esa sensación de poder que se siente, fruto del estudio y del trabajo, me ha acompañado toda la vida y ha sido mi motor y gran fuente de satisfacción.

Estudiar en la Universidad Simón Bolívar, una de las universidades más prestigiosas del país, fue muy importante. Estudié Biología allí, hice mi tesis para licenciarme en el IVIC, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Allí conocí al Dr. Guillermo Whittembury, quien luego sería mi director de tesis doctoral. Me trasladé a vivir en el Instituto y descubrí que quería ser investigadora, y algún día ser sabia como mi director. Estoy en ciencias en gran parte gracias a él, fue mi mentor, mi maestro y quien me inculcó la pasión por la investigación.

Ir a Estados Unidos fue una etapa fundamental en mi carrera. Pasé por excelentes laboratorios, primero en San Francisco, UCSF; y luego en la Universidad de Cornell, Columbia, y SUNY, en Nueva York. Allí me di cuenta de que hacer investigación no sólo era trabajar mucho y aprender técnicas, sino que también era un negocio, una profesión. Había que buscarse la vida, el dinero, el contacto, destacar, y darse a conocer. Y tuve la gran suerte de estar allí, cuando se descubrió la primera Acuaporina (AQP1), proteína que forma canales para el paso de agua a través de la membrana de nuestras células; y conocer personalmente a su descubridor, Peter Agree, (Nobel en Química en 2003), con quien colaboré tiempo después.

Tras seis años en EEUU, venir a Sevilla fue un gran reto. Vine por razones personales, pero teniendo muy presente mi desarrollo profesional. Sevilla me ha tratado siempre muy bien, he sido una privilegiada. Me recibieron profesionales de altísima calidad por la ciencia que hacían y por su generosidad personal y quisiera destacar en este punto a tres profesores de la Universidad de Sevilla: la Dra. Ana Ilundaín, catedrática de Fisiología de la Facultad de Farmacia y los Dres. José López Barneo y Juan José Toledo Aral, ambos catedráticos de Fisiología, compañeros actuales en el Departamento de Fisiología Médica y Biofísica de la Universidad de Sevilla. Siempre me han ayudado y facilitaron mi entrada a la universidad y el poder trabajar en las líneas de trabajo que traía conmigo. Aquí formé una familia, tuve mis dos hijos que me han llenado de amor y realidad emocional; y luché por tener un laboratorio, que dirijo desde hace varios años, y desde el cual he tenido la suerte de ayudar en su formación a muchos jóvenes listos y trabajadores, algunos de ellos hijos académicos que siempre estarán en mi corazón.

¿Notó mucho el cambio de pasar desde Manhattan a Sevilla? Normalmente lo que quieren los investigadores es irse de Sevilla a Manhattan.

Por supuesto, el cambio fue tremendo. Pero tenía por delante un gran reto, empezar a ser investigadora independiente y desarrollar mis propias ideas y líneas de investigación, y había que trabajar todavía más que en Manhattan. Debo decir que me recibieron con los brazos abiertos, la Dra. Ana Ilundáin puso a mi disposición todo el dinero de su proyecto internacional y me esperaba con dos estudiantes para dirigirles las tesis. Fuimos comprando y montando todo lo necesario para hacer técnicas de Biologia Molecular, que era preciso desarrollar en el laboratorio de la Dra. Ilundáin, y pidiendo y buscando en los laboratorios vecinos del Departamento de Bioquimica, Microbiología, Botánica, en la Facultad de Farmacia, y de Genética y Biología Celular en la Facultad de Biología. En ellos logramos todo lo que nos fue haciendo falta para trabajar. Al cabo de tres años, salieron las primeras publicaciones en revistas especializadas de reconocido prestigio internacional. Fueron años de arduo trabajo, salíamos del laboratorio a las 11-12 de la noche, pero lo conseguimos, y lo recordamos con gran satisfacción todos los que formamos parte de este comienzo en Sevilla.

¿Qué hace una mujer como usted en una ciudad como ésta desde el punto de vista laboral? En palabras de siempre, ¿cómo es un día laborable para usted? ¿Puede compaginar su trabajo con su familia?

