martes, 29 septiembre 2020
17:13
, última actualización

¿Qué pasa con Cernuda?

La reciente colocación del monumento a Antonio Machado junto al palacio de las Dueñas trae al recuerdo el proyecto escultórico que hace más de 20 años se ideó para honrar al autor de ‘Ocnos’

20 dic 2015 / 18:37 h - Actualizado: 21 dic 2015 / 16:19 h.
"Literatura","Patrimonio","Antonio Machado","Luis Cernuda"
  • El escultor, con un busto de su proyecto para Sevilla y otro del que se colocó en seis pueblos de la provincia. / Juan Ramón Carneros
    El escultor, con un busto de su proyecto para Sevilla y otro del que se colocó en seis pueblos de la provincia. / Juan Ramón Carneros
  • El taller de Miguel García Delgado en 1993, con los bocetos que el autor realizó para el monumento a Cernuda, fotografiado por Atín Aya.
    El taller de Miguel García Delgado en 1993, con los bocetos que el autor realizó para el monumento a Cernuda, fotografiado por Atín Aya.

¿Y Cernuda, para cuándo? La reciente colocación en la plaza de la entrada del Palacio de las Dueñas del grupo escultórico que Julio López Hernández realizó para homenajear a Antonio Machado vuelve a poner de actualidad la evidente ausencia de un monumento que recuerde a Luis Cernuda en la ciudad en la que nació. Porque además, la historia del hito que honra a Machado tiene un origen similar a aquel otro proyecto que a punto estuvo de otorgarle, por fin, su lugar a Cernuda en la ciudad. Por partes.

El proyecto para realizar y colocar la escultura de Machado nació al mismo tiempo que el que pretendía crear un monumento sobre el autor de Ocnos. La idea, las dos ideas, surgieron en aquellos años desatados que rodearon la Expo del 92. La escultura de Cernuda se le encargó a Miguel García Delgado, que trabajó largamente en el proyecto sabiendo dónde se ubicaría: en la recoleta plaza de Molviedro. Y a ese espacio, «íntimo y sorpresivo», se adaptó el autor, que describe más de 20 años después su proyecto y cómo acabó por no encontrar su sitio.

Según lo rememora García Delgado, se trataba de «una reflexión sobre el hecho literario. Una escultura en sí misma no tiene una temporalidad, es un golpe de visión, no como un libro». Un Cernuda mayor, rondando los 60 años, se ubicaba en un balcón y miraba la plaza, en la que paseaba un joven desnudo, imaginado como «una evocación hacia la Generación del 27, que promovía la libertad».

Y todo empezó a torcerse, aunque nadie explicara los motivos en voz alta. «Había ingenuidad ante ese miedo de que quedara tan evidente la homosexualidad de Cernuda», explica ahora el autor, que apunta también la posibilidad de que determinadas personas «temieran una barbaridad a lo Almodóvar de un escultor joven». El caso es que se sustituyó el desnudo por un pedestal hueco, aunque «que desapareciera la figura del caminante no era un gran destrozo», explica García Delgado. «Me interesaba más la otra parte: el hecho de ese juego que hacía la figura. Eso crea un juego visual. Eso me interesaba: la integración de la ciudad y el espectador como el tiempo literario que yo no puedo expresar».

Pero el daño estaba hecho.

Además, Jesús Aguirre, impulsor de la idea, dejó de ser comisario de Sevilla en la Expo en 1991 –lo destituyó Alejandro Rojas Marcos, que designó a Ignacio Montaño como su sustituto– y el proyecto, poco a poco, languideció hasta quedar en poco más que un recuerdo.

El escultor asume que «en 20 años, las cosas han cambiado muchísimo», pero mantiene su opinión sobre Machado y Cernuda. «Son personajes de peso y hondura, esencialmente ejemplares, como santos de la ciudadanía y el sentido civil», cuenta. Al escultor, autor del monumento a doña María de las Mercedes, la abuela del rey, que está ubicada en la puerta de la Real Maestranza, le gusta hacer un par de puntualizaciones: una, que no se siente «capacitado para decidir» quiénes merecen un monumento en la calle y quiénes no. Y dos, que en cualquier obra es importante realizar un buen trabajo. «A lo mejor toda la polémica es un problema de ubicación más idónea, y sobre todo de buenas esculturas», apunta, y explica que, «afortunadamente», las manifestaciones públicas siempre van a generar controversia.

De vuelta a Cernuda, la realidad es que el poeta no sale muy bien parado en la Sevilla de hoy. Tampoco queda más que el recuerdo del proyecto que en su día ideó el arquitecto Antonio Barrionuevo para transformar la casa natal de Cernuda, en la calle Acetres, en una casa museo. Lo único que queda en el inmueble es un azulejo informativo y los carteles que anuncian que el edificio está en venta.

En todo caso, Miguel García Delgado no ha olvidado a Cernuda. De hecho, esculpió seis bustos del poeta que, encargados por la Diputación provincial, ocupan un lugar en seis pueblos de la provincia. Y sigue pensando en alguna otra posible ubicación de un nuevo monumento a Cernuda. Por si acaso.


Consultorio financiero en El Correo de Andalucía Marcaje al Empresario en El Correo de Andalucía Edictos en El Correo de Andalucía
Todos los vídeos de Semana Santa 2016