Soy Catedrática de Fisiología en la Universidad de Sevilla e Investigadora responsable de mi laboratorio en el Instituto de Biomedicina de Sevilla. Si me toca dar clases, pues salgo rumbo a la Facultad de Medicina, doy mi clase y de ahí me voy al laboratorio en el IBiS. Siempre que puedo me muevo en bicicleta, la ciudad es perfecta para ello. En el Instituto, me meto en mi despacho y me siento en el ordenador donde me paso todo el día. Interrumpo para un par de cafés y, más tarde, para comer, me cambio de silla en mi despacho por aquello de cambiar de aire [ríe]. Salgo de vez en cuando al laboratorio para hablar con mis estudiantes y gente que trabaja conmigo y así intercambiar instrucciones, ideas y alguna cosa del día a día, y vuelvo a mi escritorio para seguir haciendo las múltiples tareas que tenemos que hacer por la docencia o el trabajo de investigación. Hago pilates, tres veces en semana, y camino si puedo con alguna amiga o sola, siempre que no tenga que ir al super o alguna de estas cosas de casa. Hago algo de cenar, contemplo un poco a mi hijo Juan, y por el Whatsapp hablo con mi otro hijo, Simón, que está en Madrid, y con mis hermanos que están en Venezuela. Veo algo la televisión para relajarme, charlo con Cristina, mi asistenta doméstica y amiga, y me voy a la cama a una hora prudente.

Miriam Echevarría: «Sevilla me ha tratado siempre muy bien, he sido una privilegiada»
Miriam Echevarría, científica venezolana con nacionalidad española que se asentó en Sevilla en 1996. / El Correo.

¿Quién conduce el agua por nuestros cuerpos?

Lleva usted casi toda su vida académica investigando una proteína, la acuaporina, que se encuentra en las células, ¿podría contar en un lenguaje asequible qué es una proteína y cuál es la misión de la acuaporina en nuestro cuerpo?

Pues una proteína es una sustancia o molécula fundamental en la constitución de las membranas de nuestras células, formada por aminoácidos que se unen unos tras otros formando una cadena. Cumplen múltiples funciones en nuestro cuerpo, además de estructural, sirven como catalizadores de muchas reacciones, como transportadoras de otras sustancias en nuestra sangre y a través de las propias membranas celulares. Llevan información, transportan nutrientes y gases como el oxígeno que reparten a todo nuestro organismo. Las acuaporinas son proteínas para el transporte de agua a través de nuestras membranas celulares. Forman como una especie de poro en la membrana por el que pasa preferencialmente el agua. Y esa es su función principal en nuestro cuerpo, permitir que el agua se mueva con facilidad dentro y fuera de nuestras células.

¿Por qué la presencia de la acuaporina es tan escasa en el cerebro o no existe? ¿Nuestro cerebro no necesita agua? De hecho, parece que es al contrario, ahí está la hidrocefalia como enfermedad.

Las acuaporinas sí están en el cerebro, y de hecho hay una acuaporina, la número 4 (AQP4), muy abundante en distintos tejidos cerebrales. Pero están fundamentalmente en un tipo particular de célula del cerebro, los astrocitos; y salvo raras excepciones no se localizan en las neuronas. Claro que esto es una descripción muy simplificada de la realidad, pero cierta. Absolutamente todas las células de nuestro cuerpo necesitan agua, y por ende nuestro cerebro, un órgano conformado por millones de células, necesita agua también. Pero el cerebro está metido en una caja ósea, el cráneo, que lo protege por su dureza frente a golpes, pero que restringe su posibilidad de expandirse en el caso de un traumatismo u otro tipo de lesión o alteración. La normal inflamación que en cualquier parte de nuestro cuerpo se produce tras una lesión, en el cerebro supone un grave problema porque físicamente el espacio está muy limitado y por tanto que las neuronas no tengan acuaporinas las protege un poco frente a desequilibrios del agua en su entorno, que tratarán de restablecer los astrocitos que sí las contienen.

Sin embargo, a su vez, tienen las acuaporinas un gran papel en la formación del líquido cefalorraquídeo. ¿Qué papel juega este líquido?

En el cerebro encontramos de hecho varios compartimentos con un alto contenido de agua: la sangre, el líquido cefalorraquídeo, el liquido que rodea las células del cerebro y el agua en el interior celular. Delimitando estos compartimentos tenemos membranas, barreras, que sí tienen acuaporinas, pero están muy perfectamente localizadas de forma muy estratégica para asegurar que el agua en el cerebro se mueva de forma controlada. La hidrocefalia, es justamente una patología que se asocia a alteraciones en el equilibrio del agua cerebral, concretamente desequilibrios bien en la producción, excreción o circulación del liquido cefalorraquídeo, que llevan a un aumento exagerado del mismo. El líquido cefalorraquídeo rodea nuestro cerebro, rellena el conducto de la medula espinal, y unos espacios intracerebrales llamados ventrículos. Tiene una importante función protectora y de amortiguación de golpes que pueda recibir nuestro cerebro, pero además hoy también sabemos que cumple importantes funciones nutritivas, metabólicas, de regulación y transmisión de información, además de función de eliminación de desechos del metabolismo cerebral. Las acuaporinas participan tanto en la producción como evacuación del líquido cefalorraquídeo, por lo cual su mal funcionamiento puede repercutir en una excesiva producción de este líquido o, al contrario, en un defecto en su salida desde el cerebro y por tanto un acúmulo patológico del mismo dando lugar a la hidrocefalia.

¿Cuál ha sido su contribución concreta al estudio de las acuaporinas?

Desde la tesis doctoral que defendí en 1990, ya propusimos la existencia de proteínas responsables del transporte de agua en las membranas de células del riñón. Pero el descubrimiento de la primera Acuaporina se hizo en el 1992, hace ya 30 años. Yo en 1994, identifiqué y aislé la tercera de estas proteínas, AQP3. Esta era una proteína de la misma familia pero describí que además de transportar agua, también servía para el transporte a través de la membrana de moléculas pequeñas sin carga eléctrica como la urea y el glicerol, dando lugar a la clasificación de la proteína como una acuagliceroporina. Estudié su funcionamiento, en qué células se encontraba, y su presencia en el riñón humano. Ya luego en Sevilla, he estudiado muchos aspectos de la biología de estas proteínas. Hemos evidenciado su presencia en el sistema digestivo e intestinal y su asociación a ciertos tumores de piel cómo el melanoma. También la regulación de la expresión de algunas de estas proteínas por el grado de hidratación del organismo y por los niveles de oxígeno de los tejidos donde se encuentran, además de otras cosas.

¿Cuál es su dedicación central en estos momentos como investigadora del IBiS?

Desde hace algo más de 10 años he empezado a entender el papel de las acuaporinas en el movimiento de líquido del cerebro, su contribución a la homeostásis del líquido cefalorraquídeo y la asociación de algunas de estas proteínas a patologías del sistema nervioso, como al edema cerebral, la hidrocefalia, enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, Parkinson y la iNPH, además de patologías desmielinizante como la NMO (neuromielitis óptica). En relación al sistema respiratorio, hemos asociado la acuaporina 1 con la fibrosis pulmonar idiopática y queremos entender la relación de alteraciones del gen de esta proteína con el desarrollo de la hipertensión pulmonar, tal como ha sido puesto en evidencia en pacientes de la unidad de gestión clínica de respiratorio del hospital Virgen del Rocío por la neumóloga Dra. Remedios Otero.

Por tanto, la financiación que recibo desde el Instituto de Salud Carlos III y desde la Junta de Andalucía y la Universidad de Sevilla, va orientada fundamentalmente a entender el papel que tienen estas proteínas en el cerebro y su asociación a patología del sistema nervioso, en un sentido amplio, y con especial interés en el desarrollo de hidrocefalia, bien del adulto o congénita. Es nuestro objetivo comprender la posible asociación a la etiología, el desarrollo de biomarcadores, y de terapias basadas en la modificación mediante fármacos o tratamientos de la función y expresión de estas proteínas que puedan repercutir en la mejoría de los pacientes afectados con estas patologías.

La importancia del agua y nuestros cuerpos

Todos sabemos que nuestros cuerpos están formados sobre todo por agua, pero, ¿por qué y en qué proporción?

Alrededor del 60% de nuestro cuerpo es agua. En un adulto joven de unos 70 Kg de peso, encontraremos unos 40 litros de agua, es decir casi 40 Kg de su peso es agua que se reparte entre el interior y el exterior de nuestras células. El agua entonces es el elemento mas abundante de nuestro cuerpo y es el solvente universal de los iones y moléculas que lo forman.

¿Por qué dicen los médicos que es tan importante beber mucha agua y ahora en verano más aún?

Pensemos en nuestro cuerpo como un cajón/compartimento en el que el nivel de agua debe mantenerse siempre constante para asegurar que todos los procesos que ocurren dentro se mantengan siempre funcionando bien y en equilibrio. Ese nivel de agua se mantiene constante porque las entradas de agua (bebidas y comidas) son iguales a las pérdidas (evaporación, respiración, transpiración, orina y heces), y funcionan mecanismos regulatorios, con participación de hormonas muchos de ellos, que despiertan la sensación de sed cuando necesitamos agua, o que evitan la pérdida de agua en forma de orina si la ingesta de agua está limitada. En verano, con las altas temperaturas, traspiramos más, y perdemos mucha agua en forma de sudor. Esta agua debe restituirse para mantener en equilibrio el agua corporal, haciendo que las perdidas de agua sean igual a las entradas de liquido a nuestro cuerpo, y por eso es tan importante tomar agua.

¿Por qué los niños y las personas mayores se pueden deshidratar sin darse cuenta?

Los niños deben aprender a conocer la sensación de la sed. Los padres deben enseñarles la importancia que tiene beber agua, porque los pequeños no conocen todavía los efectos de la deshidratación en su cuerpo. De pequeños no somos conscientes de que sensaciones como el mareo, la fatiga o la dificultad para hacer tareas pueden deberse a la falta de agua en nuestro organismo. En los mayores la deshidratación se da con más frecuencia porque tienen disminuida la respuesta a la sed. En su cuerpo no se activan de forma tan eficiente las alarmas que indican que necesitamos tomar agua para reponer nuestro equilibrio hídrico. Por otra parte, la reducción de sus capacidades para moverse por sí solos y alcanzar el agua, o la aparición de cierto grado de deterioro cognitivo dificulta también reconocer la necesidad de beber.

¿Qué efectos negativos para la salud conllevan los defectos que puedan tener las proteínas que usted estudia?

Muchas enfermedades se han asociado con el mal funcionamiento o inadecuada expresión de las acuaporinas y por ende del manejo de agua corporal. La lista es muy larga, desde ceguera por cataratas, edema pulmonar y cerebral, diabetes insípida nefrogénica, asma, bronquitis, síndrome de Sjögrens, hipertensión pulmonar, obesidad, neuromielitis óptica, hidrocefalia y en muchos tipos de cancer, como melanomas, adenocarcinomas de pulmón, mesoteliomas, tumores gástricos, por nombrar algunos...

Mujeres, hombres, investigación, financiación

Pregunta obligada y de moda: en el Instituto de Biomedicina de la Universidad de Sevilla (IBiS) creo que hay pocas mujeres, ¿cuántas jefas de laboratorio, por ejemplo, y cuántos jefes de laboratorio?. Esa diferencia por qué, ¿son ustedes, las mujeres, más torpes que los hombres o es lo de siempre, el discurso feminista?

Ni somos mas torpes, ni es el discurso feminista de siempre. Creo que esa realidad refleja una situación que está cambiando, y que viene de atrás fomentada por hombres y mujeres. Estar en posiciones de poder es deseado por todos, pero tradicionalmente ha estado en manos de los hombres, y cuesta ceder los privilegios que el poder confiere. Pero el poder trae consigo también muchas complejidades y sacrificio de valores personales y familiares que la mujer o bastantes mujeres siempre han tenido claro que no van a sacrificar. Creo que hombre y mujer somos diferentes, cada quien tiene su papel y yo no quiero hacer el de nadie. Yo estoy orgullosa de ser mujer y quiero ser respetada y valorada por mis ideas, mi conocimiento y valor como ser humano, y si tengo razón que se haga valer, y cuando no la tenga, que venza el mejor, hombre o mujer. En el IBiS hay unas 8 mujeres IR, es decir, Investigadoras Responsables, jefas de laboratorio, por 34 hombres.

Por último, ¿es usted de las que cree que no debería gastarse el 2% en armamento y dedicarlo todo o parte a la investigación en España?

Yo no se cuánto debería gastarse el país en armamento. Lo que sí sé es que necesitamos mas presupuesto en investigación. Una apuesta seria por la ciencia y por la carrera investigadora, que sea reconocida, pagada y valorada al nivel que se merece, que es bastante superior al que se le da actualmente por los gobiernos.


Qué hacer en verano en Sevilla y provincia Empleo en Sevilla Más seguros Edictos